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De convento religioso a centro cultural

En sus 650 años de historia este edificio ha pasado por diversos usos y proyectos

De convento religioso a centro culturalFoto: fermín pérez-nievas

tudela. Vigilante, siempre atento a lo que sucede a la entrada de Tudela, con esas dos garitas transformadas en ojos de la ciudad, el que fuera convento de San Francisco, cuartel de Sementales y comisaría de policía vive los preludios de una nueva transformación, la enésima desde su implantación en la ciudad, hacia el año 1372. Con anterioridad, a finales del siglo XI, este emplazamiento, lindante con el río Queiles y con la muralla, se había usado como mercado tal y como han demostrado las excavaciones realizadas el pasado año.

la llegada La llegada de la orden de San Francisco no se produjo en este lugar. Cuenta la leyenda que en los alrededores de lo que hoy es la residencia Nuestra Señora de Gracia fue el sitio elegido por el propio San Francisco de Asís, de camino a Compostela, para fundar el convento. Hospedado en casa de los Veráiz, y con su colaboración económica, eligió para sus seguidores un lugar cercano a la primitiva iglesia de San Marcial. La misma leyenda indica que bebió agua de la fuente de Manresa (cerca de Herrerías) por lo que durante cientos de años hubo una placa en la que se podía leer: "Porque Moisés tocó un risco, agua dio que al pueblo cura, y ésta quita calentura porque la tocó Francisco".

Pero los tiempos no eran muy propicios para vivir fuera del abrigo de las murallas del castillo de Santa Bárbara por lo que en 1372 abandonaron ese lugar para cobijarse en su actual emplazamiento. Ya construido este convento, en el año 1425 acogió el cuerpo de la heredera del reino de Navarra, doña Juana, hija de Juan II y Blanca de Navarra, que había fallecido en Olite. De la iglesia de aquel convento se han encontrado ahora dos arcos que se mantendrán, de forma simbólica, en el exterior del edificio.

Pese a estar instalado en Tudela, hasta 1567 los monjes dependían de Aragón y pasaron después a hacerlo de Burgos, aunque sus acciones hacían que no fueran demasiado apreciados. Durante su etapa aragonesa, el rey había realizado varias quejas a Tudela porque los monjes "entraban disimuladamente en Aragón y cometían vejaciones contra los observantes, haciéndose fuertes en su monasterio de Tudela".

Durante 150 años el día a día entre las celdas de los franciscanos pasó sin pena ni gloria a excepción de la construcción del claustro que se conoce en la actualidad, de estilo renacentista (siglo XVII). El 23 de septiembre de 1809 celebraron una misa de despedida ya que las tropas revolucionarias francesas expulsaron de la ciudad a las órdenes religiosas, aunque durante la batalla de 1808 cientos de heridos de ambas partes fueron atendidos entre sus paredes (como lo demuestra el hallazgo de numerosos botones). Tras la derrota y huída de los ejércitos de Napoléon, los franciscanos volvieron a Tudela pero por poco tiempo dado que la desamortización de Mendizábal de 1837 les dejó de nuevo sin posesiones y el edificio pasó a ser hospital de la I Guerra Carlista.

En 1840 el Estado decidió que el antiguo convento pasara a manos del Ayuntamiento para instalar allí la cárcel, una vez que se retiraran los restos mortales allí enterrados y se demoliera la iglesia que amenazaba ruina, creando así la plaza de San Francisco. Sólo dos años después el primer telégrafo de la Ribera se instaló entre sus paredes.

otros usos Dentro del ambiente bélico que se vivía a comienzos del siglo XX, Tudela reclamó durante años para su ciudad un cuartel de militares ofreciendo este edificio con un emplazamiento envidiable.

En octubre de 1918 el diputado Méndez Vigo envió una comunicación a la ciudad en la que se señalaba que "de forma provisional, se había asignado el regimiento de caballería número 30, de nueva creación". Y llegaron los animales (en la última etapa había alrededor de 60 Sementales) que salían a pasear en fila india por la avenida de Zaragoza llevados por los militares.

El edificio, además del cuartel de Sementales, también acogió en el último piso, la sede de la Policía Nacional en 1970 y pese a que se eliminó la cárcel las celdas seguían siendo usadas por los detenidos de los policías. También se tramitaban allí los DNI, subiendo por una escalera de madera a la que se accedía desde la entrada en la plaza de San Francisco.

El año 1991 fue un año de despedidas. Los Sementales dejaron sus caballerizas y la Policía pasó a su emplazamiento actual en la plaza del Padre Lasa. A partir de ese momento, la decadencia se hizo más evidente y las humedades, las palomas y los gamberros hicieron el resto.

En el año 1997 se apostó por convertir el edificio en viviendas, si bien el proyecto nunca salió adelante ya que se obligaba a mantener el claustro y eso lo hacía económicamente inviable. El último proyecto pensado para este emplazamiento data de 2002 cuando la Ribera luchaba para que se instalaran en la ciudad algunas carreras de la Universidad Pública de Navarra. Uno de los edificios que se pensó para albergar esta dotación cultural fue el caduco y agrietado antiguo cuartel de Sementales.