La XXXII Subida al Cerco en Layas volvió este domingo a teñir de tradición, equilibrio y mucho esfuerzo las empinadas calles de Artajona. Coincidiendo con la fiesta de San Saturnino, patrón de la localidad, veinte layalaris —dieciocho adultos y dos infantiles— afrontaron los 65 metros de ascenso a un 30% de pendiente sobre el adoquín de la calle empedrada. La victoria absoluta fue para Ibai Moneo, de Gares, que se estrenaba en Artajona y lo hizo por todo lo alto. Completaron el podio sus paisanos César Ollo y Aran, lo que dejó una fotografía final claramente dominada por Gares. En la categoría infantil, el más rápido fue Eneko de Jesús, seguido de Ona Kromo.

Ibai no escondía su sorpresa al terminar. “En Artajona es la primera vez que participo y en Gares llevo ya tres años corriendo. Lo mejor que había quedado había sido cuarto. Así que aquí ha sido debutar y ganar a los viejos”, comentaba entre risas. Su carrera, explicó, tuvo un punto extra de emoción: “He ido atrás al principio, he remontado al final y he conseguido ganar. Ha sido una experiencia muy bonita”. El vencedor reconoce que la afición le viene de casa: “Llevo subido en las laias desde txiki. Mi padre lleva todos estos años participando tanto en Puente la Reina como en Artajona; también es de los organizadores. Desde txiki he ido subiéndome a las layas hasta llegar aquí y poder ganar”.

La historia

La prueba, organizada por la asociación Nafar Laiariak, mantiene vivo un juego tradicional que se ha convertido en un pequeño símbolo deportivo en la zona. Las layas —instrumento de labranza formado por dos púas de hierro y un mango de madera, usadas por pares— arrastran una historia milenaria. En Navarra se atribuye su invención a un monje castigado que, para librarse de su pena, ideó una herramienta que permitiera trabajar la tierra sin pisarla; en Bizkaia, sin embargo, la autoría se le concede al mismísimo diablo. Sea como fuere, su uso acabó derivando en apuestas y juegos entre vecinos tras las labores del campo, origen de las actuales carreras.

Desde 1984, cuando varios vecinos de Puente la Reina decidieron organizar una competición para ver quién corría más rápido sobre ellas, estas pruebas se han convertido en un espectáculo singular, lleno de emoción, implicación popular y mucha destreza. Ese espíritu se mantiene intacto en Artajona, donde, además de los premios tradicionales —queso, jamón o la clásica cuchara de palo—, lo que pesa es el ambiente festivo y la sensación de repetir un rito antiguo.