El consejero de Industria y de Transición Ecológica y Digital Empresarial del Gobierno de Navarra, Mikel Irujo, abrió el Foro Hiria situando al cooperativismo en el centro de la estrategia industrial de la Comunidad Foral. “El cooperativismo es clave del desarrollo industrial de Navarra”, afirmó, no solo por el peso de sus cifras sino por el modelo que representa: un crecimiento asentado en valores, arraigo territorial y capacidad de adaptación.
Irujo defendió que el sector ha demostrado “de manera sobrada” durante décadas que es posible desarrollar industria competitiva desde una lógica en la que la persona prevalece sobre el capital. En Navarra operan actualmente más de 1.500 cooperativas, un 49% más que en 2019, un avance que, a su juicio, refleja la consolidación de un ecosistema productivo dinámico y en expansión.
Para contextualizar esa evolución, el consejero recurrió a una referencia histórica: en 1972, último año en que el ser humano pisó la luna, nacían también proyectos industriales en Navarra como Embega. Desde entonces, señaló, el entorno económico y tecnológico ha cambiado de forma radical y el tejido cooperativo ha sabido acompasar esa transformación. En los últimos años —marcados por la pandemia, la transición energética y la irrupción del vehículo eléctrico— el sector ha vuelto a evidenciar resiliencia y capacidad de anticipación.
El consejero enfatizó que este modelo genera empleo estable en toda la Comunidad Foral y subrayó que “hablar de estas cooperativas es hablar de empleo de calidad en la Zona Media, en la Ribera, en Sakana, en Iruñerria o en Tierra Estella; es hablar de entidades que llevan más de medio siglo operando como líderes europeos en la fabricación de componentes para automoción e industria”. No se trata, remarcó, de experiencias aisladas, sino de “referentes de primer nivel, que compiten en mercados exigentes, que exportan, que innovan, que generan empleo de calidad y que, además, lo hacen desde la lógica de la Economía Social”, citando casos como Tafalla Iron Foundry, Mapsa o Embega.
Irujo incidió en que el cooperativismo se sustenta en principios compartidos. “La diversidad de entidades y proyectos, presentes en todos los sectores, comparten una identidad sólida configurada en torno a valores como la primacía de las personas y del objeto social frente al capital, la gobernanza democrática y la reinversión mayoritaria de los beneficios para objetivos de desarrollo sostenible o de interés general”, afirmó. A ello añadió la dimensión territorial como rasgo diferencial: “Son iniciativas fuertemente comprometidas con el desarrollo económico y social del lugar en el que operan”.
Apoyo institucional
El consejero repasó el respaldo público que ha acompañado esta evolución. Recordó que “el sector de la economía social en Navarra está representado por más de 1.250 entidades, que generan cerca de 23.000 puestos de trabajo, el 12,5% del total”. Destacó el papel de los planes estratégicos consecutivos de Economía Social —2017-2020, 2021-2024 y 2025-2028, actualmente en vigor— como instrumentos de estabilidad y planificación a medio plazo. Asimismo, señaló que el anteproyecto de Ley Foral de Industria incorpora la economía social dentro del título dedicado a los valores empresariales, dotando de “solidez y estabilidad política” a este marco de actuación.
Irujo reconoció también la función de Asociación Navarra de Empresas Laborales y de Economía Social (ANEL) como agente vertebrador del sector. “ANEL no solo agrupa y representa; hace posible que las oportunidades se transformen en hechos concretos”, afirmó, aludiendo a iniciativas como el impulso al liderazgo juvenil, la mejora de la gestión empresarial o la consolidación de espacios de diálogo público-privado. Según señaló, su labor facilita la profesionalización, la innovación y la proyección de proyectos en ámbitos que van desde la industria manufacturera hasta la agroalimentación o la tecnología.
A lo largo de su intervención, el consejero puso el acento en la combinación de competitividad y sostenibilidad que define al cooperativismo industrial navarro: empresas que operan en mercados globales, exportan y mantienen estándares elevados de calidad sin renunciar a la reinversión y al impacto social. Ese equilibrio, sostuvo, permite sostener un tejido productivo sólido, con implantación territorial y capacidad de respuesta ante desafíos como la descarbonización o la digitalización.
La intervención concluyó con una reivindicación del cooperativismo industrial como referente europeo en la articulación de innovación, empleo y cohesión social, y con la apelación a mantener políticas públicas coherentes que acompañen su crecimiento y refuercen su proyección de futuro.