En Navarra, el cooperativismo se ha consolidado como un modelo empresarial clave que combina participación de los trabajadores con estabilidad y arraigo territorial. Presente en prácticamente todos los sectores productivos, desde la industria hasta la agroalimentación, este sistema ha pasado de ser una fórmula asociada a tradiciones locales a convertirse en un elemento estructural de la economía regional. Su valor no se limita a generar empleo: también refuerza la cohesión social, impulsa la innovación y aporta sostenibilidad a largo plazo.

El informe «Situación del Cooperativismo en España en 2023», elaborado por la Confederación Española de Cooperativas de Trabajo Asociado (COCETA), confirma esa fortaleza. Navarra se sitúa entre las regiones con mayor creación de cooperativas de trabajo asociado del Estado y mantiene una evolución sostenida desde hace más de una década. Entre 2014 y 2018 el crecimiento fue especialmente intenso y, desde entonces, la Comunidad Foral ha registrado una media superior a 90 nuevas cooperativas constituidas cada año.

Los datos comparativos refuerzan la singularidad del caso navarro. El 3,68% de las cooperativas españolas tienen su origen en la Comunidad Foral, frente al 1,28% de las empresas tradicionales. En términos relativos, el peso del cooperativismo triplica la media estatal, un indicador que refleja la profundidad de este modelo en la estructura económica regional.

Una comunidad industrial con base cooperativa Navarra es una comunidad profundamente industrial. Más del 30% de su Producto Interior Bruto está vinculado a este sector, una proporción que supera ampliamente la media europea. En ese contexto, el cooperativismo industrial ha logrado consolidarse en sectores estratégicos como la automoción, el metal, la agroalimentación o la energía, donde participa activamente en la producción, la innovación tecnológica y la exportación.

Lejos de ser una estructura secundaria, las cooperativas forman parte de la cadena de valor industrial de la región, combinando su presencia en mercados internacionales con un compromiso firme con el empleo y el territorio. En un contexto de transformación digital y transición energética, estas empresas afrontan el desafío de posicionarse como motores de la industria del futuro, integrando competitividad, sostenibilidad y participación de los trabajadores en el desarrollo económico de Navarra.

Empleo estable y arraigo territorial

La dimensión económica del modelo se mide también en su capacidad para sostener empleo. En los últimos veinte años, más de cien empresas tradicionales en Navarra se han transformado en cooperativas para evitar su cierre. El resultado ha sido el mantenimiento de más de 4.000 puestos de trabajo y la continuidad del 97% de esas empresas.

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Frente a dinámicas de deslocalización o decisiones empresariales tomadas lejos del territorio, el cooperativismo vincula propiedad y trabajo a la realidad local. Su estructura interna reduce la volatilidad estratégica y refuerza la estabilidad a largo plazo.

Navarra cuenta hoy con más de 1.500 cooperativas activas, integradas en el día a día económico y social de la Comunidad. En el ámbito agroalimentario, generan 2.600 millones de euros de facturación —el 10% del PIB foral—, agrupan al 87% de los productores y sostienen más de 3.000 empleos directos.

Más allá de las cifras, el cooperativismo navarro representa un modelo empresarial que combina competitividad internacional con compromiso territorial. Una estructura que integra innovación y sostenibilidad y que, en un contexto de incertidumbre global, sitúa a las personas en el centro de la actividad económica.