Rubén Moreno ejerce como masajista en su local de la calle Tajonar, en Pamplona, desde hace ocho años. Su trabajo es físico, exigente, constante. Desde 2022, lo realiza con una hernia discal. “Trabajo de pie y sentado a ratos, pero no puedo coger peso. Aun así, sigo. ¿Cómo voy a dejar el negocio?”, se pregunta.

“Tengo una situación muy difícil. Si paro, no ingreso. Y si no ingreso, no puedo pagar”. Su realidad, explica, es la de muchos autónomos que continúan trabajando pese al dolor o la enfermedad porque cerrar supone asumir pérdidas inmediatas.

Rubén denuncia la presión económica que soporta mes a mes. “Hace falta más ayudas del Gobierno y menos sablazos. No llegamos a pagar todo. Si ganas 1.200 euros, te quedas con cien. ¿Con eso vives?”. La irregularidad de los ingresos complica todavía más la situación: “Cada mes es diferente y no llego. La gente piensa que los autónomos ganamos mucho, pero nos quitan una barbaridad. Trabajamos para pagar”.

La pandemia marcó un antes y un después. “La he pasado sin ayudas y muy fastidiado. Todavía sigo pagando cosas de aquella época. Voy tirando como puedo”, relata.

Paradójicamente, su trayectoria profesional ha sido reconocida. Ha recibido dos premios como una de las mejores pequeñas y medianas empresas de Navarra y de España. “Fue la foto y ya. Económicamente no me dieron nada”, lamenta. Próximamente representará a España en el Campeonato de Europa de masajistas en París, pero incluso ese logro conlleva incertidumbre. “Necesito ayudas. No vale solo con premios y reconocimientos”.

“Llevo quince años como autónoma y no ha habido avances”

Cristina Del Pozo. Diario de Noticias

Cristina del Pozo, responsable de Feldenkrais Pamplona y profesora de danza y movimiento consciente, lleva desde 2011 como autónoma. Para poder sostener su actividad, imparte clases en diferentes escuelas. “Es la única manera de poder hacer algo”, explica.

Cada mes, la rutina se repite. “Hay que pasar las facturas y no es fácil. Luego pagar la cuota y todos los gastos que tienes. No da para mucho la vida así”. La estabilidad económica, asegura, es frágil y depende de que no falle nada: ni alumnos, ni salud, ni imprevistos.

Como otros profesionales por cuenta propia, denuncia el peso de las cotizaciones. “Las cuotas son muy altas y no hay ayudas”. Y cuando surge un problema de salud, la situación se complica todavía más. “No tienes sustitutos, no puedes cerrar y tienes que seguir hacia adelante como sea. No hay otra manera”.

Tras más de una década como autónoma, su balance es agridulce. “En todo este tiempo apenas ha habido mejoras. No se nota. Estamos luchando, pero no ha habido grandes cambios”.