Mezkiritz, entre el ‘ttunttun’ y la guadaña
Formas de vida, trabajo y costumbres de antaño se mezclan en el recién publicado cuaderno de fotografías de Mezkiritz, cuya misión es mantener viva la memoria de los antepasados
Desde el mes de marzo, Mezkiritz cuenta con un compendio de fotografías sacadas entre 1910 y 1960, gracias a la colaboración de sus vecinos. Unas imágenes que ofrecen un testimonio gráfico de los modos de vida, de trabajo, de ocio y de tradición, que ya nunca más volverán y que es necesario recordar para conocer nuestras raíces y, por ende, nuestra verdadera identidad.
En aquellos años, las familias que vivían en Mezkiritz eran numerosas, de ahí su alto censo de población (300 habitantes en 1910) comparando con los 50 de hoy en día. En la mayoría de casas, tenían cerdos, vacas, ovejas, gallinas o yeguas en las cuadras y mantenían vivas tradiciones como el matatxerri (matanza del cerdo). También tenían huertas, donde cultivaban patatas, puerros, cebollas o zanahorias.
LABORES EN EL CAMPO Como en el resto del Pirineo, hasta los años sesenta el cultivo predominante era el cereal, sobre todo el trigo, que se usaba para elaborar pan. La siega del cereal solía hacerse en agosto y hasta los an?os cuarenta se segaba con la hoz. Ya en 1950 se introdujo una máquina segadora tirada por bueyes o vacas.
Para separar el grano de la paja, se trillaba en las eras con caballerías. Después, se recogi?a el grano, la ca?scara y otros restos pequen?os de paja, los cuales se eliminaban en el aventado. Y, por último, se obtenía el grano final con ayuda del cedazo.
En verano, además de hacer los lotes de leña para poder cocinar y calentar las casas en invierno, también tocaba hacer las hierbas. Largas jornadas de sol a sol en las que toda la familia participaba, incluidas las mujeres, para asegurar el alimento al ganado durante el invierno. Con ayuda de una taila (guadaña en euskera), segaban la hierba que luego extendían por los prados dándole varias vueltas, con el fin de dejarla secar. Después, se apilaba en montones y se transportaba, con carros y bueyes, a las cuadras de la casa.
Había además otras labores que hacían las etxekoandres como lavar o tejer la ropa y otros oficios como el cucharero o el espartero-cestero, presentes en el pueblo hasta hace alguna década.
fiestas y religión Pero los mezkiriztarras no sólo se dedicaban a trabajar, también tenían días reservados para el ocio. Las fiestas de Mezkiritz se hacían en honor a San Cristóbal, el 10 de julio, y eran esperadas durante todo el año por sus vecinos. La plaza era el lugar de reunión, donde bailaban el ingurutxo al son del ttunttun (txistu) y el tamboril. A veces también venían músicos de Lumbier que amenizaban el pasacalles. Cuentan que cuando llegaron los bailes agarrados, en esa época vistos como pecado, el cura de Mezkiritz solía observar la danza desde el campanario y tocaba las campanas mientras durara el baile, hasta que en 1933 les prohibió a las mujeres volver a bailar.
Es evidente que la Iglesia siempre ha estado muy presente en la vida del pueblo y prueba de ello son otras celebraciones religiosas, como el Día de San Sebastián, cuando se juntaban para hacer una misa, una ofrenda y una comida especial. O la Romería a Roncesvalles, donde peregrinaban junto a los demás valderranos hasta Orreaga, no sin antes tomar un almuerzo en el alto de Mezkiritz. Pero, sin duda, una tradición señalada era la Romería a la Ermita de San Miguel, de la que, por suerte, se conservan fotografías antiguas. El 29 de septiembre, en plenas fiestas txikitas, todo el pueblo se reunía para ascender a la Ermita, una costumbre que aún pervive. Según la tradición, las mozas iban a pedir al santo un buen marido. Para acudir a la iglesia o a las romerías, las mujeres mayores del pueblo solían llevar kapusais, un especie de sayo o capa negra que cubría todo el cuerpo y que llegaba hasta los tobillos. A estas mujeres les solían decir atso zarra mukizu, sobra malizie badakizu (vieja mocosa, sabes demasiadas malicias).
ESCUELA Y EUSKERA Conforme la población iba aumentando, en 1927 se construyó la casa escuela actual. En Mezkiritz, anteriormente, según los testimonios de los mayores, las clases se impartían en el atrio de la iglesia, en un piso los niños y en otro las niñas, como se aprecia en una de las fotografías antiguas. La escuela fue unitaria hasta los años 50, cuando ante tal cantidad de alumnos, 48 en el año 1956, se vieron obligados a separar a chicas y chicos.
Aunque el idioma que empleaban en las clases era el castellano, hasta los años 30 en las casas se hablaba euskera. Mezkiritz es uno de los pueblos donde más se conservó el euskera del valle, debido a su situación alejada de la carretera. La oriunda de Mezkiritz Perpetua Saragüeta, una mujer con una personalidad excepcional que siempre mostró el amor por su tierra natal y por su lengua, dejó un valioso legado escrito en euskera. Indudablemente, esa presencia del euskera en aquellos años quedó patente en la toponimia y oiconímia que aún hoy se conserva, como queda manifiesto en este valioso libro etnográfico.
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