EL regalo de Olentzero o de los Reyes Magos ha llegado con adelanto para los aficionados a la pelota vasca y a su historia, gracias a la publicación de una nueva obra de Tiburcio Arraztoa Urrutia que es un valioso y precioso documento sobre una de las tres especialidades (laxoa o guante, rebote y paxaka) de juego directo que todavía sobreviven. El libro Laxoa, la pelota en la plaza tiene 300 páginas profusamente ilustradas con decenas de fotografías, está a la venta al precio de 25 euros y vale lo que cuesta.
Tiburcio Arraztoa (Irurita, 1952) es profesor en Doneztebe y un auténtico enamorado de la pelota en general y de las más antiguas modalidades, en particular. Ha sido campeón como practicante, y como aficionado es uno de los mejores, el mejor, expertos en los juegos que se disputan en plaza abierta, los que se denominan directos, ésto es frente a frente, y un infatigable investigador, estudioso y coleccionista de todo lo que tenga relación con ellos.
Autor con anterioridad de Guante-Laxoa. La modalidad más antigua de la Pelota Vasca (Pamplona, 2004), que es la guía más completa y exacta para aficionados e interesados, en esta ocasión aporta en 34 capítulos una copiosa e interesantísima documentación histórica, etnográfica y anecdótica. Desde que a alguien se le ocurrió fabricar en cuero una herramienta con la que lanzar o parar una pelota que alcanza velocidades superiores a los 150 kilómetros/hora, en un juego que exige atención permanente y en el que no caben las distracciones por obligada precaución ni de guantelaris ni de espectadores, hasta los encuentros y torneos más recientes, Arraztoa enseña (que ésto también es lo suyo) todo lo que se ha movido y se mueve en un juego que es un tesoro de nuestro patrimonio cultural y una auténtica seña de identidad.
El 25 de septiembre de 1681, hace 329 años, se juega un partido de bote luzea (juego a largo) en Ituren, que enfrenta a cuatro baztandarras de Gartzain y otros cuatro de Arantza, en Bortziriak. Arraztoa recoge la masiva afluencia de comarcanos, las numerosas y elevadas apuestas que se cruzan (incluso por sacerdotes), la duración del desafío que fue desde las once y media de la mañana hasta el anochecer (el juego a largo se sabe cuándo empieza pero no cuándo termina), una de las primeras y jugosas historias que convierten su libro en entretenimiento y regalo. Antiguas ordenanzas, partidos increíbles, la historia de las plazas, la relación con otros juegos similares en España y Europa, le hacen una obra imprescindible.