De escuelas de 10 o 12 alumnos, aquellos niños de la Merindad pasaron a un centro que por entonces contaba con 1.550 estudiantes, lo que le convirtió en la mayor concentración escolar de España. Esta amplia matrícula fue descendiendo progresivamente al crearse centros para acoger al alumnado de Améscoa (en Zudaire), Allo o Arróniz.
El final de las escuelas rurales se fue produciendo poco a poco e incluso hubo alumnos que vivieron dos cierres. Fue el caso de los niños de Olejua, cuya escuela se extinguió al finalizar el curso 1970-71, tras el que los alumnos de esta localidad pasaron a recibir clases en la vecina Etayo. Los chavales de Olejua comenzaron el colegio en septiembre de 1971 en Etayo, donde apenas pasaron tres cursos para vivir un nuevo cierre. Así, en 1974 su nueva escuela también se clausuró y sus estudiantes pasaron a compartir aulas en Remontival con niños y niñas de toda la comarca.
Una de las escuelas de localidades pequeñas que más se mantuvo en el tiempo fue la de Igúzquiza, ya que, a pesar de crearse Remontival en 1974 y tras pasar el centro por distintas ubicaciones, sus últimos alumnos permanecieron en la escuela local hasta 1981, aproximadamente, cuando pasaron a Estella.
las más recientes Estos cierres de los años 70 y 80 no han sido los únicos. Por circunstancias diferentes, hace apenas dos años otra escuela de la Merindad, el Colegio Público de Cirauqui, cerraba sus puertas por decisión del Gobierno de Navarra al no poder mantenerse dada su escasa matrícula. La falta de oferta de modelos lingüísticos diferentes, como el D de enseñanza en euskera, o la ausencia de servicios como el comedor llevaban a las familias de la localidad a matricular a sus hijos en colegios con estos servicios. Por ello la matrícula en Cirauqui fue en declive hasta llegar el cierre en julio de 2009. Idéntica suerte y por los mismos motivos corrió tan solo un año después, en julio de 2010, el Colegio Público de Mañeru, cuyos alumnos pasaron a escolarizarse en Puente la Reina-Gares.
Por su parte, en la actualidad, son dos los colegios de la zona, Murieta y Lezáun, los que cuentan con una corta matrícula debido a la imposibilidad de ofrecer por el momento modelos lingüísticos demandados por los padres, como el D o el TIL. Murieta se mantiene para el próximo curso con entre 5 y 6 alumnos y Lezáun contará con 9 al preinscribirse uno en el recién terminado periodo de prematrícula. Pese a todo, estas escuelas siguen luchando y defienden sus puntos fuertes, como su elevada calidad, la atención individualizada o el arraigo de los niños a sus localidades.