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El dictador ya no es hijo predilecto

En febrero de 1930 medio centenar de vecinos pidieron al Ayuntamiento que retirara el título que había otorgado dos años antes años atrás a Miguel Primo de Rivera. Una iniciativa popular que tuvo su reflejo en la decisión de la nueva corporación.

El dictador ya no es hijo predilectoFoto: salinas

LA capital ribera anuló el 1 de mayo de 1930 el nombramiento de hijo predilecto a favor del dictador Miguel Primo de Rivera a instancias de la petición de un grupo de 50 tudelanos que presentó un escrito al Ayuntamiento de la capital ribera. La moción, presentada a mediados del mes de febrero de ese mismo año, además de solicitar a la recién nombrada corporación dicha anulación, también pedía "que inmediatamente sean retirados los cuadros a que esta instancia se refiere" y que tenían relación con la dictadura que acababa de desaparecer y que "en pública subasta sean enajenados los repetidos cuadros y los libros y folletos y estampas antes mencionadas".

Sus solicitudes no se dirigían solo hacia el dictador Primo de Rivera (nombrado hijo predilecto el 26-6-1928) sino también hacia el general Martínez Anido (ministro de la Gobernación en la Dictadura), cuyos retratos se habían colocado en diversas dependencias municipales. Eran tiempos de cambios y crisis en toda Europa, en los que los movimientos sociales estaban tomando la palabra.

balance de los gastos En el documento presentado por esos 50 tudelanos destacan sus argumentos, que, por su lógica, bien se podían haber empleado cuando se hubiera puesto fin a cualquier dictadura y que hace meditar sobre el hecho de que hayan tenido que transcurrir cincuenta años entre el final del Franquismo y que se consiguiera aprobar la actual Ley de Símbolos.

Los tudelanos, en aquel 15 de febrero de 1930, apuntaban que "bastaría la consideración de que el pueblo no intervino para nada en los actos y acuerdos mencionados, para demostrar que sus autores se arrogaron facultades que no les correspondían y que, por lo tanto, significa un abuso manifiesto de atribuciones; pero además resulta que no existe ni aún apariencia de justificación para distinciones tan señaladas, a no ser que se considere como mérito el haber elevado a los escaños concejiles o hecho posible la elevación a ellos, de los señores que integraban el municipio".

Los firmantes de la petición al Consistorio denunciaban igualmente el daño que se había producido al "tesoro municipal" por los gastos que ocasionaron a Tudela ante "el deseo de demostrar una adhesión que sirviese para merecer la permanencia en los cargos de la administración municipal". Por ello apostaban por subastar todos los "cuadros, estampas, folletos, libros, revistas?" que se habían colocado en dependencias municipales y que recordasen la "actuación del Gobierno dictatorial".

Mientras en todo el país crecía la apuesta por una República que se encargaba de promocionar, entre otros, Miguel Maura, en la capital ribera se hacía recuento la cantidad de dinero que se habían gastado inútilmente durante los seis años de dictadura los 92 concejales que ocuparon puestos en el Ayuntamiento.

El diario tudelano El Eco del Distrito, que fue multado por la censura en ocasiones con hasta 250 pesetas por sus artículos, recordaba, antes de la formación de un nuevo Ayuntamiento, que el desaparecido "es un sistema en el que ya nadie cree, y no obedece a más mandamiento que el de perseguir con prurito de dictadores, a todas horas y en todos momentos, a los que no opinaban como ellos".

Concluida la Dictadura, y coincidiendo con la subasta de los retratos, recordaban cómo algunos hicieron el agosto pagando "trescientas y pico de pesetas" por retratos que "como máximo valdrían 50 ó 60 pesetas". Tras el examen de las cuentas que hizo la nueva corporación entrante se estimó que Tudela en cinco años, entre 1924 y 1929, se gastó 18.711,82 pesetas entre homenajes, retratos, pergaminos para el nombramiento de hijo predilecto, viajes para asistir a homenajes, flores, esculturas para Primo de Rivera, cuadros para regalar y otros detalles.

Como ejemplos, el 19 de enero de 1929 se gastaron 995 pesetas en viajar a Madrid para entregar al dictador el pergamino del nombramiento de hijo predilecto o las 727 pesetas que pagaron por una pintura que se entregó como regalo al gobernador en una visita que realizó a la ciudad el 3 de octubre de 1928.

nueva corporación Como indicaba El Eco del Distrito el 4 de febrero de 1930 dirigiéndose a la antigua corporación, "la hora es de dimitir". A mediados de febrero se cumplió con esa predicción y el 26 de febrero se nombró el nuevo Ayuntamiento que siguiendo el Real Decreto estaba formado por 21 ediles, correspondiendo 11 a elegir entre "los mayores contribuyentes elegidos compromisarios para las elecciones de senadores" y los 10 restantes eligiéndose entre los ex concejales desde 1917.

Entre los once mayores contribuyentes se encontraban Julián Guallart, Vicente Ochoa, Mariano Sáinz, Miguel Aznar, Bernabé Segura, José Gaytán de Ayala, Eugenio Frauca, Eusebio Lirón de Robles, Felipe Moreno, Cándido Frauca y Remigio González a los que por elección se unieron Ruperto Cuadra, Roque Pinilla, Martín Amigot, Saturnino Castillo, Lucio Ledesma, Vicente Fernández, Luis Cuadra, Juan Rueda, Manuel Moneo y Amalio de Miguel.

Una vez que el 26 de febrero de 1930, a las 12, concluyó el acto de toma de posesión el público que asistió al salón de plenos del Ayuntamiento empezó a pedir a gritos que se retirara el retrato de Primo de Rivera que presidía la sala. Según relataba El Eco del Distrito, "de tal forma arreciaron las protestas que hubo necesidad de quitarlo a la vista del público que se calmó cuando había desaparecido. El mismo camino llevó otro retrato de Primo de Rivera que había en el despacho de alcaldía".

Esta corporación se mantuvo hasta las elecciones municipales que se convocaron a nivel nacional para el 14 de abril de 1931 y que trajeron consigo la Segunda República.

Una de las primeras medidas que adoptó el nuevo Ayuntamiento, tras un detallado análisis de las cuentas, fue la retirada del título de hijo predilecto para Primo de Rivera que se aprobó el 1 de mayo de 1930 siguiendo la petición de los 50 tudelanos que presentaron la moción. Apenas habían pasado unos meses desde el fin de la Dictadura.

Contrasta esta decisión hace más de 80 años con la retirada del título que tenía otro dictador, Francisco Franco, que se realizó 60 años después de su nombramiento (1947-2007) y tras la publicación del dato por DIARIO DE NOTICIAS; una retirada que contó con la abstención de UPN.