Bélgica ha completado hoy una de las mayores remontadas en lo que vamos de Mundial, y se mete en los octavos de final sobre la bocina. Los de Rudy García perdían 0-2 en el minuto 86, pero un doblete de Tielemans y un gol de Lukaku remontaron el partido en la prórroga con penalti en el último minuto incluido.

Senegal dominó con autoridad la primera mitad frente a una Bélgica inoperante y superada por el altísimo ritmo africano. Los Leones de Teranga saltaron al verde sin complejos, ejerciendo una presión adelantada que ahogó por completo la sala de máquinas de los Diablos Rojos.

Tras un primer aviso muy tímido de Trossard a los nueve minutos, el vendaval senegalés no se hizo esperar. Sarr se erigió como una pesadilla constante para Mechele y la zaga europea gracias a su velocidad al espacio. De hecho, en el minuto 13 perdonó el primero estrellando el balón en el poste tras una grave salida en falso de Courtois.

Las llegadas africanas se sucedían con peligro ante un combinado belga partido y con un Kevin De Bruyne inusualmente errático en la toma de decisiones.

El merecido premio para el cuadro senegalés llegó finalmente en el minuto 25. Sadio Mané sirvió un gran centro desde el costado izquierdo, Sarr peinó el cuero mandándolo directo al poste y el rechace quedó muerto en el área pequeña. Allí apareció el centrocampista del Sunderland, Habib Diarra, para empujar el balón al fondo de las mallas completamente libre de marca.

Bélgica revivió

El paso por vestuarios pedía a gritos un cambio de guion, así que Bélgica movió ficha rápido metiendo a Lukaku por un De Ketelaere que había pasado totalmente desapercibido. Pero la cosa seguía pintando igual de fea para los europeos.

Tras un susto de Ndiaye nada más sacar de centro, Senegal volvió a golpear en el 51'. Y de qué manera. Niakhaté metió un balón en largo perfecto, Ismaïla Sarr la pinchó con el pecho como si estuviera en el patio de su casa y fusiló por arriba. Un golazo que parecía la puntilla definitiva.

Con el 2-0, Bélgica era un quiero y no puedo. Estaban atascados, sin ideas y chocando constantemente contra el físico de los africanos. La frustración era evidente y se notó en el patadón a la altura de la rodilla que le dio Mechele a Sarr en el 64', castigado con amarilla.

Pasaban los minutos y no había noticias del ataque belga, hasta que Lukebakio, en el 78', casi la clava en la escuadra con la zurda. Fue el primer chispazo de verdadero peligro.

Increíble remontada

Pero ya se sabe que en el fútbol, si perdonas, lo acabas pagando. En el 85', Courtois le sacó una mano salvadora a un tiro cruzado de Mané que habría supuesto el 3-0 y finiquitado la eliminatoria. Y, literalmente un minuto después, los Diablos Rojos se metieron de lleno en el partido: Meunier puso un centro tenso desde la banda derecha y ahí apareció el de siempre, Lukaku, metiendo la pierna en el área pequeña para hacer el 2-1.

Ese gol le metió el miedo en el cuerpo a Senegal. A pocos minutos de que terminase el partido, Trossard colgó un centro cerradito, y Tielemans aprovechó el error en la salida del portero africano para poner el 2-2 y mandar el partido a la prórroga.

Una vez llegados a este punto, Bélgica parecía mucho más entera y amenazaba la portería rival con asiduidad. Tanto es así, que un penalti de Camara al propio centrocampista del Aston Villa daba una oportunidad única a Bélgica en el 120.

Ya en los once metros, Tielemans puso el balón en la escuadra para certificar una de las mayores remontadas de la historia de los Mundiales.