La pamplonesa Lola Ceres reside en el distrito 10 de París, junto a la plaza de la República, a menos de un kilómetro de la zona en la que sucedieron los ataques terroristas que han sumido a Francia y a toda Europa en una absoluta consternación. El viernes por la noche había paseado, una hora antes de que se iniciaran los tiroteos, junto a la terraza que se convirtió en un baño de sangre. “Está haciendo un noviembre muy templado y es una zona de bares y terrazas en la que hay mucha animación. Estoy muy sobrecogida e impresionada con lo que está pasando. La sensación es terrible”, explicaba ayer Lola. Y añade: “Va a haber un antes y un después de esto”.
Profesora de español y asentada en la capital francesa desde hace 17 años, esta pamplonesa acababa de llegar a su domicilio cuando empezaron a producirse los atentados. “Aunque vivo en un patio interior, escuché muchas ambulancias y coches de policía. Sin sospechar nada hice un poco de zapping y en una cadena de televisión vi un plano de la ciudad de París y un letrero donde ponía Tiroteo. Me sorprendió, porque la imagen mostraba una zona a la que suele ir una vez por semana. Por aquí vivimos un montón de españoles y solemos coincidir bastante en ella”.
Tras pasar una noche en vela, escuchando helicópteros y sirenas, el amanecer del sábado fue igualmente doloroso, cuando el recuento de víctimas precisaba la vasta magnitud de la masacre. “Lo que más nos ha conmocionado a quienes vivimos en París es lo que ocurrió en la sala Bataclan. Todos hemos estado en esa sala alguna vez, porque hay conciertos de todo tipo. Pensar que había gente allí secuestrada y pensar en cómo se han desarrollado los acontecimientos ha sido muy duro”.
A pesar de la recomendación del Ayuntamiento parisino de no salir de casa, Lola decidió acercarse ayer por la mañana a los escenarios de los atentados. “Hay psicosis. La gente está en casa sin salir, pero también he visto mucha gente poniendo velas y flores donde se produjeron los ataques... Cuando he salido esta mañana he visto que uno de los lugares en los que se produjo uno de los tiroteos y hubo varias víctimas era por el sitio que había pasado una hora antes. Me he sobrecogido al comprobarlo”.
Lola admite que desde que los trabajadores de la revista Charlie Hebdo fueron asesinados en enero de este año “había rumores que algo iba a pasar en París. Todo el mundo estaba en alerta. Veíamos el Ejército en la calle, pero no te esperas que vaya a ocurrir algo así en un lugar público, de una manera indiscriminada. Lógicamente se te pasa por la mente que podrías haber estado allí, en el lugar de los atentados, pero piensas sobre todo en la pobre gente. ¡Qué atroz!”.
Con el estado de emergencia decretado por el presidente Hollande y la Gendarmería francesa tomando las calles, Lola admite que la presencia del Ejército va a incrementarse en las calles. “Las estaciones de metro, de ferrocarril, ya están llenos de militares, pero va ha haber un antes y un después de esto, porque el Gobierno va a tomar una serie de medidas de seguridad adicionales a las que adoptaron desde el atentado de Charlie Hebdo. Ahora hay que identificarse en todo tipo de establecimientos públicos, colegios, institutos, etc. Las papeleras de la calle son transparentes, pero estos ataques van a suponer un giro de tuerca en este sentido”.
A pesar de ello, esta pamplonesa confía plenamente en la entereza de la sociedad francesa para afrontar lo sucedido. “El pueblo francés va a reaccionar a la misma manera que tras los atentados de enero, uniéndose. Entonces hubo mucha solidaridad y la gente se echó a la calle para unirse. La francesa es una sociedad bastante individualista, pero en estas situaciones se cohesiona más”.
En cuanto a las decisiones que vaya a adoptar el Gobierno francés, Lola espera que “intente calmar la situación. Los franceses es gente razonable en general. Aquí hay una gran parte de población musulmana y no hay que confundir conceptos. Los franceses saben distinguirlo”, señala, al tiempo que recuerda que “la derecha, el Frente Nacional está ganando votos. Debe haber mucha reflexión”.
Muy cerca de la zona de los atentados también se encontraba el viernes la estellesa Ángela Ustarroz Roa, de 20 años. La joven, que está en la capital francesa con una beca Erasmus en su último año de carrera de ADE en la Universidad Pública de Navarra, acabó durmiendo en el domicilio de unos niños que cuidaba el viernes por la noche ante la psicosis que desataron los ataques terroristas. “Pusimos las noticias y empezamos a ver las muertes e incluso llegamos a llegar a escuchar una de las explosiones mientras veíamos la tele”, relató.
La universitaria recordó “fui a cuidar a unos niños cerca de la zona de lo ocurrido mientras sus padres estaban en el partido y luego iba a salir de fiesta allí. Pasé por la calle donde sucedió todo dos horas antes. Fue a las 10 de la noche cuando me empezaron a llegar mensajes de amigos de París contando lo que estaba sucediendo”. “Me asuste muchísimo y estaba muy nerviosa por eso llamé a los padres de los niños que estaba cuidado pero estos no respondían. Llegaron dos horas más tarde porque el metro de esa zona había dejado de funcionar. Yo me quedé durmiendo en aquella casa ya que el Gobierno dio instrucciones de no salir de casa”, señaló.
