Pamplona - A pesar de su juventud, es ya uno de los pesos pesados en el vestuario, un jugador disciplinado y comprometido con el Xota. Una de las labores más importantes en un vestuario, la de crear buen ambiente, es una de las que mejor domina. Además, su buena mano entre fogones le permite sorprender a sus compañeros con platos dignos de restaurantes de alta gama.

¿Cómo se gestó su fichaje por el Magna y, por tanto, su mudanza a Navarra?

-La idea de venir a Pamplona me la comentó mi entrenador del Rincón de la Victoria. Por lo visto, él conocía a Imanol Arregui y sabía que había unas pruebas de acceso, entonces le habló de mí e Imanol dijo que viniese, que no perdíamos nada por probar. Yo trabajaba de camarero y pasar de eso a jugar como profesional era un sueño, ni me lo pensé. Mis padres y todo el mundo a mi alrededor me apoyaron en ese momento y seguí adelante.

¿Qué le sorprendió de Pamplona al llegar?

-Me sorprendió mucho la gente. En el sur somos de otra manera y me decían que aquí todo el mundo es muy cerrado. Sin embargo, hasta ahora no me he encontrado a nadie tan cerrado como lo pintaban. La gente navarra no es tan fría como se piensa en el sur.

¿Y guarda especial recuerdo de algo en concreto a su llegada?

-De la nieve. En Málaga nunca nieva y aquí fue la primera vez que la vi. Parecía un niño pequeño todo el día pegado a la ventana.

Ya que todavía no ha disfrutado de San Fermín, cuéntenos cómo es la Feria de Málaga.

-Tiene una cosa en común con San Fermín y es que la ocupación principal es comer y beber, con mucha gente por las calles. La feria tiene dos partes: la de día y la de noche, que se desarrollan en lugares diferentes. La diurna es en el centro de la ciudad, con muchos locales abiertos y puestos por las calles que venden casi de todo. La de noche es similar en algunos aspectos, pero también hay atracciones para los más pequeños, puestos para conseguir peluches y también los de comida y bebida con música.

¿Qué tipo de música suele escuchar?

-A la hora de prepararme para los partidos suelo elegir algo más electrónico; y en otros momentos, ritmos más tranquilos como Manuel Carrasco.

¿Sigue algún programa de televisión?

-Sigo Castle y terminé Breaking Bad con mi antiguo compañero de piso, Álex. La verdad es que soy más de series que de programas.

Dentro del equipo tiene fama de tipo duro. En los premios de final de temporada del Magna le dieron el trofeo al torito más bravo y al jugador más duro. ¿Es merecida esa fama?

-Según cómo se mire. En el equipo solemos poner un cartel o un mote según cómo seas en los primeros días y con esa fama te quedas. Seguro que hay gente que pega más palos que yo, pero asumo ese cartel sin problema.

Además, también dicen los que le conocen que nunca le gusta perder. ¿Esto viene desde pequeño?

-Eso desde siempre, perdía a las canicas y ya me mosqueaba, me iba corriendo y llorando a mi madre porque no me gusta perder a nada.

También es costumbre que varios miembros de la plantilla queden para jugar a videojuegos. ¿Cuál es su preferido?

-Casi siempre jugamos al Fifa o a Call of duty, suelo jugar con Jesulito y Carlos, y ahora los nuevos han venido pegando fuerte: Mario, Murga, Ibarra, Raúl... Creo que el mejor es Raúl, pero tenemos una disputa grande entre todos.

Además, entre sus especialidades está la cocina. ¿De dónde viene esa afición?

-De mi madre. Ella siempre ha sido cocinera, yo la veía cocinar y me encantaba.

¿A qué famoso le gustaría prepararle algo?

-Me haría mucha ilusión cocinar para Martín Berasategui, aunque no creo que esté capacitado para ello.

¿Y a quién no le cocinaría?

-A Rajoy.

¿Qué le parecen los programas que hay en la actualidad sobre cocina?

-No paro de verlos. Me encantan tanto Masterchef como Topchef. Los disfruto.

¿Se vería participando en alguno de ellos?

-No creo que tenga el nivel suficiente o el conocimiento. Es cierto que desde pequeño me ha gustado mucho la cocina y me gustaría hacer un curso, pero no me veo capaz de concursar.

No nos vamos de la cocina. ¿Qué destacaría de la gastronomía navarra?

-Ante todo, las carnes. Aquí son buenísimas. También las verduras, los espárragos, los pimientos del piquillo... Hay que admitir que aquí se come increíble.

Para acompañar la carne, ¿tiene algún vino preferido?

-Sí, el Albret.

Supongo que con un chef así en casa su compañero de equipo y de piso, Marc Tolrà, estará encantado. ¿Cómo se apañan los dos solos con las tareas de casa?

-Lo tenemos bien distribuido. La comida la hago yo y él se encarga de lavar los platos. Cuando llegamos de entrenar, ponemos la lavadora y, cuando está lista, alguno de los dos tiende la ropa. No tenemos problema en ello.

Tendrá un cuidado especial con la alimentación porque en el equipo les pesan muy a menudo y les sancionan si se pasan del límite. ¿Ha pagado muchas multas?

