A sus 40 años y tras una trayectoria impecable en la élite del baloncesto nacional, María Asurmendi (Pamplona, 1986) ha decidido colgar las botas. Lo hace en paz, con la tranquilidad de quien se ha preparado a conciencia para el día después y con el orgullo de haber sido el faro del baloncesto femenino en Navarra. Campeona de la Copa de la Reina con el Conquero, partícipe de noches europeas con Perfumerías Avenida e internacional absoluta, la veterana base repasa en esta entrevista una carrera marcada por los éxitos, pero, sobre todo, por la valentía de dar pasos atrás en lo geográfico para dar saltos de gigante en lo social y lo estructural dentro de su tierra.

Desde la madurez que da una retirada a pie de pista en Arrosadia, Asurmendi analiza la realidad de los proyectos deportivos en la Comunidad Foral, la fuga de talento joven y la necesidad imperiosa de profesionalizar las estructuras locales. Lejos de alejarse del parqué, la pamplonesa otea el futuro con la mirada de quien ya ejerce como formadora y gestora a través de su proyecto Play Your Best, dispuesta a seguir construyendo el puente que conecte a las próximas generaciones de jugadoras navarras con la élite.

Retirada...

Sí, ya soy ex jugadora. El otro día no sé dónde lo leía, pero ya figura como ex jugadora de baloncesto.

¿Cómo se siente?

Pues la verdad es que, aunque suene raro, feliz. Estoy en paz, tranquila, con algo de pena, porque evidentemente se ha cerrado una etapa muy larga de carrera profesional. Pero ha sido una etapa tan buena, tan increíble, que si alguien me hubiera dicho que iba a seguir en activo a nivel profesional con 40 años, no lo habría creído. Todas las etapas se acaban, ha llegado el momento, y aunque hay nostalgia, estoy más que convencida de que era el momento.

Ha tenido una carrera larguísima. ¿Con qué etapa se quedaría?

Haber podido aspirar a jugar finales con Avenida, competir en Europa, debutar en la selección… todo eso son logros brutales que tengo muy marcados. Pero no lo voy a negar nunca: el ascenso con UNB y con Ardoi, poder subir al equipo a la máxima categoría, esos momentos los llevo muy dentro. Creo que es algo muy difícil de conseguir, y haber contribuido a asentar el baloncesto navarro me llena muchísimo.

¿Hay algo que se le haya quedado por hacer?

Sí que me quedó esa espinita de haber salido a jugar fuera de España, pero lo cierto es que me sentí cómoda aquí y las decisiones que tomé en mi carrera casi siempre me llevaron a seguir evolucionando. Cada decisión me abría nuevas puertas, y así pude llegar en mi mejor momento a un equipo como Perfumerías, o al famoso Conquero, donde conseguimos ganar la Copa de la Reina. Ese punto de inflexión ya llegó en una etapa de plena madurez.

¿Se considera usted una leyenda del baloncesto navarro? ¿Lo ha percibido así estos últimos días?

La despedida que tuve en Arrosadia, en el último partido en casa, fue algo que no voy a olvidar en la vida. He recibido muchísimo cariño. A través del proyecto de Play Your Best que llevo desde hace años, muchas familias han conseguido que sus hijos e hijas se aficionen al baloncesto femenino y nos sigan. No sé si decir leyenda, que es una palabra muy grande, pero sí me siento muy identificada con el baloncesto navarro. Y si la gente se ha sentido identificada conmigo, yo lo he percibido con fuerza estos últimos meses, y ha sido brutal.

En su primera etapa en LF, dio un paso atrás cuando realmente no le hacía falta para impulsar el baloncesto navarro. ¿Siente que eso se ha valorado?

