Se sabía en Donostia que el Getafe era el peor invitado posible a la fiesta de la Copa, pero lo que no se podía imaginar es que se iba a empeñar en intentar sabotearla y reventarla hasta el final. Por un lado, los madrileños se llevaron los tres puntos sin rematar entre los tres palos. Algo que tampoco nos puede ni debe llamar la atención, ya que ante el Alavés a Remiro le dispararon una vez y empataron 3-3. Cuando no regala nada, la Real es capaz de vencer una final de Copa ante un rival en teoría superior, pero cuando concede goles, puede perder contra cualquiera. Con el añadido del penalti fallado por Brais en la primera parte con 0-0 en el marcador.
No es cuestión de entrar a recordar y analizar el estilo de juego del Getafe, aunque para desplegarlo necesita la complicidad de un mal colegiado como Busquets, que tuvo una actuación lamentable y que permitió todas las triquiñuelas, o mejor llamadas trampas, ayudando al que no quería que se jugara para que los madrileños se llevaran los tres puntos.
Bordalás
Lo más irrisorio fue que José Bordalás, que es un acreditado quejica, que se siente perseguido por el estilo de juego que sigue utilizando por muy buenos resultados que obtenga, se quejó de las cartulinas amarillas que vio su equipo: “Me entristece tanta tarjeta. Aprovecho ahora que hemos ganado. No entiendo las tarjetas de Nyom, Mauro… no nos tratan bien. Hemos ganado y estoy un poco indignando a la vez. Feliz, pero indignado. No entiendo tanta tarjeta al Getafe”. Lo que no se entiende es cómo su equipo no acabó con uno o dos menos, pero bueno… Ganaron y a otra cosa.
Momento de gloria
Pero el partido llegó a su conclusión con el meta David Soria en el suelo, después de ser atendido por enésima vez sin que apenas le tocaran, como hicieron con varios de sus compañeros, lo que motivó que los realistas estuvieran ya muy calientes y molestos al considerar que les estaban tomando el pelo con el beneplácito de un mal colegiado. Tras su pitido, Mikel Oyarzabal se enzarzó con varios contrincantes, entre los que estaba Juan Iglesias, que tenía ganas de vivir su momento de gloria.
Fiesta amargada
Los getafenses tardaron en abandonar el campo a pesar de que la Real tenía organizado un acto, si se puede llamar así porque fue penoso, para celebrar su título. No hay que olvidar que hay muchos abonados mayores y niños que no han podido ni viajar a Sevilla ni meterse en la marea humana de Alderdi Eder del otro día. Cuando por fin enfilaron el camino a los vestuarios bajo una sonora bronca y gritos de “fuera, fuera” y “que se vayan” y el lesionado Zubeldia sacaba la Copa, el tal Iglesias no tuvo otra idea que abrir la caja de Pandora delante de los micrófonos: “Esos son los valores que tienen aquí. El capitán de la Real Sociedad, que luego va dando ejemplo, se pone la mano en la boca para meterse con mi mujer. Se ha puesto la mano en la boca porque no tenía huevos a decirlo”. Una pena que no especificara cuáles son los valores que tienen aquí, según él, y cuáles son los del Getafe, club al que no le quiere ver nadie en la Liga por sus malas artes.
El caso es que en cuanto se enteró Oyarzabal de lo que había dicho, acudió al vestuario madrileño para pedirle explicaciones acompañado del director deportivo, Erik Bretos, y de varios compañeros. El donostiarra estaba muy molesto y fue directo a hablar con Iglesias, aunque el que medió un poco en la situación fue Luis Milla. Lo que hizo fue negar tajantemente su acusación, explicarle lo que le había dicho y recriminarle que a él no se le ocurriría salir a contar sus insultos, como denunció Pellegrino Matarazzo, delante de los micrófonos.
Según varios de los presentes, el capitán realista puso firme al vallisoletano, que reculó casi de inmediato, aunque no parece que lo vaya a reconocer en público. Es más, su compañero Soria, no sabemos si tirado en el suelo haciendo cuento o sentado con normalidad en el avión, no hizo ninguna alusión a este hecho cuando entró por la noche en los micrófonos de la Cope. Solo justificó que lo que habían hecho era perder tiempo, como hizo la Real “en su final ante el Atlético”.
