Para quienes poseen determinados dones como la imaginación, la creatividad y el arte, tratar de sujetar la mente y encauzarla hacia la creación supone la mejor terapia. Más si esa creación va destinada al disfrute de los demás. Ése podría ser el lema de la castejonera María Ángeles Vicente Pérez (Nines), cuya inventiva y pasión por hacer disfrutar a sus vecinos y vecinas, y ella misma con esa tarea, le ayudó a salir de un período oscuro que vivió hace años.

Para Nines y su familia, 1991 fue un año importante “con muchas emociones”, ya que en marzo, nació el hijo de su hermano, que era el primer sobrino y nieto de la familia. La alegría del nacimiento se vio perturbada solo dos meses después con el fallecimiento de su hermana mayor, Begoña, “y la vida se tornó gris, tirando a negro, y por unos instantes todo perdió sentido. Nos centramos en nuestro chiquillo, y remando como pudimos intentamos salir a flote”. Así, comenzó a dar rienda suelta a su imaginación y a sus ganas por crear, “dimos alas a nuestro corazón, y en los carnavales de 1992 compramos un disfraz para el bebé y lo llevamos al desfile. Así lo hicimos durante dos años, hasta que a mi cuñada se le ocurrió que podríamos hacer una carroza en el camión en el que yo trabajaba” (Nines Vicente conducía un camión). Así, la familia Vicente pasó a ser uno de los fijos en los Carnavales por sus espectaculares disfraces y montajes y comenzó la tradición de salir en Carnavales como una forma de terapia. “Nos permitimos disfrutarlos durante muchos años”, ya que tanto Nines como su familia eran muy habilidosos y elaboraban unas carrozas y disfraces espectaculares, todo hecho a mano.

Tiempo oscuro

Más tarde, preparó festivales para niños, y durante al menos 4 años, la Plaza España de Castejón se llenó de gente para ver cantar y bailar a sus hijos, nietos, primos, sobrinos.... Pero, sin previo aviso, todo se tornó negro, “caí en una profunda y severa depresión que me mantuvo alejada del mundo durante 13 años. Durante ese tiempo, un profesional me aconsejó que nunca dejara de crear, ya que, según sus palabras, tenía un mundo interior extraordinariamente rico. Aquella frase se me quedó clavada”.

Curiosamente, cuando llegó la pandemia del Covid, y muchos se encerraron en sí mismos, Nines volvió, poco a poco, a ver la luz y a salir de aquel pozo negro; la depresión estaba dando los últimos coletazos. “Empecé a pensar que debía retomar mi faceta creativa. De ahí surgió la idea de recoger cartas de todos los niños de Castejón lanzadas desde las ventanas, y busqué voluntarios que quisieran ser elfos por un día y hacer felices a todos los niños, ya que estábamos confinados y no se podía salir a la calle”.

Solicitó permiso al Ayuntamiento para recorrer Castejón con las bicicletas llenas de globos e ilusión y así fue cómo Castejón vivió un día feliz por ver a los niños y niñas teniendo la posibilidad de que se recogieran las cartas, tanto de Papá Noel, como de Olentzero y de Reyes Magos en un año tan difícil. Durante seis años han continuado recorriendo las calles de Castejón, una tarea que incluso trasladaron a Tudela. “Solicité colaboración con asociaciones de niños con discapacidad. Fue un acto precioso del que conservo vídeos y fotos”.

Nada más terminar la pandemia, se mudó a la Avenida del Ferrocarril en Castejón donde frente a su casa había un gran espacio sin uso que podía adecentar y decorar “en fechas como Halloween y Navidades, con la intención de que la gente, especialmente los niños, disfruten de los escenarios que, siempre con la ayuda de mi pareja Iñaki, preparamos.

Este año 2025, apostó por algo especial, que tuviera relación con la historia de Castejón, para recordar y hacer un reconocimiento a las personas que han formado parte de la vida de la localidad y han quedado en el recuerdo de muchos castejoneros y castejoneras que nacieron en 1965 ó 1966. “Cuando iban a esperar la llegada de algún familiar adquirían los librillos de joyas literarias juveniles o tebeos en el kiosco de la estación que regentaron Dolores Atienza González (La Lola) y después Felisa Mendijón Atienza la última persona que estuvo al frente del kiosco hasta 1991”.

Dicho y hecho, Nines no se dejó ningún detalle de una famosa foto de principios del siglo XX y añadió la escultura de Fausto Díaz La Espera. “También quería hacer un homenaje a los castejoneros autores de libros, como Javier Velaza, Monserrat Del Rio, Eloy Tejada y Herrero, Mari Carmen Navascués cirbonera y castejonera, así que decidí que algunas de sus obras lucieran en las estanterías del kiosco”. No falta el tabaco, la prensa de la época, novelas de Estefanía, revistas de moda ni décimos de lotería de la época premiados.

Todo el material utilizado para el kiosco de la Lola ha sido reciclado, “eso si las novelas del oeste son de verdad, eran de mi padre José” afirmó Angelines. Para elaborar el kiosco les ayudó mucho a Nines y a su pareja la fotografía del kiosco de la estación en 1918 regentado entonces por Hilario Tejada que sale en la imagen.