Beñat Otxoa nos ha dejado. Se ha ido en silencio y sin alborotos. Beñat era una persona de las que dejan huella, de los que hacen comunidad y de los que dignifican la vida colectiva con su ejemplo cotidiano.

Beñat era una persona entrañable, cercana y generosa. Defensor firme de los derechos humanos y de los pueblos. Vivió siempre comprometido con aquello en lo que creía. Fue también un gran patriota navarro, profundamente unido a su tierra, a su gente y a su cultura.

Su compromiso social y político se expresó desde muy joven en Zizur Mayor, donde ejerció como concejal por la izquierda abertzale. Pero su labor fue mucho más allá de las instituciones. Participó en la fundación del Elkarte Garrazta y dedicó gran parte de su vida a fortalecer la memoria, la cultura y la identidad de nuestro pueblo.

Durante veinte años formó parte de la junta de Orreaga Fundazioa, trabajando incansablemente en la organización de los Nafarren Biltzarra, Orreagako Gatazka y participando en distintos kantuz. En la última década colaboró también en la organización del Euskal Herriko Mus Txapelketa, llevando siempre consigo ese espíritu de encuentro, fraternidad y compromiso popular.

Beñat entendía que amar un pueblo no consiste solo en defender sus ideas, sino también en cuidar su tierra. Por eso era amante de los árboles y de la naturaleza, repoblando cuanto podía en los alrededores de Iruñea y de su querido Zizur Mayor.

Plantaba árboles como quien siembra futuro, esperanza y continuidad.

Las personas como Beñat son las imprescindibles. Las que, sin buscar protagonismo, sostienen la vida colectiva con trabajo, coherencia y humanidad. Nos deja su ejemplo, su memoria y el deber de continuar el camino que él recorrió con honestidad y compromiso.

Goian bego, Beñat. Tu recuerdo permanecerá entre nosotros.