Silencio
Oyarzabal zanjó la cuestión ahí, al ser consciente de que les habían chafado la celebración y que no merecía perder el tiempo con gente que no le aporta nada, por lo que prefieren empezar a centrarse en la visita a Vallecas. Por consiguiente, en principio no va a hablar en la prensa sobre lo sucedido, ya que siempre ha respetado al máximo los códigos del fútbol y lo que pasa en el campo se queda ahí.
Lo que ha llamado la atención es que en muchas radios estatales no tardaron en comprar la versión del tal Iglesias, a pesar de que estaba acusando sin pruebas a uno de los capitanes de la selección española y uno de sus grandes héroes al anotar el gol de la victoria de la Eurocopa. Alguna vez tendrán que explicar los motivos y por qué el de este miércoles solo es un nuevo desagradable incidente, como todos los que han rodeado al Getafe cada vez que se ha enfrentado a la Real en los últimos años.
Cuando se repite tantas veces, el tema deja de ser casualidad y a nadie se le escapa que Oyarzabal tiene un currículum impoluto en el fútbol y que la plantilla getafense siempre ha estado plagada de sospechosos habituales…
El getafense ya la tuvo con Vinícius y con Gavi y luego salió a hablar: “Encima se tapaba la boca...”
Las declaraciones del futbolista del Getafe Juan Iglesias siguen dando que hablar. El futbolista reculó ya en los vestuarios del incendio que acababa de encender ante la televisión nada más acabar el partido ante la Real, pero no era la primera ocasión en la que el jugador protagonizaba alguna bronca similar.
Ante esto, la Real ha optado por cortar por lo sano y no prolongará la polémica con un jugador acostumbrado a este tipo de episodios.
El propio Pellegrino Matarazzo, preguntado en la comparecencia ante la prensa, comentó que “siempre hay circunstancias emocionales”, pero confesó que Oyarzabal sufrió unas palabras “muy duras”. Consciente de los códigos del fútbol, que en cierta medida, pese a inaceptables, son cosas que suceden en el terreno de juego y en él deberían quedar, Matarazzo no fue más allá.
“Nos ha dicho que nos vamos a Segunda”. Sí lo hizo Juan Iglesias con unas acusaciones que no es la primera vez que hace. La hemeroteca retrata al jugador getafense con dos broncas contra jugadores de otros dos equipos grandes: por un lado, Gavi, del Barcelona; y por el otro, Vinícius, del Real Madrid.
En enero de 2025, el lateral azulón sorprendió ante la prensa al recriminar al canterano culé que “se quitara la mano de la boca” al proferir supuestos insultos y cuestionando su madurez tras los menosprecios del centrocampista hacia el nivel de la plantilla madrileña. “Nos ha dicho que nos íbamos a ir a Segunda”, aseguró Juan Iglesias, que también exigió entonces lo mismo que a Oyarzabal, que se quitara la mano de la cara.
“Por eso te odia todo el mundo”. Por otro lado, la mecha con el Real Madrid terminó de prender tras un incendiario cruce de palabras con Vinícius, donde el defensa le espetó al madridista que su actitud era la razón por la que “todo el mundo le odiaba”, instándole incluso a imitar el comportamiento de compañeros como Mbappé para ganar respeto: “Aprende de tus compañeros”.
Cuestionado por estas palabras, Iglesias señaló que “en el fútbol hay muchos lances, piques. Son cosas del partido, del fútbol, de los jugadores, que siempre quedan en el campo”.
En Anoeta, sin embargo, al ser preguntado por esa tangana final, abrió la caja de Pandora: “Me alegro de que me hagas esa pregunta”. Juan Iglesias optó entonces por no dejar en el campo lo que sucedió entre ellos y sacarlo fuera.
La modelo Estela Grande, esposa Juan Iglesias y ex del navarro Álex Remiro, mostró en las historias de su cuenta de Instagram los ataques recibidos después de que el defensa azulón denunciara los insultos. “Ahora no puedo pisar una ciudad que amo profundamente como Donostia porque tengo muchísimos mensajes así”.