La política norteamericana brindó hace pocos días una buena ocasión para reírse, especialmente los simpatizantes republicanos, cuando vieron los centros de privilegio de sus rivales demócratas enfrentados a las realidades de la inmigración con descontrolada: lugares como la residencia de la vicepresidenta, o zonas de vacaciones para ricos y poderosos, empezaron a recibir grupos de inmigrantes llegados recientemente al país.

Martha’s Vineyard (el viñedo de Marta), es uno de los refugios estivales para los política o económicamente poderosos, en su mayoría del Partido Demócrata. En una superficie de 250 kilómetros cuadrados viven tan solo unas 17.000 personas, aunque se multiplica en verano para llegar a casi 200.000. Más del 80% da regularmente su voto a los demócratas y la zona se ha declarado “santuario” para proteger a los inmigrantes indocumentados.

En realidad, apenas hay allí inmigrantes acogidos a esta protección, o por lo menos no los había hasta ahora.

En cambio, personajes como Barak Obama tienen terrenos y casas allí, que visitan generalmente tan solo en verano. Obama, por ejemplo, tiene una mansión de 7 habitaciones con 8 baños en una propiedad de 10 hectáreas que compró por casi 12 millones de dólares hace tres años.

Allí se codea con la familia Kennedy, que también tiene una mansión, con el ex presidente Clinton y personajes célebres como Bill Gates, Oprah Winfrey y otros actores o personalidades televisivas y millonarios llegados de todo el país.

Con cierta perversidad, algunos medios conservadores señalaban que Obama tiene espacio suficiente para montar tiendas de campaña en su propiedad y alojar a centenares de inmigrantes. En cualquier caso, podría resolver el pequeño problema inmediato creado con la llegada de 50 venezolanos que huían del paraíso comunista de su país.

Los envió el gobernador de Florida y posible candidato presidencial republicano dentro de dos años, Ron DeSantis. Su estado recibe en promedio 5000 refugiados diarios y considera que es una carga excesiva que debería repartise equitativamente por todo el país.

Otro tanto ocurre con la residencia de la vicepresidenta Kamala Harris, situada en el Observatorio astronómico de Washington, pues allí llegaron algunos autobuses con inmigrantes provenientes del estado de Texas, que siguió el ejemplo de Florida. O las ciudades de Chicago o Nueva York, a la que también llegaron otros inmigrantes indocumentados.

A la espera del traslado

Ni Martha’s Vineyard , ni la residencia de la vicepresidenta, ni ninguno de los otros lugares han abierto las mansiones a los recién llegados, sino que los han colocado en asilos para gente sin techo, en escuelas o en iglesias donde disponen de literas y alimentos mientras esperan ser trasladados a otros lugares con carácter más permanente.

Las reacciones de los receptores de estos inesperados visitantes han sido diversas: en Nueva York, por ejemplo, el alcalde anunció inmediatamente que la ciudad ofrecerá todos los servicios municipales a los recién llegados y que no va a discriminar en cuanto al origen o procedencia de los necesitados.

La alcaldesa de Chicago envió a los recién llegados a sectores donde hay residentes mayoritariamente republicanos, mientras que el presidente Biden ya ha condenado a quienes envían a estos inmigrantes fuera de sus estados.

Aparte de las bromas que semejante situación provoca, la suerte de estos inmigrantes puede tener un impacto electoral importante: no faltan ni dos meses para las elecciones legislativas del 8 de noviembre y la inmigración ilegal es una de las tres cuestiones que más interesa al electorado.

El partido republicano, ahora en la oposición y con deseos de recuperar las mayorías de que había disfrutado hasta hace pocos años en las dos cámaras del Congreso, trata de demostrar la incongruencia de la política migratoria actual favorable a la entrada de gente indocumentada por dos motivos: en parte, porque así demuestran la bondad de su corazón y en otra parte todavía mayor porque van acumulando futuros votantes para el Partido Demócrata.

Este cálculo electoral se basa en la experiencia de que los nuevos inmigrantes acostumbran a alinearse con el Partido Demócrata durante un largo tiempo, hasta que se integran al cabo de una o dos generaciones en el país y dejan de sentirse extranjeros.

Integrar a los inmigrantes

Hay algunas excepciones, como el voto cubano o venezolano, pues es gente refugiada de regímenes comunistas lo que les impulsa a alinearse con los conservadores, pero lo habitual es que al cabo de unos 10 o 12 años de llegar a Estados Unidos, los inmigrantes han adquirido la ciudadanía y son votantes fieles del Partido Demócrata.

O lo eran. Porque parece que en el caso del mayor grupo inmigrante actual, que es la población de origen iberoamericano, flirtea ahora con los republicanos: las últimas encuestas indican que por lo menos un tercio –y quizá hasta casi la mitad– se alinearían con los republicanos.

Las razones parecen ser varias. Por una parte, porque el Partido Demócrata ha tomado posiciones elitistas y sigue las últimas modas radicales de los académicos progresistas norteamericanos. A los inmigrantes del hemisferio no parece atraerles mucho la familia homosexual, el aborto o la falta de control de los padres sobre sus hijos. Por otra parte, muchos han experimentado ya las consecuencias de algunas políticas comunistas en sus países de origen y no se sienten muy atraídos a la ideología más radical del partido demócrata, que en estos momentos parece llevar la voz cantante.

Para colmo, las promesas demócratas de integrar a los inmigrantes no se han materializado: la última acción en este sentido es de hace casi 40 años y salió de las filas republicanas, cuando el entonces presidente Reagan secundó la propuesta para legalizar a casi todos los inmigrantes y darles acceso a la ciudadanía.

Entonces había tres millones de inmigrantes en situación irregular, hoy se estima que son más de 14 millones, dos de los cuales llegaron desde que Joe Biden es presidente y mostró su deseo de seguir la exhortación añadida a la placa a los pies de la Estatua de la Libertad: “dame a vuestras masas cansadas y encogidas, deseosas de respirar la libertad.”

De momento, la respuesta del Partido Demócrata se ha limitado a amenazas de “investigar” a los republicanos responsables por el traslado de inmigrantes para ver si se podría descubrir algún acto delictivo en esta medida. Es bien seguro que, a lo largo del país, tanto un partido como otro encontrarán magistrados favorables a su interpretación.