Pablo Rivero vuelve al thriller psicológico con La canguro, una novela incómoda, adictiva y profundamente cotidiana que confirma su talento para convertir los miedos domésticos en pura tensión narrativa. Lejos de los grandes efectismos y los giros fáciles, el autor construye una historia que se cuela bajo la piel del lector a través de situaciones reconocibles: la maternidad, la conciliación, las relaciones de poder, los celos y la exposición de los niños en redes sociales.

Los thrillers domésticos están viviendo un momento de enorme popularidad, como La asistenta, ¿qué tienen para atraer tanto?

-En mi caso, escribo sobre aquello que me inquieta y me da miedo, y no hay nada más perturbador que sentir el peligro dentro de tu propia casa. No me interesaba personificar todo el peligro en “el extraño”, sino reflejar algo muy presente en los crímenes reales: que cualquiera, en determinadas circunstancias, puede cometer un acto terrible. Puede ser tu pareja, tus hijos…, o incluso tú mismo. Por eso, más que un domestic noir, creo que es un thriller psicológico. El verdadero suspense está en la mente, en esa sensación constante de que en cualquier momento todo puede torcerse y salirse de control.

¿Cómo es el proceso creativo para escribir un thriller así?

 -En mis nueve novelas he pasado por registros muy distintos. Hay thrillers más procedimentales, centrados en la investigación policial, que son más complejos y tediosos en el sentido técnico: hay que ser muy fiel a los pasos reales, documentarse mucho y aceptar menos licencias. Luego están los thrillers más conceptuales. Escribo porque quiero hablar de algo que me inquieta. En La canguro el reto era volver un poco al origen, y para mí ahí estaba también la mayor dificultad y, al final, el acierto: hay menos efectismos y la tensión se construye desde situaciones muy reales y cotidianas. Me he tenido que mojar mucho más, tirar de conflictos personales, de cosas que he vivido o que observo a mi alrededor, sobre todo en las relaciones laborales. Ese suspense a cuentagotas hace que, por momentos, te olvides de que estás leyendo un thriller y pienses: yo he estado aquí.

"Muchas mujeres siguen asumiendo casi toda la responsabilidad de la crianza ”

En la novela estás en tensión todo el tiempo. ¿Cómo se consigue que no haya ningún break?

-Era el mayor reto. En La canguro pasan cosas todo el rato, pero no en el sentido clásico del thriller: no sabes si alguien va a morir, no hay un cuerpo desde el principio ni grandes giros espectaculares. Y, sin embargo, esa incertidumbre a mí me inquieta muchísimo. El no saber. Aquí la tensión es más psicológica. Todo ocurre en la cabeza del lector, en cómo va interpretando lo que está pasando y dudando constantemente de los personajes. Una vez que entras, ya no puedes salir. Creo que está conectando con muchos lectores porque parte de algo muy cotidiano que, poco a poco, se va torciendo. Cada escena añade una capa más de incomodidad hasta que sabes que, en algún momento, todo va a estallar. Y ahí entra en juego la cuenta atrás: el lector sabe que se acerca un momento decisivo, violento, que lo va a poner todo patas arriba…, y esa espera mantiene la tensión hasta el final.

La novela también invita a reflexionar sobre el papel de las madres.

 -Quería hablar de eso porque existen muchos tipos de madres: más protectoras, otras menos, pero al final la figura materna siempre está ahí y suele cargar con un peso enorme. Por suerte o por desgracia, muchas mujeres siguen asumiendo casi toda la responsabilidad de la crianza y, además, la laboral. Hay algo que yo he vivido como hombre, pero que reconozco muchísimo más en las mujeres: ese aparcar tu vida profesional, y muchas veces también la personal, para no perderte nada. En la novela lo llevo al extremo porque al personaje le ocurre algo muy fuerte, pero funciona como una metáfora de algo muy común. Un día te paras y piensas: me he abandonado. Y no siempre desde la culpa; muchas veces se hace desde el amor y el placer de cuidar. Pero aun así llega la pregunta: “¿Dónde está el espacio para mí?”. Y aunque seas consciente, salir de ahí es muy complicado. Aparecen la culpa, las imposiciones sociales y también el golpe del mundo laboral. Quería hablar de todo eso, de decisiones que se toman con amor y que, sin embargo, tienen un coste. Y también de algo incómodo pero real: que no siempre ese esfuerzo se reconoce o se agradece como debería.

