Fernando Alonso es un jubilado feliz. Ya no tiene que ir cada día a trabajar a la Fórmula 1, algo que últimamente le daba mucha pereza, y ahora tiene tiempo, como todo jubileta, para dedicarse a sus hobbys favoritos, que en su caso son cualquier competición en la que se conduzca un coche. Y es que todo le apetece: el Mundial de Resistencia, las 500 Millas de Indianapolis? y, si es cierto lo último que hemos oído, el Raid Dakar, al que iría en 2020 con un Toyota y, cómo no, con la ilusión de luchar por la victoria. Dicen de él que cuando desembarca en una nueva modalidad no se le caen los anillos por admitir su ignorancia y preguntar humildemente, y dicen también que se adapta enseguida al trabajo en equipo, sin divismos ni tonterías. Y si él está feliz, nosotros también. Pero con un matiz: ojalá nunca olvide que la F1 es la modalidad más segura, y que en esas otras competiciones a menudo el mejor piloto es el que sabe cuándo toca frenar.
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