NOÁIN. A una decena de metros de la entrada del Acueducto de Noáin estaba ayer a mediodía el mago e ilusionista Pedro III, dispuesto a recorrer con las piernas y brazos encadenados, además de una capucha negra que le dejaba completamente sin visión, 500 metros de este conducto de agua del siglo XVIII a través de uno de los dos muros de la construcción, de 30 centímetros de ancho y que, en su punto más elevado, llegaba a los 20 metros de altura. Tras la identidad de Pedro III se esconde el corellano Pedro Usarralde Lázaro, de 40 años, casado y padre de una niña de 4, Celia. Su vida, la de ilusionista, lleva ligada a la magia desde hace más de 30 años, cuando "a los 8 o 9 años cayó en mis manos un libro de magia". Estos años han sido, según él, como "una bola que deja de ser un juego para convertirse en tu forma de vida".
Apenas unos minutos después de las 12.00 horas y momentos antes de comenzar la hazaña, este ilusionista, que lleva 18 años viviendo en Tudela, se mostraba "un poquito nervioso". Con esa sensación, eligió a un periodista para que le ayudase con las cadenas, así como con la colocación sobre los ojos de una pastilla de plastilina negra, sobre la que hincó dos cucharas metálicas, ató venda y cubrió con capucha, que también ató, haciendo así imposible la percepción de cualquier imagen. Después, 35 minutos de recorrido durante medio kilómetro ante la atenta mirada de decenas de curiosos.
Se fue el punto final a siete meses de ensayos en los que se recrearon los muros del canal, así como, según explicó el corellano, "las peores condiciones meteorológicas que pudiera haber". Y la que ayer no se quiso perder el espectáculo fue el fuerte viento, que jugó dos malas pasadas al ilusionista. "Han sido dos momentos en los que me he visto abajo", señaló. "Por suerte, el viento empujaba hacia la parte interna del Acueducto, y ahí siempre tenía la canaleta como apoyo". Este mago apuntó que el truco para que todo saliera bien era "trabajar la concentración, hasta tal punto que no oía nada", ni siquiera una avioneta que le pasó a pocos metros más arriba.
El objetivo de este ilusionista corellano no solo era llegar sano y salvo al final del recorrido de 500 metros, sino desatarse las cadenas y grilletes que llevaba atados a su cuerpo. Lo hizo con tres llaves que colgaban de la construcción, distanciadas las unas de las otras por un centenar de metros. Así logró superar este primer gran espectáculo, bajo el título Adrenalina, desafío vertical. Un primer reto de una serie que va a desarrollar con la hormona de la acción, la adrenalina, como protagonista. El escenario serán diferentes y famosas localizaciones navarras sobre las que el ilusionista no quiso revelar detalles por "falta de confirmaciones". Lo que sí adelantó fue que serán desafíos en velocidad, en agua y nocturna, al menos. El ilusionista corellano subrayó que estos retos buscan "el afán de superación". Todo esto supone para Pedro III una evolución tanto a nivel personal como profesional. "Si me hubieses dicho hace dos años que me iba a subir aquí, te habría dicho que no", declaró. "Esto es la búsqueda continua de mejora, de hacer cosas más espectaculares, que nadie haya hecho nada, que creen más magia", añadió.
PALMARÉS Pese a que su nombre artístico parece indicar un linaje mágico, lo del 3 le viene por ser la tercera generación de Pedros. "Soy el único mago de la familia". Usarralde pasó a ser Pedro III de forma autodidacta, recibiendo cierta formación "a través de varios congresos de magia y conferencias", explica. En su trayectoria, que le ha hecho recorrer varios rincones del Estado, así como de Europa, ha sido galardonado en diferentes ocasiones. Empezó a lo grande, proclamándose en el 2000 Campeón de España de Magia General. Más tarde recibiría otros premios como el primer puesto en el Congreso de magia de Francia (AFAP) en 2004 o el Premio TVE al Mejor Espectáculo un año antes.