La segunda mesa del Foro Hiria puso voz a las historias de quienes se habían visto obligados a abandonar sus países para comenzar de nuevo en Navarra. La conversación reunió a Luz Esther Núñez, procedente de Barranquilla (Colombia); Medjdoub Bouchana, llegado desde Argelia, y María Susy Talaverano Zapata, natural de Lima (Perú). A través de sus testimonios, los tres participantes compartieron las razones que les llevaron a emigrar, las dificultades de los primeros meses y la importancia que tuvieron las redes de acogida y el proceso de regularización para reconstruir sus vidas.
La periodista peruana María Susy Talaverano explicó que había abandonado su país por la crisis política y la inseguridad ciudadana. “Teníamos trabajo, un negocio familiar, nuestras amistades y nuestras raíces, pero tuvimos que escapar para asegurar nuestra vida y la de nuestros hijos”, relató. Las amenazas, las extorsiones y la violencia que afectaban a su entorno provocaron que la familia se dispersara y que ella emprendiera el viaje junto a sus hijos.
Su llegada a Navarra estuvo marcada por la incertidumbre, aunque contó con el apoyo de un familiar y, posteriormente, con la ayuda de distintas entidades. "Los tres primeros meses fueron muy duros. Tuvimos que tocar muchas puertas, pero Cruz Roja nos acogió y me hizo sentirme menos sola en este proceso", recordó. Reconoció que, pese a compartir idioma, también sufrió un choque cultural y confesó que se había sentido "abrumada" durante buena parte del camino.
Talaverano destacó la importancia que tuvo para ella el anuncio de la regularización. "El día que me enteré de que se iba a poder regularizar nuestra situación, mi vida cambió. Para todos nosotros fue un triunfo", afirmó. Explicó que hasta entonces vivía con la preocupación permanente por sus hijos menores y por la posibilidad de ser devuelta a Perú. "Pasaba noches sin dormir y todavía arrastro un cuadro depresivo por el miedo a que nuestras vidas puedan volver a correr peligro", señaló.
La periodista también denunció las dificultades para acceder a una vivienda. Aseguró que había sufrido rechazos por ser extranjera y que esa situación había minado su confianza. Aun así, reivindicó el deseo de muchas personas migrantes de contribuir a la sociedad. "Nosotros no queremos vivir de las ayudas, queremos aportar. El trabajo es parte de nuestra identidad y de la responsabilidad que queremos transmitir a nuestros hijos", sostuvo.
La peruana agradeció el apoyo recibido por parte de instituciones y ciudadanía navarra y aseguró que, tras regularizar su situación, había recuperado parte de la tranquilidad perdida. "Ahora me siento ciudadana. Quiero seguir aquí y pido que se siga mirando a quienes hemos llegado, porque tenemos mucho que compartir", indicó. También reclamó una mayor atención a la salud mental de las personas refugiadas y migrantes. "Por fuera mostramos una sonrisa, pero por dentro llevamos una carga muy grande", advirtió.
Desde Barranquilla llegó tres años atrás Luz Esther Núñez junto a su marido y sus dos hijos. La familia regentaba un negocio de telefonía móvil cuando comenzaron las amenazas. "Nos llegó una carta de extorsión y hasta nos mandaron una fotografía de mi hijo saliendo del colegio. Ahí supimos que nuestras vidas corrían peligro", relató.
La familia puso rumbo a Pamplona en junio de 2023. Los primeros días estuvieron marcados por la precariedad. Un familiar les ofreció refugio en la bajera de un bar, donde carecían incluso de un baño. "A los niños los bañábamos en un barril y pasamos días muy difíciles", recordó. Fue gracias a un compatriota al que conocieron en un locutorio como llegaron a Cruz Roja, donde comenzó una nueva etapa. "Lo que más miedo nos daba era que nos obligaran a volver, pero nos acogieron y poco a poco fuimos saliendo adelante", explicó.
Tras pasar por un hostal en Tudela, la familia consiguió instalarse en una habitación y empezar a reconstruir su vida. Núñez destacó que tanto ella como su marido han conseguido empleo y que eso les ha devuelto la esperanza. "Estamos muy felices porque venimos a trabajar y a sacar adelante a nuestros hijos. Son nuestro motor", afirmó.
La colombiana, visiblemente emocionada, valoró especialmente la regularización, que les permitía pensar en el futuro con mayor estabilidad. "Es una oportunidad maravillosa. Queremos demostrar que sabemos aprovecharla y que tenemos mucho que aportar", señaló. Actualmente, sigue residiendo en una vivienda compartida con otras trece personas y un solo baño, una situación que calificó de complicada, pero que no empañaba su agradecimiento. "Estoy enamorada de España y de Pamplona. Aquí siento que uno puede salir adelante", manifestó.
También reconoció las secuelas emocionales que ha dejado todo el proceso migratorio. "He sufrido mucho estrés, pero siempre he contado con el apoyo de la sociedad navarra", dijo. Aunque echa de menos a sus padres y a su Barranquilla natal, tiene claro dónde quiere construir el futuro. "Mi prioridad son mis hijos y aquí es donde puedo darles una vida mejor", aseguró.
La tercera intervención correspondió a Medjdoub Bouchana, originario de Argelia. Llegó también a España en 2023 junto a su mujer y sus cuatro hijos tras emprender una travesía en patera que todavía recordaba con angustia. "Cogí a los cuatro niños y estuvimos tres noches perdidos en el mar. Tenía miedo de morir", relató. Finalmente, fueron rescatados y trasladados primero a Cartagena y después a Tudela. La familia creció posteriormente con el nacimiento de una quinta hija en España.
Bouchana explicó que la decisión de abandonar Argelia estuvo motivada por los problemas que sufrían con la mafia. "En nuestro país teníamos trabajo y una casa, pero tuvimos que marcharnos", explicó. El migrante navarro de origen argelino destacó el papel desempeñado por Cruz Roja durante todo el proceso de acogida. "Para mí y para mis hijos, Cruz Roja fue nuestra segunda madre", afirmó.
Gracias al acompañamiento recibido, sus hijos pudieron escolarizarse, obtuvieron la tarjeta sanitaria y tanto él como su mujer comenzaron a aprender castellano. "Nos ayudaron con todo y pudimos encontrar una vivienda en Pamplona", recordó.
A diferencia de otras experiencias presentes en la mesa, la familia todavía espera completar su regularización. "Para mí los papeles son la vida", resumió. Pese a ello, se mostró confiado en que la documentación pendiente llegase. "No tengo miedo porque creo que tarde o temprano lo conseguiremos", afirmó.
Bouchana explicó que ni él ni su mujer habían percibido racismo y reconoció que la vida en España era complicada para una familia con cinco hijos. "En Argelia yo era taxista y mi mujer, farmacéutica. Solo queremos trabajar", aseguró. Incluso admitió que ellos regresarían a su país, pero tienen claro que deseaban que sus hijos permanecieran aquí para construir su futuro.
Las tres historias dibujaron un mismo hilo conductor: el desarraigo, la incertidumbre y el deseo de comenzar de nuevo. También evidenciaron la importancia de las redes de acogida y de la regularización para favorecer la integración. Y, sobre todo, pusieron rostro a una realidad compartida por miles de personas que, lejos de buscar únicamente ayuda, reivindican su voluntad de contribuir a la sociedad que les ha acogido.