mantener la esencia del palacio más emblemático que tuvo Tudela en la calle Rúa durante 500 años. Ése era el objetivo de la arquitecta tudelana Belén Esparza para devolver la vida a la Casa del Almirante. Su propietaria, María Forcada, vio ayer cumplido, después de casi 20 años de esfuerzos, su sueño de dar un uso a una de las joyas del Renacimiento de Tudela. Las tres efigies que ven la vida pasar desde lo alto de la calle Rúa vuelven ahora la vista hacia dentro para poder disfrutar de la cultura y el arte de su renovada estructura. Para ello fue necesario invertir más de dos millones de euros y crear una fundación que se hiciera cargo del mantenimiento del edificio después de que hace ocho años la UPNA rechazara su donación para emplearlo como centro administrativo del campus ribero. Lo costoso de su rehabilitación lo convirtió en un regalo envenenado para las arcas universitarias.
La Fundación María Forcada ha concluyó en abril de 2010 la rehabilitación integral del edifico que ha recuperado todo su original esplendor pero ahora al servicio de la cultura y la formación. Las instalaciones de la Casa del Almirante están concebidas para servir como cauce de participación y punto de referencia sociocultural para los habitantes de Tudela y la Ribera, así como para la difusión de actividades artísticas, en especial arte contemporáneo. Pese a que comenzó a que abrió sus puertas en septiembre, su adecuación no ha concluido hasta este mes de diciembre.
exterior
La fachada
El edificio de cinco plantas elevadas presenta una monumental fachada realizada en ladrillo encebollado con elegantes altorrelieves que enmarcan los huecos del cuerpo principal así como de la galería de arquillos que habitualmente corona los edificios de esta época en la Ribera. Esta fachada se remata con un importante alero de madera con canecillos de doble altura y casetones bellamente tallados.
En el interior, en el núcleo de la planta, aparece un pequeño pero delicado patio que con el paso del tiempo se tapió. Según explicó Esparza el día de su presentación, "había quedado muy desfigurado pero esto era algo común en los palacios ya que solían fragmentarse en varias viviendas porque era difícil que en el siglo XX hubiese familias que los pudiesen mantener en propiedad única y uso exclusivo". De hecho la planta baja se usó durante muchos años como farmacia, y la primera como academia de francés, algo que todavía recuerdan muchos tudelanos.
El patio esta construido con pilastras acanaladas en esquina rematadas por capiteles, todo ello realizado en ladrillo y estuco, sustentando el artesonado de vigas de madera igualmente talladas.
Primando la recuperación del edifico y su máxima autenticidad, el proyecto de rehabilitación del interior ha pretendido la recuperación hipológica de las plantas renacientes, haciendo especial énfasis en la reconstrucción del patio central y la devolución de sus medidas, proporciones y decoración primigenia.
En lo que se refiere a acabados se ha intentado poner en valor los artesonados y frisos de madera originales que la casa mantenía, así como los diversos elementos de carpintería interior que se han conservado.
Un pavimento de barro esmaltado, diseñado especialmente para el edificio, así como diversos elementos para la iluminación y el diseño de las puertas principales completan la intervención.
interior
Por plantas
Con una superficie total construida de 1.600 metros cuadrados, el edificio consta de cinco plantas con un esquema espacial y circulatorio, similar en todas ellas.
La crujía central se destina a las circulaciones tanto horizontales como escaleras y ascensor, quedando un salón principal en la crujía de fachada, y seminarios y servicios en la crujía posterior.
En planta baja, además del vestíbulo y hall de acceso, se sitúa el salón de actos de 80 metros cuadrados y con capacidad para 80 personas ubicado en la planta baja y con acceso a un pequeño patio. La planta primera se destina a salas de exposiciones temporales con superficies de 61,24 y 31 metros cuadrados respectivamente, que programará la Fundación, con una vocación de dar a conocer a la ciudad las mejores manifestaciones artísticas contemporáneas y de vanguardia, y con una clara apuesta por servir a la difusión de los mejores artistas navarros. La segunda planta, la principal del edificio, tendrá en su parte delantera un salón de reuniones, sede de la fundación, con una superficie de 60 metros cuadrados que va a ser decorado por la propia María Forcada. En su parte posterior, tanto en segunda y tercera planta se destina a seminarios, dos por planta, de una superficie aproximada de 25 metros cuadrados, así como a dependencias de administración y aseos. En la planta tercera, en la parte delantera del edifico, se dispone de un espacio destinado a estar o sala de descanso mientras que la cuarta, cuenta con dos aulas y seminarios de superior tamaño y altura, en concreto 53 y 87 metros cuadrados, que sirven de complemento salón de conferencias. Por último, en los bajos se encuentran tres bodegas de pared y suelo de piedra y bóveda de ladrillo completan las dependencias del edificio.
La nueva Casa del Almirante cuenta con pequeños detalles que destacan. La puerta que da acceso a la dependencia de la planta baja reproduce un plano de Tudela del año 1771. Los baldosines, que han sido diseñados especialmente para este lugar, constan de dos piezas que reproducen la planta del edificio. También se han añadido a algunas puertas de cristal notas de un notario que hacen referencia al palacio y que datan de 1541. Estas escrituras también se reproducen en las paredes de algunas dependencias. Otra de las grandes dificultades fue la de incorporar elementos de fontanería, iluminación y calefacción que no existía en aquella época y ahora "podría chirriar. Hemos tratado de que se note poco y creo que están disimuladas".