¿Quién es? 


Pablo Rivero es un actor y escritor nacido en Madrid en 1980, conocido principalmente por su papel de Toni Alcántara en la longeva serie Cuéntame cómo pasó, que interpreta desde 2001. Además de su carrera televisiva, ha trabajado en cine en títulos como El chocolate del loro, La noche del hermano y De tu ventana a la mía, así como en teatro con obras como La caída de los dioses, El sirviente o Fausto. En 2017 debutó como novelista con No volveré a tener miedo, iniciando su trayectoria en el thriller psicológico y la novela negra, un género en el que ha consolidado su éxito con títulos como Penitencia, Las niñas que soñaban con ser vistas, La cría, Dulce hogar, La matriarca, El rebaño y La canguro. Sus libros exploran miedos cotidianos, dinámicas familiares y tensiones sociales, combinando la intimidad de los personajes con un suspense cuidado. 

Otro de los temas que atraviesan la novela es el uso de las redes sociales y la exposición de los niños.

 -Sabemos que no deberíamos subir fotos de menores, y en el libro eso tiene un motivo concreto, pero más allá de eso hay una realidad muy peligrosa: los niños funcionan como ganchos en redes sociales. Generan atención, likes, engagement…, y el problema es que nunca sabes quién está al otro lado de la pantalla. Compartimos nuestra vida personal casi sin pensar, pero no controlamos quién lo ve ni con qué mirada. Y eso, cuando hablamos de menores, me parece terrorífico. También quería reflexionar sobre la confianza ciega que depositamos en las redes. La canguro llega recomendada por una agencia vinculada a influencers, con referencias “perfectas”. Y ahí yo pensaba: ¿dónde está la responsabilidad? Lo vemos constantemente: influencers recomendando viajes que no existen, pautas de nutrición, cuidados de la piel, hábitos de vida…, sin ser profesionales. Lo guardamos, lo hacemos y confiamos sin cuestionar. Y eso es peligrosísimo.

"Los niños suelen ser los que pagan el pato. Son marionetas de las decisiones adultas”

Y, por último, está el tema de los celos entre hermanos.

Es algo muy real y muy poco idealizado. Los hermanos pueden quererse muchísimo, pero también pueden surgir celos profundos, especialmente cuando hay carencias afectivas. Para mí, los distintos puntos de vista de la novela hablan de eso: de cómo nos comportamos cuando sentimos que no somos vistos. Por eso me interesaba tanto introducir el diario de Ethan. Por un lado tienes a Paula explicando que todo lo hace por sus hijos, y por otro ves cómo esas decisiones afectan realmente al niño. Es algo que ya he tratado en otras novelas: los niños suelen ser los que pagan el pato. Son marionetas de las decisiones adultas.  

Es actor y escritor. ¿Con cuál de las dos facetas se queda?

 - Lo audiovisual me encanta y sería un sueño ver alguno de mis libros convertido en película o serie. Pero la literatura no la cambiaría. Me da una libertad y una autonomía enormes. Soy muy consciente de que soy un privilegiado: elijo las historias que quiero contar, escribo sobre lo que me apetece, tengo lectores que esperan mis libros y una editorial grande que me apoya y me respeta. Es verdad que escribir es muy esclavo: muchas horas solo, correcciones, revisiones…, pero lo hago desde mi casa, a mi ritmo, y luego poder estar hablando del libro, hacer promoción, charlar con lectores, como ahora contigo, me parece un privilegio enorme. Dicho esto, a ratos también necesito lo otro. Me gusta que me manden, crecer desde otro lugar y, sobre todo, trabajar con gente nueva. Conocer equipos, rodar, compartir procesos…, eso me sigue encantando.

Para quien esté dudando si leer La canguro, ¿qué le diría sin hacer spoilers?

 - Si tuviera que decir algo es que es un thriller muy identificable, muy cotidiano, de esos que te enganchan y te los lees en uno o dos días. Es un libro perfecto para romper bloqueos lectores: para la gente que dice: “No cojo un libro porque me dura mucho”. Este está hecho para bebértelo.