Los propios padres de Ángela se comunicaron con ella y le aconsejaron que permaneciera en aquel domicilio durante la noche. “Por un lado, ellos estaban tranquilos porque me encontraba acompañada y en casa, pero por otro lado muy nerviosos porque estaba cerca del ataque. Era todo muy confuso y no sabían lo que estaba realmente pasando porque la información que se estaba facilitando en Francia y en España era diferente”, según manifestó la estudiante. “Sigo estando asustadísima, estoy en shock. Ha sido algo horrible porque no sabía sin a mis compañeros de Erasmus les había pasado algo. Cuando por fin llegué a la residencia, todos nos abrazamos”, según declaró Ustarroz.
El joven Aitor Bengoetxea, de Lesaka, estaba visitando a su novia en París cuando sucedió la tragedia que ha dejado mucho pánico en la ciudad parisina. El lesakarra estaba celebrando su cumple años en un restaurante en el centro de la capital junto con su pareja y sus cuñados cuando se enteraron de los atentados. “Vino el camarero, también conocido nuestro, y nos contó que había habido un tiroteo. Al principio no le dimos mucha importancia porque parecía que fuera un ajuste de cuentas pero luego nos dimos cuenta que era algo mucho más serio”, según relató Bengoetxea. Por ello, decidieron marcharse a casa cogiendo el metro donde por megafonía dieron el aviso de abandonar la estación, lo que causó “mucha gente corriendo y gritando. Estábamos muy asustados e inseguros porque después del ataque no sabíamos si los había detenido”, aseguró Aitor.
En cuanto a su familia, “no se habían enterado de nada ya que en la televisión sólo un canal estaba informando sobre el suceso. Les llamé para que no se asustaran pero estaban muy preocupados”, indicó el lesakarra, quien añadió que “hoy hay mucha Policía en la calle y para ser sábado no hay nadie fuera porque hay mucho miedo y pánico total a que se vuelva a repetir”. En ese sentido aludió al cierre de “un importante centro comercial porque encontraron una mochila que alguien se había olvidado, aunque se llegó a decir que había personas armadas con capuchas, y se cerró una calle porque un coche levantaba sospechas”.
“No parece París. La gente está muy seria, nos hemos cruzado con bastante gente llorando por la calle”, destaca la pamplonesa Ana Artaso Sabuqui, de 21 años de edad, que se encontraba el viernes en la capital francesa de viaje con unos amigos. En el momento de los atentados, estaba en el apartamento que habían alquilado en el distrito 17 de la capital francesa. “Nos enteramos por la televisión y porque la gente de España nos preguntaba por lo que estaba ocurriendo”.
Durante la mañana de ayer la joven no salió de casa “por el toque de queda impuesto por las autoridades francesas y también por precaución”. Ya por la tarde, encontró el metro “lleno de vigilancia. Dicen que, si vemos un objeto o una actividad sospechosa, avisemos rápidamente a la policía”.
La navarra Carlota Zubiri se encontraba de viaje hacia París el viernes por la tarde cuando se produjeron los ataques terroristas. Al llegar a la capital francesa, en la que iba a pasar el fin de semana, le llamó la atención “lo vacía que estaba la ciudad”. Fue en el hotel, situado a 20 minutos de la sala Bataclan, cuando la joven se fue enterando de lo que estaba ocurriendo. Ya por la mañana, ayer sábado comprobó el abundante despliegue policial y que la mayoría de lugares turísticos estaban cerrados, como “los museos, los jardines de Luxemburgo, los de las Tullerías..., y las banderas están a media asta”.
Un navarro de Bera tenía entrada para Bataclan, pero no acudió en el último momento. Un navarro, natural de Bera, que reside en París tenía programado acudir al concierto que iba a celebrarse en la sala Bataclan el viernes por la noche, pero en el último momento no acudió a la actuación musical por una indisposición de su hija. Contactado ayer por este periódico, declinó hacer declaraciones.
Una parisina que estudió en Pamplona escapó de la sala sin resultar herida. Una joven parisina, cuya identidad corresponde a las iniciales A.R., quien terminó el año pasado la carrera de Periodismo en la Universidad de Navarra, se encontraba en el interior de la sala Bataclan cuando accedieron a ella los terroristas. La joven, que indicó ayer que se encontraba aún conmocionada por lo ocurrido, pudo escapar sin resultar herida.
El domicilio del poeta lesakarra Franciso Javier Irazoki se encuentra junto a Bataclan. La vivienda en París del poeta navarro Francisco Javier Irazoki, de 65 años y natural de Lesaka, se encuentra ubicada en las proximidades de la sala Bataclan. Según indicaron allegados del escritor, tanto él como su familia no se vieron afectados por los atentados.