si hay un aspecto que cabrea de la famosa norma que obliga a que haya siempre siete profesionales sobre el terreno de juego durante los noventa minutos del partido es la salida del equipo de jugadores que por méritos deberían estar en el once. Tal es el caso de David García. El chaval ha sido el sacrificado de esta temida cuesta de enero sin los internacionales que están pagando justos por pecadores. Ya ha reconocido Jan Urban de forma pública que hay futbolistas incluidos en las convocatorias de estas últimas jornadas tan solo por el hecho de contar con ficha profesional. Y otros que no lo están, o están pero saben que no van a tener minutos, por el mero hecho de no tenerla. Aunque sobre el césped hayan adquirido más tintes de ‘profesionales’ que otros inscritos en el primer equipo.

Mucho se está hablando del rendimiento de los canteranos en tiempos de dificultades. Del papel destacado de dos chavales que a los 18 años llevan el timón del equipo en el centro del campo con una solvencia, una naturalidad y una madurez impropia de su edad y de su escasa experiencia en el fútbol profesional. A Mikel Merino y Miguel Olavide les está beneficiando la ausencia de los internacionales. Nekounam y Raoul Loé dejan el centro del campo desierto, tan solo con una ficha profesional: la de Maikel Mesa, con quien Urban no viene contando.

Sin embargo, con David García ocurre todo lo contrario. El zizurtarra actuaba como pivote en categorías inferiores y la temporada pasada en Osasuna Promesas, pero a Urban no le convence en el centro del campo. Le ha reconvertido en defensa central y la verdad es que ha sabido adaptarse y cumplir con las expectativas de un puesto tan comprometido y que suele requerir de experiencia. Y más en una categoría tan rocosa como es la Segunda División.

Con el paso de los partidos ha ido adquiriendo poso y forma una pareja de garantías junto a Miguel Flaño en el centro de la zaga. También lo hizo frente al Leganés junto a Vujadinovic ante la baja por sanción del capitán, en la que ha sido hasta ahora su última aparición con la camiseta rojilla. Sin embargo, la veteranía ganó la partida y a partir del regreso de Flaño, el técnico rojillo optó por la dupla noaindarra-montenegrina y sentó a David. Ayer fue el segundo partido consecutivo que el jovencísimo futbolista rojillo vio desde el banquillo. Un sitio al que se ha visto relegado después de cuajar precisamente una de sus mejores actuaciones esta temporada. Y sabe -y todos sabemos- que el motivo principal para que así sea es la famosa norma de los siete profesionales, que prácticamente obliga a alinear a ocho para evitar jugar al límite y no tentar a la mala suerte de que una lesión o una expulsión provoque perder el partido por 0-3. Una norma sin demasiado sentido e injusta en muchos aspectos, pero que está -y estaba antes de planificar una plantilla con demasiados internacionales- dentro del Reglamento de la Federación y ante la que no vale lamentarse, tan solo cumplirla. Una norma que condiciona más las convocatorias que los equipos titulares, pero que también influye en estos y por la que se explica tanto la presencia en el once de alguno cuyo momento de forma no es el mejor como la ausencia de otros. Es el caso de David García, que sin duda volverá al equipo cuando las normas dejen de ser prioritarias y vuelva a predominar la justicia y el fútbol.