Este mismo fin de semana pero hace 16 años, Marc Márquez firmó su primera victoria mundialista. Durante este tiempo ha logrado elevar su figura hasta el debate sobre los mejores pilotos de todos los tiempos. Pero a la vez su cuerpo se ha visto mermado en esa carrera contra la historia. Las cicatrices como peaje hacia el éxito. Algunas de ellas permanecen tiernas, las de la doble intervención a la que fue sometido el pasado 10 de mayo, cuando se le practicó la retirada de dos tornillos, un roto y otro doblado, y un fragmento de hueso alojados en su hombro derecho, y también se llevó a cabo una reparación del fracturado dedo meñique del pie derecho. Argumentos para perder competitividad, para ceder décimas para siempre. Pero a sus 33 años sigue luchando como un ciclón contra la adversidad. Como dice, quiere volver a intentarlo, quiere extender al máximo las oportunidades antes de colgar el mono. No entiende de fronteras.

El catalán reconoció que durante su calvario de lesiones ha adquirido la virtud de la paciencia, aunque con matices: “Sin el casco lo he aprendido, pero con el casco ya me cuesta más”. Cuando está ceñido aflora su instinto natural. Es un chico bravo, aguerrido, envalentonado, incapaz de contener los impulsos. Solo así se entiende su palmarés. En el Gran Premio de Hungría afloró esa resiliencia, ese pundonor que distingue a los más grandes. También ese talento que no ha desaparecido. El sábado se impuso al esprint por tercera vez este año. 

En la carrera dominical todo se alineó a su favor: en la primera curva sus máximos rivales en el campeonato, Marco Bezzecchi y Jorge Martín, se fueron al suelo, junto a Fermín Aldeguer y Fabio Di Giannantonio, caídos por un golpe en la montonera. Entonces Marc aprovechó para conservar la condición de poleman y llevarse consigo a Pedro Acosta. Ambos protagonizaron el duelo por la victoria.

Duelo entre Márquez y Acosta por la victoria

Márquez no logró sacudirse al murciano, a priori su próximo compañero de equipo. Era un duelo de presente y futuro. Acosta se alzó en el segundo giro. Pasó a la cabeza e imprimió ritmo. Alcanzó más de un segundo de ventaja. Pero Marc mantuvo la calma. Apeló a esa serenidad, a esa cordura que mejor adopta sin casco. Dejó escapar a su rival para calentar, para adquirir confianza y lanzar un ataque. 

Eso sucedió en la vuelta 13. Márquez sacó el cuchillo. Adelantó a Acosta, pero este respondió rápido. Marc contraatacó y Pedro hizo lo propio. Todo volvía a su ser, pero la apuesta estaba lanzada, con pequeños roces en el cuerpo a cuerpo. Una vuelta más tarde, Márquez consolidó el adelantamiento. Ahí se acabó la batalla por el triunfo. Marc cobró un segundo y medio de margen en apenas dos vueltas para exhibir su estado de forma, ese que tantas incógnitas había generado en los últimos tiempos.

Marco Bezzecchi y Jorge Martín, primero y segundo en el campeonato, sufrieron caídas. EFE

De 102 puntos de desventaja a 72

Era la victoria número 100 en su carrera deportiva, que a la vez coincide con la centena de Ducati en MotoGP. Solo Valentino Rossi (115) y Giacomo Agostini (122) atesoran más. El circuito de Balaton dibujó un escenario idílico, uno que permite soñar, alimentar la esperanza de una remontada jamás vista. Antes de alcanzar la octava prueba de las 22 previstas en el calendario contaba con 102 puntos de desventaja sobre Marco Bezzecchi, pero al abandonar Hungría la diferencia es de 72 puntos, algo que suena más asequible.

“Hoy lo he dado todo. Menos mal que iba con ese medio (neumático) y Acosta con el blando, me ha dado un poquito de tregua. Iba con el brazo izquierdo engarrotado, perdido de tanta fuerza. El derecho, menos mal que había pocas curvas. Me ha permitido dosificar. Ha sido una victoria que hemos pagado un precio caro pero ha valido la pena”, manifestó para Dazn el nonacampeón, exhausto pero con otra perspectiva, alejada de las sensaciones no tan antiguas.

“El precio de pasar dos o tres veces por quirófano, muchas horas de camilla... No me lo tomo a risa porque son duras, pero te lo tienes que tomar con optimismo”, ahondó Márquez, quien como apuntó antes de la carrera, subrayó: “Prefiero morir en la orilla, pero al menos intentarlo”. El contraste, desde luego, es radical. Ha sido extraer los tornillos que afectaban al nervio radial de su hombro derecho y sellar la primera victoria del año. 

Acosta sigue pujando por su primera victoria

La grandeza de su gesta la establece, por ejemplo, el resultado de su compañero de equipo, Francesco Bagnaia. A lomos de la Ducati oficial, el italiano cruzó la meta en tercera posición a más de 10 segundos en solo 26 vueltas. Acosta fue el único capaz de cuestionar la supremacía de Marc. “La estrategia con el blando era tirar al principio y luego ir viendo. Es verdad que, una vez que he perdido la estabilidad que tenía al principio, he empezado a perder velocidad. Tenemos que estar contentos. Hemos dado un paso adelante, hemos vuelto a luchar por la victoria... Esto es cuestión de probar. Me han enseñado a no rendirme; tenía que probar”, analizó Acosta, a quien se le resiste su primera victoria en la categoría reina.

Pese al tremendo golpe del inicio de carrera, todos salieron ilesos, pero Jorge Martín deberá cumplir una sanción de doble long lap en el próximo Gran Premio de la República Checa, el 21 de junio. “La culpa es 100% suya”, sentenció el jefe de Aprilia, Massimo Rivola. Márquez acudirá con mayores esperanzas de reeditar su corona de MotoGP, aunque impone mantra que dice haber aprendido: “Necesitamos esa paciencia para ir viendo e ir sumando porque como se ha visto hoy, todo puede pasar”.