Castillos recuperados, festivales musicales, espacios de memoria, alta cocina en miniatura, naturaleza y unas fiestas capaces de enamorar a cualquiera. Miranda de Ebro reivindica su esencia como una ciudad abierta, acogedora, cultural y orgullosa de una historia que conecta pasado, presente y futuro.
Miranda de Ebro es de esas ciudades que muchos conocen de pasada, quizá desde la ventanilla de un tren o por el nombre de su estación, pero que sorprenden de verdad cuando uno decide detenerse. Entre Castilla y León, La Rioja y Euskadi, la ciudad ha crecido históricamente como un cruce de caminos, abierta al viajero, al comercio y a la mezcla de culturas. Y precisamente esa condición fronteriza y acogedora es la que define buena parte de su carácter actual.
En la conversación mantenida con la alcaldesa, Aitana Hernando, y el concejal de Cultura, Turismo, Rehabilitación y Patrimonio Histórico, Carlos Diez, Miranda de Ebro aparece como una ciudad que combina memoria, patrimonio, naturaleza y una intensa vida cultural. Una localidad que ha sabido transformar su pasado ferroviario e industrial en una identidad propia, orgullosa de sus raíces, pero también muy viva y dinámica.
Una vida unida al ferrocarril
El río Ebro y el ferrocarril son, según explica Carlos Diez, que además es historiador, los dos grandes ejes sobre los que se ha construido la localidad burgalesa. Este caudal no solo divide a la ciudad entre Aquende y Allende; también la une. Durante siglos fue el corazón económico y social de la villa. El puente sobre el río convirtió a Miranda de Ebro en un punto estratégico de paso y crecimiento.
“Tanto el río Ebro como el ferrocarril son puntos claves y las arterias principales sobre las que se desarrolla la ciudad, con ellos nos llega el progreso, nos llega la riqueza, una economía floreciente y han sido la base en la que este cruce de caminos en el que nos asentamos es fundamental”, detalla Carlos Diez.
Pero este enclave no es únicamente industria y comunicaciones. También es naturaleza y calma. Aitana Hernando habla con especial emoción de lugares como San Juan del Monte, La Picota o el Jardín Botánico. “Yo tengo que decirte que, como ciudadana, para mí las mejores vistas, las más espectaculares, las más bonitas y las que más te pueden impresionar son las de San Juan del Monte”, enfatiza orgullosa Aitana Hernando.
El castillo y el cerro de La Picota representan además uno de los grandes ejemplos de recuperación patrimonial de la ciudad. Durante décadas, aquel castillo fue casi un recuerdo olvidado. Sin embargo, las excavaciones arqueológicas permitieron descubrir restos de enorme valor histórico. Hoy, todo el conjunto se ha convertido en una visita imprescindible para todo aquel que decide pasar aquí unos días.
La cultura como forma de vida Y no hay mejor ejemplo de ello que el Teatro Apolo, donde tuvo lugar esta entrevista y que es una auténtica joya arquitectónica y en cuyo escenario se puede disfrutar de una programación estable todo el año.
“Viene mucha gente de otras ciudades a ver obras de teatro, espectáculos de danza, de humor, porque tenemos una programación estable durante todo el año. Este teatro rehabilitado nos permite obtener y traer a nuestra ciudad obras de primer nivel, seguramente a precios más asequibles que en otras ciudades”, detalla la propia alcaldesa, que, además, insiste en que incluso quien no acuda a una función debería entrar a contemplarlo, porque el edificio en sí mismo bien merece la visita.
Un ritmo cultural que no podía entenderse tampoco sin festivales musicales como el Ebrovisión, el Jazztival o el Miranda Urban Festival.
Otro de los grandes valores de la ciudad es su memoria histórica. Miranda de Ebro tiene el triste honor de haber albergado el último campo de concentración que se cerró en el Estado y hoy, ese espacio se ha transformado en un lugar de reflexión y recuerdo. El Jardín de la Memoria, el Centro de Interpretación y los restos conservados buscan mantener viva la memoria de quienes sufrieron allí la represión. “Conocer esa parte de la historia resulta fundamental no solo para entender el pasado, sino también para evitar que vuelva a repetirse”, comenta Carlos Diez.
Saboreando Miranda de Ebro
Y como dicen que también se viaja comiendo, la gastronomía ocupa un lugar protagonista en este recorrido descubriendo los secretos de la ciudad burgalesa. Aitana Hernando reivindica con orgullo las tapas, la calidad de la restauración local y productos tan emblemáticos como el tomate de Miranda o las delgadillas. A ello se suma una tradición hostelera consolidada, con restaurantes históricos como La Vasca, que cumple 100 años, y propuestas gastronómicas reconocidas incluso con estrella Michelin.
Todo ello acompañado por productos propios como el txakolí mirandés, los vinos de El Ternero, el café Gometero o las galletas Coral, que son memoria colectiva de muchos mirandeses. Y si hay algo que especialmente les emociona son fiestas de San Juan del Monte; toda una explosión colectiva de música, color y hermandad.
Consulta aquí la entrevista íntegra
Miranda de Ebro: una ciudad hecha de encuentros entre territorios, entre historia y modernidad, entre naturaleza y cultura, entre memoria y futuro. Un lugar que muchos descubren por casualidad y que, sin embargo, deja huella en quien decide quedarse un poco más para conocerla y sentirla.