Miguel vs. Miguel
Miguel Sola y Miguel Merino se medirán en los banquillos del derbi navarro entre Izarra y Osasuna Promesas. Ambos compartieron vestuario en una de las etapas más prolíficas de Osasuna. Zabalza, Rípodas y Castañeda recuerdan sus peripecias.
MIGUEL y Miguel. Uno ponía centros y el otro los remataba. Uno se encargaba de dar la asistencia al delantero. El otro se vaciaba en las ayudas defensivas sin descuidar las internadas por su banda. Durante cuatro temporadas -desde la 88-89 hasta la 91-92- Miguel Sola y Miguel Merino compartieron vestuario en Osasuna, en unos años inolvidables para el club, los de las últimas alegrías antes del fatídico descenso en la 93-94. El próximo domingo ambos se reencontrarán. No juntos y en el césped. Sí frente a frente, en los banquillos del Izarra y de Osasuna Promesas, que jugarán el último derbi navarro de la temporada en Segunda B. Será un Miguel contra Miguel.
Cuando Merino aterrizó en Pamplona, Sola ya llevaba tres campañas defendiendo la zamarra de Osasuna. Había llegado del Athletic de Bilbao, donde se alzó con dos Ligas, una Copa del Rey y una Supercopa de España. Chantreano de nacimiento, debutó con el club vizcaíno con 23 años en 1980. Tras el doblete de la 83-84, el número de minutos de Sola en las alineaciones de Javier Clemente descendió paulatinamente. Osasuna llamó a su puerta y él no lo dudó. "Era un futbolista contrastado, con mucho estatus, que trajo a Osasuna el poso de los jugadores que han sido campeones.", señala Patxi Rípodas, compañero del chantreano por aquel entonces.
Los orígenes de Miguel Merino son diametralmente distintos. El actual técnico del Promesas, criado en el Moscardó madrileño, llamó la atención de Osasuna durante su etapa en el Leganés de Segunda B. Era 1988. En principio su sitio estaba en el filial rojillo, pero cuajó una excelente pretemporada que le llevó a ganarse la confianza de Pedro Mari Zabalza. "Tenía unas grandes cualidades. Le hice debutar en el Santiago Bernabéu y no defraudó, porque incluso marcó un gol en un estadio tan imponente como ese", recuerda el entonces entrenador de Osasuna.
Ahí surgió la relación futbolística de ambos en el seno de Osasuna. El equipo navarro cuajó unas excelentes campañas. Ziganda, Urban, Bustingorri o Ibáñez fueron algunos de los nombres entre los que también se incluyeron los de Merino y Sola. "El fichaje de Sola nos vino de perlas. Era un veterano que venía de ganar cosas con el Athletic de Bilbao. Atesoraba una técnica exquisita. Poniendo faltas y córners era único", rememora Zabalza, quien recuerda los goles nacidos de las botas del chantreano. "Los equipos nos temían mucho en estrategia, muchísimo. Hacíamos daño en esas jugadas, porque Sola colocaba el balón muy bien y teníamos muy buenos rematadores de cabeza", añade el ex entrenador rojillo.
Una de esas torres a la caza de la bola era el joven Merino. Un jugador de trabajo más oscuro y menos vistoso que Sola, pero una pieza igual de importante en el sistema. "Corría la banda de arriba a abajo constantemente. Echaba una mano y en la siguiente jugada acompañaba el ataque. Se trataba de un jugador con mucho motor, con mucho fondo", señala Rípodas. El de Mutilva también fue testigo del buen ojo de Sola a balón parado. "En aquellos años el mediapunta se estaba poniendo de moda y Sola era un buen ejemplo. Un futbolista de último pase y goleador", afirma.
El mediapunta de la Chantrea jugó un total de 192 partidos en Liga con la elástica rojilla, en los que marcó 27 goles. Números que muestran la importancia de Sola en el esquema del conjunto de Pedro Mari Zabalza. Merino tampoco le va a la zaga, con 190 apariciones ligueras y 17 dianas en sus seis temporadas como rojillo. "Siempre que estaban bien, jugaban los dos", apostilla Zabalza. Javier Castañeda no es para menos. "Fue un grato placer jugar con ambos. Sinceramente, es destacable su gran importancia en aquel equipo", afirma el paisano de Merino.
No por ser de Madrid le tocó a Castañeda hacer de hermano mayor del actual técnico de Osasuna Promesas. "Encajó a la perfección, porque éramos un grupo de gente muy maja que conectábamos muy bien", reitera el ex defensa rojillo. "Sola era más introvertido que Merino, pero porque eran situaciones diferentes. Un chaval que viene de Madrid a ganarse el pan tiene que integrarse como sea y Merino era muy alegre", afirma Rípodas. Dentro el vestuario, eran Miguel y Miguel. Dentro de 4 días, Miguel contra Miguel.