-Muchas. Los primeros años era un top en eso, no fallaba casi ninguna semana, era un fijo pagando dinero, pero ya no. Tengo la suerte de vivir con un enfermo de la comida, mira todo y cualquier referencia que nos hace el fisio sobre comidas que nos vienen bien, él la cumple y la compra. Me cambia hasta la leche. Gracias a eso, este año no he tenido que pagar.

Dejando a un lado Pamplona, ¿cómo lleva la distancia con sus seres queridos?

-Es algo difícil, pero después de tres años casi te acostumbras. Yo en el momento que puedo bajo para allí a verles. Es algo que sabíamos que tenía que pasar, quizá no tan lejos como Málaga y Pamplona, pero iba a tener que irme, ya fuese por trabajo o por otro tema.

Su hermana también vive lejos, en concreto en Grecia. ¿Qué tal lleva la relación con ella? -Muy bien, parece que, cuanto más lejos estamos, mejor nos llevamos (risas).

Con sus seres queridos tan lejos, ¿a quién acude cuando está preocupado o necesita hablar? -He tenido mucha suerte con mis compañeros de piso, tanto Álex antes como ahora Marc me han escuchado y ayudado siempre. También tengo muy buena relación con Jesús y Carlos y con el segundo entrenador, Miguel.

Es usuario de redes sociales (Facebook, Twitter e Instagram). ¿Tiene buenas experiencia con ellas?

-Sí, por ejemplo, la semana pasada, con el tema del derbi navarro, recibí muchísimos ánimos y felicitaciones y eso siempre ayuda.

¿Y ha tenido alguna mala experiencia?

-Hubo una ocasión que sí. Cuando estaba mirando unos resultados en Twitter, estaba pasando con el dedo en el móvil y como los botones quedan en medio de la pantalla, marqué como favorito uno de los mensajes, con la mala suerte de que era un gol de Burela al Ribera de Navarra. Al instante me di cuenta y lo quité, pero era demasiado tarde. La gente lo vio al segundo y comenzaron a lloverme las críticas. Entonces fui contestando con calma y respeto y expliqué lo que había ocurrido, que yo había pulsado sin querer y que no tenía nada en contra de nadie ni nada que esconder.

Además del fútbol sala, sabemos de su afición al fútbol y que es malaguista. ¿Qué le parece el papel de Javi Gracia?

-Me parece que lo está haciendo bastante bien. Es verdad que la plantilla ha cambiado mucho respecto a otros años, pero, a pesar de la marcha de tantos jugadores, creo que está consiguiendo que el equipo juegue bien al fútbol y además está sacando jóvenes de la cantera.

¿Cuando el Málaga visitaba El Sadar solía ir a verle?

-Desde que vivo aquí he ido a todos los partidos que el Málaga ha jugado contra Osasuna. En una ocasión me dijeron que me habían visto celebrar uno de los goles malaguistas y salí hasta en la tele. Algunos navarros me echaron un poco de bronca por ello, pero los colores no se pueden esconder así como así (risas).

También ha conocido otra de las tradiciones del norte, la pelota. ¿Cómo se aficionó a un deporte tan poco común en Andalucía?

-La primera vez me invitó Roberto Martil y me animé a ir porque quería verlo y conocer un poco más de ese mundo. Me gustó mucho porque es algo diferente. Eso de pegarle con las manos a una pelota que tiene una pinta de doler tantísimo me llamó la atención. Desde entonces, cada vez que proponen ir me apunto, el ambiente en el frontón es espectacular.

¿Tiene algún pelotari preferido?

-Zabaleta, porque es al que apoyan los amigos con los que suelo ir. Pero no soy un experto en la materia.

Los andaluces del equipo suelen juntarse y hacer piña. ¿Quién es el más gracioso? ¿Y el que pone cordura?

-Creo que tranquilidad y cordura no la pone nadie en ese grupo. Además hemos fichado a uno que viene pegando fuerte: Jesús Murga.

¿Le hicieron alguna broma al llegar al equipo o le trataron bien?

-No me hicieron ninguna, no tenemos esa costumbre. No entiendo por qué, yo las haría (risas).

¿Qué novatada le haría a un recién llegado?

-Le escondería todo lo que pudiese, que llegase y no encontrase ni la ropa, ni las zapatillas de jugar.

Tiene un tatuaje formado por un mono que toca los platillos sobre un balón de fútbol. ¿Qué significado tiene?

-El mono es el juguete de la infancia que más recuerdo y quería hacerme algo que fuese realmente mío. Como los mejores recuerdos eran con el mono y con una pelota de fútbol, el tatuador decidió ponerlo haciendo malabares sobre la pelota. Me encantó el diseño.

¿Tiene pensado hacerse alguno más?

-Sí, tengo varios pensados, pero el principal es un dibujo relacionado con mi hermana.

Para terminar, ¿qué es lo que más echa de menos de Málaga como ciudad y qué le incorporaría de lo que tiene Pamplona?

-Lo que más echo de menos es el sol. Y de Pamplona le añadiría la comida. En Málaga se come muy bien, pero carnes como las navarras no las tenemos allí.

También se dice que las mujeres aquí y allí son muy diferentes. ¿Hay algo que haya llamado su atención?

-Me sorprendió mucho la manera de vestir tan distinta de una ciudad y otra. En Pamplona la gente no se arregla tanto. Sin embargo, en Málaga, cuando se va de fiesta, parece que se va a una boda.