Hola personas, tras el parón del domingo pasado, aquí estoy otra vez para empezar el año con un nuevo ERP y, para que ello sea literal, escribo esto la mañana del día 1 de enero.
En primer lugar desearos a todos unos próximos 365 días, felices, sanos, dichosos, divertidos, vivos, amorosos, con bien de pasta, en los que los buenos momentos no dejen lugar a los chungos, un año que sea tan bueno, tan bueno, que barra del mapa todos los malos rollos que la década va dejando, que no son pocos, y los sustituya por paz, progreso, entendimiento entre los grandes, luz en las cabezas de quienes nos gobiernan, y que todos aquellos megalómanos que invaden, imponen, dogmatizan, excluyen, y toman decisiones dolorosas para mucha gente, sin tener la más mínima empatía con los afectados, se vayan a negro y dejen paso a otros que sean capaces de llevar las riendas del mundo con la cerradura de los cuarteles cerrada con cuatro vueltas.
Este pasado año, como pasa todos los años, ha sido el último para muchos seres queridos, humanos y un poco menos humanos. En casa, el día 29, como guinda del año, nuestra perrita Cleo nos dejó. Ha sido muy triste, estaba mala, dejó de comer, de beber y de sus contrarios, sus riñones habían dejado de funcionar, sabíamos que en cuestión de días se iría a ladrar y a jugar con su pelota a otros mundos. Ha estado 12 años con nosotros y ha sido 1 kilo y medio de alegría, cariño y felicidad a cada instante. En fin, así es la vida. Adiós, Cleo, vuela alto. Has sido una compañera excelente. Nunca te podremos olvidar.
Esta noche ha sido la famosa Nochevieja, la noche esperada por muchos durante todo el año, noche de desmadre, juerga y jolgorio ecuménicos. Ya hemos hablado de ella en otros “paseantes”. En mis tiempos mozos la vivía con toda intensidad y raro era el año en el que no veíamos su primer amanecer desde algún tugurio. Los cuerpos cambian, y aquel que ayer festejaba sin medida, hoy no festeja nada. Mis dolores en los remos inferiores han vuelto y no estaba yo de humor para nada, así que decliné las ofertas que, amablemente, se me hicieron para acudir a cenas y fiestas y me quedé solo en casa, como Macaulay Culkin. Ante mi patente soledad, no me puse las galas y cené en zapatillas, tampoco monté la mesa de las celebraciones y lo hice en la modesta mesa de mi cocina. El menú fue de lujo: empecé con una deliciosa, calentita, humeante y reconfortante sopa de pescado, con sus buenos tropezones de habitantes marinos, y seguí con una tortilla de patatas “cinco jotas”, que acompañé con un chorizo a la sidra que emergió de una lata, de la afamada marca Arbizu, que me tocó en la tómbola de Cáritas este verano, y de unas tostadas con un paté de oca de la casa Etxenike, cuya lata tenía la misma procedencia que la anterior. Al final cené gracias a Cáritas Diocesana. No hubo postre. No soy amigo.
Anduve haciendo cosas, pasatiempeando, hasta que dieron las 23,55, puse la tele y vi la UNO, como toda la vida, y, con las campanadas de la Puerta del Sol, ya me di por enterado del cambio de año; jamás tomo uvas; apagué la caja del ruido; mandé y recibí algún WSP de buenos deseos, y me fui a mis cosas de nuevo. No trasnoché.
Esta mañana me he levantado a buena hora y he salido a dar el primer paseo del año. El termómetro marcaba 2 grados así que me he protegido, buen chaquetón, pantalón de pana, guantes, bufanda, gorro y braga. Considerando mis afecciones motrices, no he tenido más remedio que desanclar la máquina número 261, que el Ayuntamiento pone a mi disposición, y dar mi paseo a golpe de pedal.
Me he dirigido hacia el sur, tras pasar los jesuitas la calle Tajonar presenta una divertida cuesta abajo que he tomado, pero… hoy las sensaciones han sido encontradas, al gusto de la velocidad sin esfuerzo, se enfrentaba el disgusto del frío, que, si bien en el mercurio decía 2 grados Celsius, la sensación, al ir bajando montado en la bici, era de 2 grados Fahrenheit.
He llegado a la rotonda de la calle de las Bardenas Reales y la Avenida de Cataluña, he tomado por esta última y, dejando a mi izquierda la Mezquita Asalam, he avanzado unos metros y he abandonado la avenida, entrando en uno de los caminos que atraviesan los jardines del parque Alfredo Landa, para llegar a la calle de Isabel Garbayo (fundadora de Villa Teresita). En ese punto me he dado la vuelta y me he detenido a mirar el nuevo barrio con perspectiva y espacio. Era la ciudad fantasma, no había nadie, cero, ni un alma, el silencio era ruidoso. La población de Lezkairu es joven y la nochevieja es cita obligada.
He tomado una bocacalle, la de Fidel Lázaro Aparicio (Guardia Civil asesinado por ETA en 1983) y he salido a la de la pintora cascantina Adela Bazo, por ahí he empezado a ver gente paseando perros, a perros paseando gente y a deportistas irredentos dándolo todo. Esta es la última calle de Pamplona lindante con Mutilva. Por ella he llegado a la del Valle de Egüés, por la que he subido, apretando las pedaladas, hasta la Media Luna. He entrado en el parque de mi infancia felicitando el año al Dr. Huarte de San Juan que está impertérrito en el bajorrelieve que de él realizó Fructuoso de Orduna. Me he acercado a la barandilla y he deseado buen año a toda la vega del río, a la Txan, a la Magdalena, a la Catedral, a Villava y a Burlada, no me he dejado a nadie.
De la Medialuna he salido por la pasarela que fue de diseño y he entrado de lleno en lo viejo donde aún quedaba alguno recibiendo el año.
Pero eso será para otro día.
Besos pa tos.
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