Iñigo Lorente: “No me veo trabajando en una fábrica y he continuado con los cerezos de mi padre en Milagro”
A sus 27 años, continúa con la explotación de cereza, pera y hortalizas en Milagro, un oficio duro, pero que le da libertad
Iñigo Lorente Aguirre, de 27 años y vecino de Milagro, decidió incorporarse al sector agrario por una necesidad familiar. Los problemas de salud de su padre, Óscar Lorente, obligaron a plantear el futuro de la explotación y la familia tuvo que elegir entre vender o continuar con la actividad. “No tuve demasiadas dudas. Tras varios años trabajando en la explotación, decidí dar un paso más, hacer el curso de incorporación de INTIA y solicitar las ayudas de primera instalación. Tal y como está el sector hoy en día, las ayudas del Gobierno de Navarra vienen muy bien”, reconoce.
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La explotación familiar está especializada principalmente en cereza, aunque también producen pera y distintas verduras y hortalizas. El cultivo estrella son las 13 hectáreas de cerezo que trabajan bajo la marca colectiva Cereza de Milagro, amparada por Reyno Gourmet y con sello de calidad. “Llevamos ya varios años impulsando el cultivo de la cereza y dando a conocer más la marca”.
La relación de la familia con el sector primario viene de lejos. Sus abuelos eran ganaderos y, posteriormente, su padre dejó la ganadería para dedicarse a la agricultura. “Después de todo lo que ha trabajado mi padre y todo lo que ha conseguido, yo tenía claro que quería seguir con el negocio”. Aunque oficialmente cogió el relevo hace cinco años, fue hace dos cuando formalizó su incorporación a través del curso y las ayudas.
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Antes de dedicarse plenamente al campo, Lorente trabajó en otros sectores, como la construcción. “Yo dejé de estudiar y me fui a trabajar fuera, pero luego empecé en el campo y hasta hoy”, relata. Aunque reconoce que se trata de un trabajo exigente, asegura que también tiene aspectos positivos que compensan el esfuerzo. “Es muy esclavo en temporadas, porque trabajamos prácticamente de sol a sol y de lunes a domingo, pero también te da una libertad que otros empleos no tienen”, remarca.
Trabaja en solitario durante buena parte del año, aunque en campañas como la de la cereza, la pera o las verduras llegan a contratar hasta 40 personas. Además de las 13 hectáreas de cereza, gestionan 5,5 hectáreas de pera y entre 15 y 20 hectáreas dedicadas a distintas hortalizas.
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Lorente considera que el sector atraviesa un momento complicado, especialmente por la burocracia y la dependencia de la climatología. “Cada vez está más difícil”, admite. Aun así, anima a otras personas jóvenes a continuar con las explotaciones familiares. “Cada vez hay menos relevo porque mucha gente busca la comodidad de una fábrica, un horario fijo o una nómina estable. Yo no valgo para eso. He crecido en el campo, es algo bonito, familiar y quería seguir”, asegura.
Sobre la formación recibida en INTIA, destaca tanto el aprendizaje técnico como el acompañamiento recibido. “Hemos aprendido cosas que nos vienen muy bien para el día a día y para hacer rentable el negocio”, afirma. También agradece “la paciencia de los profesores” y considera que a partir de ahora seguirán trabajando “de la mano” con el equipo técnico de la entidad.
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