Cuando algo o alguien es muy valioso se dice que es "oro molido". Pues bien, en el ámbito culinario, más allá del sentido figurado de la palabra, esto se traduce en una realidad tangible. Los restaurantes más prestigiosos, los chefs más famosos o los maestros pasteleros más reconocidos incluyen entre sus creaciones más exclusivas un ingrediente que las hace muy especiales: el oro comestible.

Considerado uno de los máximos exponentes de la cocina gourmet, este condimento culinario es visto por unos como una excentricidad y por otros, como un lujo y un capricho al alcance de los más afortunados.

Lingotes de oro apilados sobre una mesa de madera.

Son muchos los ejemplos que podemos encontrar acerca de su uso en la alta cocina, algunos tan cercanos como los bombones Sunset del pastelero Juan Mari Iriarte Baleztena, de Bera (Navarra), quien bajo su marca Ekhi Gold Chocolates elabora unos bombones con chocolate y oro de 22,5 quilates. El estuche de dos bombones cuesta 80 euros.

En la costa mediterránea, el restaurante Cucina Italiana de Benidorm (Alicante) promociona a bombo y platillo la posibilidad de degustar en su local dos exquisiteces doradas: el Tomahawk de Oro (carne de vacuno) y la Pizza de Oro (con caviar y mozzarella Burrata di Bufala), ambos envueltos en oro de 24 quilates y cada uno de ellos al precio de 2.500 euros.

Un poco más lejos en el tiempo y en el espacio, el futbolista Sergio Ramos y su mujer, la modelo Pilar Rubio, ya revolucionaron las redes sociales en 2022 con unas fotografías tomadas en el restaurante Nusr-Et Steakhouse de Dubái (Emiratos Árabes Unidos). En ellas aparecen degustando un chuletón bañado en oro de 24 quilates por el que pagaron 900 euros.

Sergio Ramos y Pilar Rubio degustan un chuletón bañado en oro. Instagram

Transformación

Pero, ¿qué aporta en realidad el oro comestible en la cocina? El nombre oficial de este tipo de oro es E-175 y su composición es un 90% oro puro y un 10% plata pura. Es una sustancia química inerte, biocompatible, antialérgica y segura para el organismo. No tiene olor ni sabor ni ningún valor nutricional, por lo que, considerado un auténtico símbolo de estatus y sofisticación, lo que alimenta fundamentalmente es el ego de quien lo consume.

Este oro comestible no es el mismo que se utiliza en joyería y que contiene otros metales e incluso componentes tóxicos que son peligrosos si se consumen. Para adecuarlo al consumo humano, el oro es sometido a una serie de transformaciones.

En primer lugar, se cogen pepitas de oro de entre 22 y 24 quilates y se funden a una temperatura de 1.200 grados. A continuación se vierte el líquido en un molde con forma de lingote para ser aplastado después y convertido en una lámina de 0,015 milímetros de espesor que se corta en cuadros. Estos pasan al proceso de batido, por el que el grosor de las láminas se reduce hasta los 0,00015 milímetros.

Estas láminas se recortan y se separan de forma manual, por lo que se requiere mucha destreza y paciencia para un trabajo tan delicado. De aquí sale el producto final, el oro comestible en polvo, láminas, virutas o escamas, listo para ser utilizado en los lujosos alimentos gourmet en todo el mundo excepto en Australia, donde no podrás degustarlo porque no está permitido su uso.

Otros usos del oro

Aunque el empleo del oro fuera del ámbito de la joyería parece algo novedoso, lo cierto es que ya se utilizaba hace siglos con otros fines distintos como el culinario o el medicinal. Mientras en el Antiguo Egipto lo añadían a sus platos como un condimento saludable, en China lo utilizaban como ingrediente en la medicina tradicional.

Y es que el oro, además de tener un aspecto lujoso y brillante, presenta según algunos estudios ciertas propiedades medicinales: tiene poderes antiinflamatorios, es útil para tratar la artritis reumatoide, estimula la capacidad intelectual, aumenta la resistencia física, elimina toxinas y regula el sistema inmunitario, entre otras.

Su resistencia, maleabilidad y conductividad hacen del oro un material único también muy útil en el campo de la electrónica, por ejemplo en chips de teléfonos móviles y ordenadores.

Polvo de oro.

En el sector de la belleza, el oro brilla también en la cosmética y triunfa por su contribución a la renovación celular, a la formación de colágeno, a la activación de la circulación, a la aportación de antioxidantes o por su efecto tensor de la piel.

Así, el oro, ese metal precioso de color dorado y brillante, tan escaso como codiciado, será siempre y en cualquiera de sus manifestaciones un símbolo de poder, riqueza, belleza y exclusividad, un capricho al alcance de unos pocos privilegiados.