la Casa del Almirante, en la palaciega calle Rúa, esconde buena parte de la historia de uno de los personajes más célebres y desconocidos de Tudela. Edificada sobre una antigua mansión, no existen documentos que acrediten la procedencia de tal denominación marina, ni quién fue su constructor; dos enigmas que siguen sin conocerse en la actualidad.
El edificio es una muestra ejemplar de la arquitectura palaciega renacentista que se realizaba en el Valle del Ebro en el siglo XVI. La calle donde se encuentra pasó su edad de oro con la llegada del Renacimiento y del Barroco, siendo en los siglos XVI, XVII y XVIII cuando mayor nivel alcanzó. Entonces la Rúa era la vía más brillante de la hidalguía local, calle comercial por excelencia y dónde llegaba las gentes de otras localidades.
Sin embargo son nítidos los datos sobre sus sucesivos dueños. Documentos históricos demuestran que la familia Cabanillas Berrozpe, herederos de los Gómez de Peralta y cuyo escudo de armas se encuentra en la catedral, mandó construir esta mansión plateresca entre 1520 y 1560. A éstos les sucedieron los Castillo-Cabanillas y Gómez de Peralta en el siglo XVII, Ximénez de Cascante y Ximénez de Antillón en el siglo XVIII, pasando a últimos del siglo XIX al Barón de la Torre. Posteriormente este Barón (Pedro de Aísa) la vendió a Pedro Magdalena y León quien la dejó en herencia a su descendiente Eugenia Carmen Alaiza. Además durante al menos tres décadas (hasta 1950 aproximadamente) existió en los bajos una farmacia que regentaba Diego Aranaz. Su actual propietaria, desde 1975, es María del Carmen Forcada que, pese a sus investigaciones, no ha conseguido desvelar el origen del nombre del palacio.
¿el origen?
Marinos y afrancesados
Resulta cuando menos llamativo que en una comarca que tiene a las Bardenas reales como máximo estandarte paisajístico exista una casa con las referencias al mar que tiene este edificio.
Entre lo más de 450 años que atesoran sus paredes, nadie que habitara esta casa ha tenido relación con el mar. La única clave de conexión posible se desplaza hasta la familia Ezquerra y su complicada biografía en los últimos años del siglo XVIII.
José Ezquerra y Guirior, nació en Tudela donde poseía una casa palaciega en la calle la Merced, actual casa de Laguna. Insigne marino, tomó para España en 1777 las islas de Fernando Poo como teniente de fragata. En 1792 ascendió a capitán de navío y en 1796 fue nombrado caballero de la Orden de Santiago. Pero poco duró su meteórica carrera ya que el 14 de agosto de 1801 desapareció en Algeciras, al igual que toda su tripulación del navío real Carlos, tras un combate contra la flota inglesa en defensa de los franceses.
El segundo de sus ocho hijos, Joaquín Ezquerra del Bayo, nació en Ferrol en 1793. A los siete años pasó a la Casa de Pajes de donde a los 16, dada su afición militar, fue colocado como capitán de la Guardia Real, reinando en España José Bonaparte. A pesar de su juventud pronto se convirtió en secretario real, dado su conocimiento del francés. Del que llamaban Pepe Botella, Ezquerra del Bayo dijo, "apenas entendía el castellano. De cosas de ciencias físicas y militares, cero, como de ciencias militares. La pasión que le dominaba fue la lascivia, que llegó a veces a llevar a palacio las héteras de la clase más ínfima de Madrid". Cuando el imperio francés se desmoronó huyó a Francia, no volviendo hasta 1821.
Refugiado en su casa por miedo ("me vi obligado a ayudar a misa diariamente para demostrar a pueblo tan cristiano que no era un hereje sin creencias como juzgaban a todos los franceses") se convirtió en un importante ingeniero dejando numerosos libros (Parangón entre el esclavo y el proletario libre en el siglo XIX) y siendo uno de los artífices de las minas de Río Tinto en 1828. Además de eso fue director de la fábrica de vidrios de Aranjuez, miembro de la real Sociedad Económica de Amigos del País de Tudela y diputado provincial de Navarra entre 1820 y 1823.
Tudelano de corazón falleció de paludismo en 1859 en una habitación alquilada al Barón de la Torre en la Casa del Almirante ya que no tenía habitación adecuada en la de su hermano. Este hijo de marino y esta enrevesada trama biográfica son la única referencia histórica relacionada con este palacio y que pudo dar nombre al edificio. Sin embargo en la fachada son numerosos los elementos marinos que aparecen como los timones de los forjados de los balcones o los motivos que, pintados, cubrían antiguamente la fachada.
en corto
l Bajorrelieves. Dos bustos femeninos y uno masculino destacan en la fachada de este noble edificio. El central es un guerrero con barba cuyas piernas se han convertido en troncos entrelazados. Los laterales, femeninos, tienen el pelo rizado y están apoyados en fustes de los que asoman cabezas de león. La mujer de la izquierda sujeta una víbora que le muerde un pecho, símbolo de la lujuria. Sobre ellos los retratos de un hombre y una mujer con vestidos de la época y que quizás pertenecen a los primeros dueños, los Cabanillas-Berrozpe.
l La fachada. La rehabilitación de la fachada, llevada a cabo a en los años 90 costó a la propietaria María Forcada alrededor de 100 millones de pesetas y contó con ayudas de la institución Príncipe de Viana. Para la limpieza se empleó láser.