La llegada de la primavera introduce cambios notables en la rutina y en la fisiología de perros y gatos. El aumento progresivo de las temperaturas, las jornadas más largas y el mayor tiempo de actividad al aire libre modifican su comportamiento y sus necesidades básicas. Aunque este periodo suele asociarse a una mayor vitalidad, también implica ciertos riesgos para la salud que conviene anticipar para evitar problemas.

Control de parásitos

Uno de los primeros aspectos a tener en cuenta es el control de parásitos. Con el ascenso térmico se incrementa la presencia de pulgas, garrapatas y mosquitos, que encuentran condiciones favorables para su proliferación. Estos últimos, además, actúan como vectores de enfermedades relevantes en animales domésticos. Por este motivo, la desparasitación interna habitual puede no ser suficiente, y se suele recomendar reforzar la protección externa mediante collares, pipetas u otros tratamientos específicos. La elección del método más adecuado depende del animal, su entorno y su estado de salud, por lo que resulta conveniente contar con asesoramiento veterinario.

Pelaje y muda estacional

El cambio estacional también afecta de forma directa a la piel y al pelaje. Durante la transición del invierno a la primavera se intensifica la muda, lo que se traduce en una pérdida de pelo más evidente y, en algunos casos, en una mayor sequedad cutánea. El cepillado frecuente contribuye a retirar el pelo muerto y a mantener el manto en mejores condiciones. A ello puede sumarse una alimentación equilibrada que incluya nutrientes esenciales para la salud dérmica, como los ácidos grasos omega 3 y omega 6, presentes en algunos pescados y suplementos específicos.

Alergias estacionales

Otro factor relevante en esta época son las alergias estacionales. El incremento de polen y otros agentes ambientales puede provocar reacciones en animales sensibles, con síntomas que van desde el picor y el rascado excesivo hasta estornudos o irritaciones en la piel. Mantener una correcta higiene del hogar, aspirar con regularidad y lavar los textiles donde descansan los animales ayuda a reducir la exposición a estos alérgenos. Cuando los síntomas persisten o se agravan, es recomendable acudir al veterinario para valorar un tratamiento adecuado.

Alimentación e hidratación

El aumento de la actividad física suele implicar un mayor gasto energético, lo que puede obligar a ajustar las raciones o la composición de la dieta. En paralelo, las temperaturas más altas hacen que la ingesta de agua sea más importante, por lo que es esencial garantizar acceso constante a agua fresca y limpia. En algunos casos, la incorporación de alimentos húmedos puede favorecer una hidratación adicional.

Seguridad en exteriores

Por último, la mayor exposición al exterior exige reforzar las medidas de seguridad en exteriores. Los paseos y actividades al aire libre incrementan el contacto con elementos potencialmente peligrosos, como plantas tóxicas, orugas procesionarias o sustancias utilizadas en jardinería. También pueden aparecer animales silvestres o zonas de riesgo no habituales durante el invierno. En los desplazamientos en coche, el uso de sistemas de sujeción adecuados es imprescindible para evitar accidentes.

En conjunto, la primavera no supone un riesgo en sí misma, pero sí un periodo de adaptación en el que pequeños ajustes en el cuidado diario de perros y gatos pueden marcar una diferencia significativa en su bienestar.