La nieve de diciembre es de acero, de hierro la de enero, la defebrero es leña y agua la de marzo, como se decía en un tiempo,en este invierno que nos ha venido pegado a un otoño que no hasido el de costumbre este año que termina.

Y la Navidad ha llegadofría, heladora, pintarrajeada de carnaval en Baztan por unostontos útiles (¿?) que no llegan ni a desalmados, y con Olentzeroburu aundiya entre la alegría ilusionada de los niños, felicespor inocentes, y nuestro hacer ver más que sentir y el crecienteescepticismo ante el escandaloso consumo que nos ahoga y corroe,que desborda cualquier creencia.

En esta época, inevitablemente, la memoria nos traslada al Colegiode Lekaroz que fue y ya no es, allí donde habitaban y enseñabanalgunos de los pocos que aquí han dejado su huella escrita, paraconocer de su mano los usos y las costumbres de Baztan en estaépoca. Debían ser de tal sencillez y humildad, aparentemente,tan poca cosa para noticia (al menos no la hemos encontrado)que ni la hay siquiera, a salvo de la tradición del Año Nuevo(Urteberri berrri, zer dakarrazu berri...) que, como no podíaser otra, era también de cuestación, de pedir siempre ya quetan pobre y escaso era lo que había.

El capuchino padre José Antonio, Padre Donostia, nos habla dela sobriedad de la Navidad rural, de la reunión familiar en tornoal fuego en el que arde el tronco (bazterreko enborra) mientrasse comparte una cena frugal con algún dulce casero que ha elaboradola etxekoandre (¡qué hermosa palabra!) como un lujo.

Se vivea falta y lejos de todo, y cuando el cabeza de familia comienzaa cubrir con ceniza los últimos restos del tronco, del que algúnacarbonizada astilla se conservará para por San Antón humear alganado, se retiran todos.

No es fácil encontrar testimonios de que la Navidad significaragran fiesta en Baztan, la prensa de hace un siglo no ofrece ningunanovedad. La excepción eran (ya en los años 20) las veladas enel Salón Parroquial (todavía no existía el Cine Maitena) concargo a las alumnas de las Madres Concepcionistas, y la escolaníay el coro de don Juan Berekoetxea en el que ya empezaba a despuntarun joven tenor: Juan Eraso. Todo se vivía más recogidamente,todavía no se confundían progreso y civilización y se deseaba(se creía en) paz en la tierra.