Embajador de Marruecos ante la ONU y, desde anteayer, presidente del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas: Una vez más, el chiste sin gracia se escribe solo. Con el currículum de su país en la materia, su nombramiento remite casi literalmente al zorro guardando el gallinero.

Pero así funciona, por lo visto, la alta diplomacia, reservando un puesto como el suyo al representante de un gobierno que siempre está en el grupo de cabeza de los países que reciben más denuncias por violaciones de los Derechos Humanos.

Una de las últimas y más significativas fue la reprobación del Parlamento Europeo por su opresión al pueblo saharaui, el empleo de migrantes como medida de presión política y la persecución de periodistas críticos. ¿Qué se puede esperar de su mandato? Nada bueno.