Totalmente, y así lo digo en el vídeo de despedida. Mucha gente pensaba que volver a Liga Femenina 2 o a la Challenge en los últimos años de mi carrera era un paso atrás, pero yo no lo veía así. Hay que tener objetivos y ser honestos con lo que uno siente. Seguir en un equipo de Liga Femenina sin sentirme parte de un proyecto real o sin nuevos retos no tenía sentido para mí, aunque supusiera estar en la máxima categoría. En cambio, volver a casa, estar cerca de mi familia y vivir esta etapa junto a las jóvenes jugadoras navarras que vienen, aportar ese plus en los últimos tramos de mi carrera, eso me llenaba. Y me lo ha devuelto con creces: no solo con un ascenso que fue casi inesperado, porque honestamente yo no sabía lo que me iba a encontrar cuando volví, sino también con el reconocimiento y el calor de la familia, ese año en Liga Femenina... Ha sido brutal y, sin duda, la decisión más acertada que podía tomar.

Solo hubiera faltado la guinda del ascenso para que fuera un final de película.

Eso hubiera sido apoteósico: retirarme dejando al equipo en Liga Femenina. Pero el proyecto viene sufriendo golpes duros desde el descenso, y estar ahí fue un logro que el propio club no esperaba. Había un proyecto bonito para llegar a los play-offs e intentar alcanzar la Final Four, y una vez conseguido ese objetivo, el ascenso lo veíamos lejos por las plantillas que había. Por eso hay que valorar haber llegado hasta ese punto. Nos quedamos a un paso y hubiera sido espectacular, pero creo que no se le puede pedir más a la temporada y tenemos que estar satisfechas.

¿Le daba miedo ese momento de decir "me retiro, ¿y ahora qué"?

Tengo 40 años y no me da ninguna vergüenza decirlo. Después de tantos años haciendo lo mismo, uno ya ve que el final se acerca, y me he ido preparando para ello: con mi preparación física, con la psicóloga, trabajando la transición. Es un cambio radical, y cuando llega da cierto vértigo porque todo cambia, pero creo que estaba lista. Mientras jugaba me seguí formando y creé el proyecto, y ahí me di cuenta de que, además de la María Asurmendi jugadora, existe una gestora, una entrenadora, una formadora, una asesora… Tengo un montón de facetas por explorar. Play Your Best me ha ayudado mucho a hacer esta transición de una manera muy natural y, la verdad, con mucha tranquilidad.

¿Qué le gustaría que fuera María a partir de ahora: asesora, entrenadora, gerente…?

Mi intención, como dije en la despedida, es seguir ayudando y aportando al baloncesto navarro desde donde sea más necesario. Por mi posición de juego, por el proyecto y por todo lo vivido estos años, la faceta de entrenar, asesorar y estar con los chicos y chicas de cantera seguro que va a seguir existiendo. El proyecto tiene muchísimo recorrido y voy a estar ahí. El resto, veremos dónde puedo ser más útil, pero me he preparado para poder ocupar diferentes posiciones. Mi objetivo es sumar y aportar toda esta experiencia y estos conocimientos donde más falta hagan.

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Fotos del homenaje a María Asurmendi, que anunció que deja el baloncesto a final de temporada Patxi Cascante

¿Cómo ve el baloncesto navarro?

Lo veo bien, pero con cierta pena. El haber conseguido tener dos equipos referentes, tanto en chicos como en chicas, en Segunda FEB y en Liga Femenina, nos ha durado muy poco. Y aunque se puede decir que el baloncesto navarro goza de buena salud, nos sigue faltando ese punto extra: estructuras lo suficientemente profesionales para que los proyectos sean duraderos. Me queda esa espinita, sobre todo en el femenino, que es el que más conozco: haber tenido la experiencia, el poso y la estructura necesaria para intentar retener esa plaza en la máxima categoría nacional hubiera sido muy importante para la ciudad, dado el nivel que tiene actualmente el baloncesto español.

Hablando del femenino: una jugadora en Italia, otra en Estados Unidos, otra en Valencia… El baloncesto navarro femenino viene con fuerza. Pero ¿cree usted que algún día se podrá retener el talento en Navarra?

