pamplona - “Desde la Administración no se garantizan ayudas”. “No hemos hecho nada, no podemos”. “Ni siquiera un milagro puede salvarnos”. Estos son algunos de los testimonios reales -tirando de hemeroteca- de directivos o entrenadores de clubes femeninos navarros antes de descender, o en el peor de los casos, desaparecer.

La noticia de la renuncia del Iruña Voley a seguir en la Superliga es el último revés que ha recibido el deporte femenino foral, severamente castigado de un tiempo a esta parte. Un infierno de pretextos, excusas y malas praxis preludio de un desastroso desenlace.

La crisis económica actuó como un martillo pilón para muchos equipos que vieron como la facilidad para adquirir subvenciones y patrocinadores en la época de vacas gordas, se transformaba en recortes o negativas cuando la situación dejó de ser boyante. Especialmente crudo fue el 2013, en el que un tsunami tan imprevisto como desproporcionado diezmó el panorama del deporte femenino.

A comienzos de julio de ese mismo año se anunció el adiós del Obenasa. Un proyecto común del mundo de la canasta que buscaba unificar la fuerza de varios clubes en uno solo para competir con garantías en la Primera División femenina. Dicho proyecto no alcanzó la madurez, ni tan siquiera la adolescencia, pues murió tan solo 6 años después de haberse creado. La falta de patrocinio y de subvenciones públicas fue el motivo que se alegó para “bajar la persiana”, como dijo su presidente Vicente Santesteban.

más persianas bajadas El 17 de octubre de 2013 los periódicos amanecían con la noticia de que el juez ordenaba la liquidación definitiva del Itxako de balonmano. Nada nuevo bajo el sol, ya que el 22 de agosto el equipo había cesado su actividad deportiva. El Gobierno de Navarra le denegó una subvención de 156.535 euros que, unido a una notable deuda de 1,6 millones de euros, acabaron siendo una losa enorme. De nada sirvió el exitoso palmarés de las de Estella, las copas no equilibran los balances.

Mejor suerte corrió el femenino de fútbol del Lagunak que no desapareció, tan solo descendió de categoría dos años consecutivos. “De la élite a regional”, tituló este diario el 4 de abril de 2014. Las de amarillo habían pasado de Primera División a regional en solo dos años. Un descalabro cimentado en que el dinero dirigido al equipo se destinó a otros fines. “Lagunak es un servicio municipal, donde la prioridad son los abonados”, explicó Javier Rodríguez, coordinador de fútbol.

A estas alturas, muchos se preguntarán hacia dónde marcha el deporte femenino navarro. Ruben Goñi, director gerente del Instituto Navarro de Deporte y Juventud (INDJ), arroja luz sobre la cuestión.

“Este curso se va a hacer un estudio del deporte femenino, no solo de los equipos de máximo nivel, sino desde su más amplio sentido, desde todos los puntos de vista”, comenta Goñi que no evita la realidad, pero cita a La Única, Beti Onak, Waterpolo 9802, Mulier, Zizur y Orvina como casos de éxito en el ámbito femenino.

Respecto al caso del Iruña Voley, Goñi pide tiempo para poder valorar el caso en su totalidad. “Hemos pedido una reunión con ellos para principios de la semana que viene, para conocer de primera mano la situación o las razones”, declara a la vez que asegura que las ayudas se iban a mantener.

“La realidad es que hay cantera, el tema es que hay que ir paso a paso y siempre pueden surgir cuestiones que perjudiquen la viabilidad pero hay que saber cuáles son”, afirma el director del INDJ que asevera que trabajan codo con codo con el servicio de igualdad.

Toda medida será bienvenida en un mundo, el del deporte femenino, ridículamente infravalorado respecto al masculino. Las chicas piden soluciones, quieren dejar de estar en el banquillo.