La selección del pacífico terminó yéndose a casa tras un partido tenso en el que consiguieron forzar las jugadas hasta el área contraria, donde los defensas egipcios esperaban con ansias a los atacantes australianos sabiendo que finalmente el guardameta podría hacerse con la pelota para rehacer sus oportunidades contra la portería de Patrick Beach.
Al comienzo de la segunda parte, un desafortunado golpe en la cabeza al defensa Mohamed Hany interrumpió el juego durante unos instantes, temiendo que fuera una lesión.
No obstante, cuando consiguieron reanudar el partido, pasaron pocos minutos hasta que Australia volvió a tener otras oportunidades, aunque el gol australiano vino de un saque cerca del área contraria, que terminó en un fallo de los africanos al marcar en propia puerta el defensa Mohamed Hany, el mismo que parecía haberse lesionado unos minutos antes.
Para el resto del encuentro no pareció que los australianos supiesen terminar los ataques, seguramente a causa del muro que suponía cada defensa del conjunto de la tierra del Nilo.
A pesar de tener más del doble de los remates, esos primeros 90 minutos de partido, los egipcios tuvieron la delantera en cuanto a precisión, pero sin duda, si se premiasen las ganas, Australia mostró más intensidad en Texas.
Desafortunadamente para los australianos, en la competición de los mejores del mundo no se perdona ningún fallo, y eso es precisamente lo que les mandó a casa. Dos fallos en la tanda de penaltis. Después de una prórroga en la que ningún equipo llegó a adueñarse del partido, fueron los que condenaron a los ‘Socceroos’, que tuvieron que enfrentarse a un egipto que no falló un solo penalti.
Egipcios y australianos, ante la ocasión de sus vidas, ofrecieron un pálido espectáculo, compartieron errores y se jugaron el pase en una tanda de penaltis que premió al equipo que más lo buscó, con Mohamed Salah a la cabeza, capaz de jugarse su lanzamiento a lo Panenka cuando más presión tenía. Y eso que, mermado físicamente, con una dolencia en los isquiotibiales de la que se ha tenido que recuperar a contra reloj, Salah intimidó más que jugó durante muchos minutos, pero cuando se activó sembró el pánico.
Lo hizo con cuentagotas y, sobre todo, a partir del minuto 90, con dos asistencias que a punto estuvieron de acabar en gol antes de la prórroga y con un disparo alto nada más comenzar ésta y un eslalon en el área que reanimaron al equipo árabe.
Y eso que Egipto pareció no necesitar a su estrella en el tramo inicial, porque Australia le entregó la posesión y algunos despistes defensivos que pudieron costarle caro.
Con una defensa demasiado cándida, a los australianos no les sirvió con situar cinco al fondo y adelantar su zaga, dieron tantas facilidades a su espalda que Egipto pudo lograr antes de la media hora una cómoda ventaja.