esta semana Cáritas ha presentado su ya tradicional campaña navideña en Estella. Los datos que aportan sus gestores son todavía más preocupantes en plena crisis, ya que, por un lado, se han disparado los demandantes de ayuda y, por otro lado, ha descendido el número de socios, seguramente también por las apreturas económicas que han llegado últimamente a muchos hogares. Con ese panorama se hace difícil prestar la ayuda a todo el que lo necesita, pero la labor de Cáritas, como la de otras muchas organizaciones, sigue siendo encomiable. Pero para eso necesitan más apoyos. Aunque de sobra es conocida la tarea que realizan, recuerdan que no se trata de dar dinero al que lo necesita, sino únicamente ropa y alimentos básicos para su subsistencia una vez por semana o dos veces al mes, según los casos: aceite, leche, pasta, legumbres o azúcar, así como jabón para la higiene personal. Cosas básicas, nada de los lujos a los que, por cultura, nos acostumbran las navidades. El año pasado, la organización de Estella logró recaudar alrededor de 31.000 euros a través de esta campaña de finales de año y otros 25.000 mediante su proyecto de Caja Navarra, una excelente aportación que sigue evidenciando que hay solidaridad. Aun así, no hay nada conseguido todavía y cada día en Cáritas se encuentran con más gente que ha perdido su empleo y que, indirectamente, ha visto cómo el castillo de naipes que era su vida se ha venido abajo. No llegan para pagar las cuotas de la hipotecas, muchos tienen hijos a su cargo y no les queda otra que recurrir a estas ayudas..., esto es el pan de cada día y por eso las organizaciones humanitarias tienen que hacer más equilibrismos que nunca para poder llegar a todos. Ellos son los peor parados en esta crisis.