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Adolescentes y Decano(s)

Adolescentes y Decano(s)

dicen que no hay mal que por bien no venga y respecto a la ausencia de los internacionales se puede aseverar que el mal y el bien que conlleva afecta a la misma parcela de Osasuna: el centro del campo. A pesar de que Jan Urban contaba para el partido en el Nuevo Colombino con nada menos que nueve bajas y cinco de ellas por compromisos con las selecciones, los rojillos saltaron ayer al césped con un once de garantías. Prácticamente el mismo que si no existieran dichas bajas. Los hermanos Flaño, Sisinio y Vujadinovic conformaron una defensa teóricamente titular para este equipo. Que las bandas iban a ser para De las Cuevas y Roberto Torres no era descabellado pensarlo desde el arranque de esta temporada -aunque el rendimiento que está ofreciendo el de Arre debería hacer replanteárselo a Urban-. Y Nino en la delantera tiene un sitio fijo. Y que siga siendo así.

¿Alguien echó de menos ayer a Cadamuro? ¿Y a Ansarifard? Quizás la velocidad de Cedrick hubiese venido bien en algunos tramos del partido. Pero la realidad es que exceptuando la presencia de Kenan Kodro -que volvió a la titularidad cuatro jornadas después en el que fue su 18º partido con el plantel profesional-, la única zona del equipo que verdaderamente varió y lo hizo por la ausencia de dos internacionales -Raoul Loé y Nekounam- fue el centro del campo. Un centro del campo en el que se vieron dos dorsales (32 y 35) que hablaban por sí solos.

Aquellos aficionados rojillos que no sigan especialmente las trayectorias de los equipos de la cantera seguramente no hubiesen escuchado hablar de ellos hace escasos meses. De hecho, uno de los pivotes de ayer no debutó con el Promesas de Javi Lerga hasta entrada la primavera y el otro no la concluyó como titular indiscutible. Pero si se puede sacar una lectura positiva del partido de ayer les señala sin duda a ellos dos: a Mikel Merino y Miguel Olavide.

A sus 18 años -suman entre ambos tan solo dos más que Nekounam o Nino-, conformaron un centro del campo con poca o nula experiencia -el segundo debutó ayer como titular- y en el que el peso de la responsabilidad cayó desde antes incluso de saltar al césped sobre el primero. Y lo mejor de todo es que no le sorprende a nadie. Merino sabía que ayer los focos estaban sobre él y no le pesaron los galones. Volvió a sacar a relucir en casa del Decano del fútbol español una zurda de oro con detalles de calidad -peinó el balón antes de que Nino hiciera el 1-1- que siguen explicando el porqué de lo rápido de su asentamiento en Segunda División sin apenas haber pisado el filial. Y mostró además un aplomo y una seguridad que ha adquirido en quince partidos con el primer equipo que le convertían ayer en el decano del medio centro frente a un Olavide que antes de pisar el Colombino solo había jugado 48 minutos en Liga y que se mostró descarado y atrevido también. Y muy valiente, pues no se achantó en ninguna jugada.

Osasuna se ganó una vez más su sobrenombre de resucitador no ganando a un Recre que acumulaba seis partidos sin puntuar. Pero ellos dos evidenciaron que también pueden ganarse ese sobrenombre. Para los rojillos en concreto. El ejemplo de chavales como Merino y Olavide invita sin duda a pensar que la lista de sorpresas positivas no puede acabarse aquí y, sobre todo, que debe ser de nuevo la cantera la que ayude a resurgir a este Osasuna.