La noticia corría ayer de boca en boca entre los ciudadanos que paseaban por las inmediaciones del cruce de Carlos III con la avenida de Roncesvalles, donde se ubica el monumento. Aunque hay quien opinaba que no estaría de más colocar un cartel que recuerde a los paseantes que está prohibido subir a la escultura, la mayor parte de los ciudadanos consideraba que la responsabilidad última recae en la propia persona, y que quien decide subir al monumento debe ser consciente de los riesgos que esto entraña.

Así lo entendían las hermanas Charo y Conchi Górriz, quienes consideraban que el Consistorio no debería tomar medidas excepcionales tras el accidente ocurrido el pasado lunes porque "es algo que pasa ocasionalmente, y seguro que no se vuelve a repetir en muchos años". Para Charo, "la responsabilidad es personal, no del Ayuntamiento, porque yo no veo peligro en el monumento, el peligro puede estar en cualquier parte". Por otra parte, esta vecina añadía: "Otra cosa es lo de la fuente de Navarrería". Asimismo, su hermana Conchi consideraba que "es normal que la gente se suba, la escultura pide subirte".

Esta opinión, sin embargo, no gozaba del respaldo general, ya que hay quien pensaba que "si la gente tuviera criterio y respeto no se subiría al monumento". Para este vecino, "con la educación que tenemos, o prohibes o la gente se pasa todo por donde le parece, no hay cultura ni educación".

En la misma línea se expresaba otro vecino, quien manifestaba que "hace falta educar a la gente", aunque matizaba que "sin prohibir". Este vecino reivindicaba "libertad absoluta para todo", pero con responsabilidad. "Si uno se sube ahí tendrá que tener cuidado para no hacerse daño y para no dañar la estatua", sostenía.

opinión de los turistas Mientras que los habitantes de Pamplona conocían de sobra el accidente sufrido por el joven participante en las Jornadas Mundiales de la Juventud el pasado lunes, los numerosos turistas que, bien en grupo, bien por su cuenta recorrían la avenida Carlos III durante la tarde de ayer, no parecían conocer este hecho y se encaramaban despreocupados al monumento para fotografiarse entre las astas de los toros. "Supongo que puede pasar, los niños se suben y no saben lo que hacen", expresaba Edwin Moscoso, de paso en Pamplona para asistir a un congreso. Moscoso se mostraba partidario de que el Ayuntamiento adoptara algún tipo de medida de seguridad para prevenir accidentes. "Se podría poner una cuerda como la de los policías alrededor de la estatua", sugería.

Para los barceloneses Luis Piñero y María Carmen Solano, un letrero que recordara la prohibición de subir al monumento "evitaría" posibles accidentes, aunque "la responsabilidad es del que se sube y, sin son niños, de sus padres". Solano, quien admitía que "no dejaría subir a mi hijo", consideraba que "una persona tiene que ser responsable. Puede ver la estatua, sacarse una foto, pero tanto como subirse...".

Por el momento, la manada de Carlos III seguirá recibiendo la visita de las decenas de curiosos que, cada día, se animan a fotografiarse entre los toros sin miedo a recibir una cornada.