Es algo que está pasando a nivel nacional. Con el auge de la NCAA, las nuevas ligas femeninas en Estados Unidos, el Project B… el baloncesto profesional es muy exigente, y las condiciones en cada comunidad autónoma todavía están lejos de permitir compaginar estudios y formación con una carrera profesional de forma natural. En Navarra se intenta con el programa de detección de talentos, y creo que se hacen las cosas bien. Pero hay estructuras muy potentes que captan estos perfiles. Si nosotros no podemos ofrecerles las condiciones para formarse y desarrollarse aquí, hay que dejarlos salir, que experimenten y evolucionen. Yo también me fui, aunque más tarde, y volví siendo mucho mejor jugadora y con un conocimiento mucho mayor. En el futuro eso nos beneficiará. Tenemos muy buenas jugadoras para intentar, en un plazo corto o medio, volver a dar ese salto a la máxima categoría, pero necesitamos que se formen y que compitan al máximo nivel.

¿Cuál sería su visión del baloncesto navarro dentro de cinco o diez años?

Es difícil concretar. Evidentemente, por todo lo que he vivido y por cercanía, me gustaría que ese equipo de Liga Femenina volviera a estar ahí. Pero sobre todo, tanto en masculino como en femenino, lo que defiendo es la unión del baloncesto navarro. Si queremos ser algo, tiene que ser desde la unidad y con referentes claros en la comunidad, asentados sobre estructuras profesionales y estables, donde los chicos y chicas tengan claro cuál es su camino. Ese debe ser el futuro: estructuras sólidas, en masculino y femenino, estables y profesionales.

Y en ese sentido ayuda mucho tener referentes. Se quedan Irati, Anne, Itzi… pero con su marcha ese papel queda un poco huérfano.

Tenemos que trabajar más en ese sentido. Llevo años en Pamplona haciéndolo: a través del Instituto Navarro de Deportes damos charlas en centros escolares, visitamos clubes con el proyecto de Ardoi para que los chicos y chicas nos vean y nos conozcan. Pero hay que impulsar mucho más que la gente sepa quiénes son las jugadoras navarras profesionales, qué hacen, dónde están. Hay que educar esa cultura deportiva, porque creo que todavía no existe. Irati Etxarri, por ejemplo, ha sido internacional con la Selección Española, está en Liga Femenina y es subcampeona de Europa. Y podríamos hablar de muchas más jugadoras navarras que han hecho grandes cosas. El problema no es que no existan: es que hay que ayudar desde todos los ámbitos a que la gente vaya a los pabellones, las vea jugar y se interese por ellas. Las referentes las tenemos, solo hay que ponerlas en valor. Llevo muchos años en esto y quizás por eso mi nombre es más conocido, pero las jugadoras que hemos mencionado son jóvenes y en unos años serán nuestras grandes referentes.

Hablando de estructura. San Ignacio estaba peleando por subir a Liga Femenina 2, se ha quedado a solo un paso. Con la desaparición de Mutilbasket de esa categoría la temporada pasada, ¿ve usted necesario recuperar ese puente que era la Liga Femenina 2?

Sí, me dio mucha pena perder esa plaza, igual que la de Liga Femenina. La LF2 es una liga muy atractiva para que nuestras jóvenes tengan una progresión natural, compitiendo minutos en una competición semiprofesional con nivel creciente. Tenemos ocho o nueve equipos entre Segunda y Primera Nacional en femenino, con jugadoras de sobra para nutrir ese equipo de LF2. Perdimos la plaza y deberíamos haberla mantenido entre todos. Sé que es complicado: Mutilva era quien sostenía ese proyecto, y estar en esas ligas requiere mucho respaldo económico. Pero era una oportunidad de oro para que esas chicas tuvieran un puente real para seguir escalando. Para la comunidad sería muy importante volver a tenerla.

Para terminar, un deseo ya no como jugadora, sino como persona ligada al baloncesto navarro.

Que gocemos de buena salud, que sigamos creando y que demos todas las herramientas posibles a los chicos y chicas de Navarra para que puedan seguir progresando. Y que un día ojalá los veamos debutar en equipos profesionales de nuestra comunidad, tanto en masculino como en femenino.