Una de las primeras noches tras triunfar el Golpe de Estado del 18 de julio de 1936 en Tudela, dos pistoleros falangistas dispararon varias veces contra Teodoro José Goñi Ayerbe, conocido como El de la Soli, muy cerca de La Peñica, un lugar emblemático de Tudela al final del paseo del Prado. El sobrenombre de El de la Soli se debía a su filiación al sindicato anarquista Solidad Obrera.

El asesinato fue llamativo porque se hizo de forma individual (no era muy habitual en aquellos meses de matanzas en grupo en Tudela) y porque se llevó a cabo en la propia ciudad, algo que no sucedió más que en el caso del primer asesinado en Tudela, Saturnino Melero Pinchimono, disparado por la espalda en la plaza de San Francisco el 19 de julio por dos falangistas de Buñuel que días antes habían discutido con él en un burdel de la Cuesta de Loreto.

Ese tipo de ejecuciones, como la de Goñi o Melero, denotan algo personal. Pero ¿quién fue Teodoro Goñi? Muchos de estos asesinados quedaron abandonados en el suelo y el olvido arrastró sus vidas siendo apartados para siempre de la historia. Los documentos y los periódicos pueden ayudar a dibujar, al menos, un boceto de lo que fue sus vidas y traer, por un momento, el legado del luchador Teodoro Goñi

Muchos de los asesinados quedaron abandonados en el suelo y el olvido arrastró sus vidas siendo apartados para siempre de la historia.

Nacimiento

Nacido en Bidaurre, un pequeño pueblo cerca de Pamplona, el 11 de septiembre de 1898, y se casó con Emilia Larrea Aranburu, alrededor de 1923. Emilia era hija de Francisco Antonio Larrea y de Martina Aranburu, de Legazpi, donde tenían el caserío llamado Frailenea. Tuvieron 4 hijas, pero la cuarta, Francisca, murió muy pequeña de difteria. Sobrevivieron tres: Bibiana (1897), Emilia (1899) y Juliana (1907), si bien la familia crió a otro pequeño, Justo San Miguel, traído de una inclusa de Oñati.

Teodoro y Emilia vivieron en varios pueblos y desde muy joven se relacionó con la lucha obrera y el anarquismo. Trabajaba en imprentas y defendía sin temor y públicamente su ideología, lo que le acarreó muchos problemas. En 1924 nació en Rentería su primer hijo, Antonio, sin embargo debieron trasladarse a vivir a Tolosa ya que en esa ciudad guipuzcoana nacieron sus otros dos hijos, Ignacio (1925) y Ángel Goñi Larrea (1926). Pese a que no era habitual entonces, Teodoro y Emilia, que no procedían de un entorno especialmente instruido ni privilegiado, sabían la importancia de la educación, ya que en 1936, en el documento de su empadronamiento aparecía que todos los hijos sabían leer y escribir.

Carta de Teodoro Goñi pidiendo permiso para la celebración de un mitin en Tudela. Archivo de Tudela

Por lo que se puede encontrar en prensa, en 1933 había cambiado nuevamente de trabajo y se encontraba en Zaragoza, viviendo en la calle del Temple, número 11. Es de suponer que lo hacía con su familia, pero en ese mismo documento de empadronamiento se indica que para 1936 llevaban ya 3 años viviendo en Tudela. Trabajaba desde el 30 de septiembre en una imprenta de la plaza de San Miguel de Zaragoza, propiedad de Eugenio González Vergara. Ya entonces militaba en el sindicato CNT y su papel no debía ser menor, ya que el 3 de octubre de 1933 fue una de las personas que intervino en un mitin en la plaza de toros de la capital aragonesa ante 3.000 personas. Se celebró la Asamblea General de la Federación Local de Sindicatos, donde, “bajo la presidencia de Joaquín Ballesteros Torrens, hicieron uso de la palabra Teodoro Goñi, Felipe Orquín, Casanova, Abós, Vallejo, Ejarque, Pina Solanas y Álvaro Peraltes”, algunos de ellos fueron los cabecillas del movimiento anarquista y libertario que tuvo lugar el 8 de diciembre de 1933.

La revolución

Aquel día se puso en marcha una huelga general revolucionaria acompañada de la actuación de milicias armadas que tuvo su epicentro en Zaragoza, Aragón y La Rioja que pretendía implantar el comunismo libertario, y que también se extendió por Extremadura, Andalucía, Cataluña y la cuenca minera de León. La decisión se tomó nada más conocerse el resultado de la primera vuelta de las elecciones de noviembre de 1933 en un Pleno Nacional de la CNT celebrado en Zaragoza el 26 de noviembre, del que salió un comité revolucionario encargado de organizarla e integrado, entre otros, por Buenaventura Durruti, Cipriano Mera, Antonio Ejarque o Joaquín Ascaso. Se inició el mismo día en que se reunían las nuevas Cortes republicanas tras la victoria electoral del centro-derecha del Partido Republicano Radical y de la derecha católica de la CEDA.

El documento intervenido a Goñi, finaliza destacando el objetivo final de la insurrección: “a cada uno según sus necesidades y a cada uno según sus fuerzas”

El 8 de diciembre de 1933 por la mañana, el Gobernador Civil de Zaragoza, Elviro Ordiales, ordenó el cierre de los locales de CNT en la capital aragonesa y desplegó a los Guardias de Asalto, Brigada Social y al Ejército por la ciudad, empleando carros de combate, ametralladoras e incluso aviones. Se había proclamado la huelga general bajo el lema "Frente a las urnas, la revolución social". Por la tarde llegaron los primeros enfrentamientos armados en las calles de Zaragoza, que tendrían como consecuencia la muerte de 12 personas. Los tiroteos se sucedieron durante los siguientes 6 días. Hubo incluso un intento de asalto a las prisiones de la ciudad, en Torrero y el Palacio de la Aljafería, donde se encontraban presos anarquistas. El gobernador civil ordenó el cierre de teatros, casinos y cafés y los obreros paralizaron autobuses, taxis o tranvías.

Finalmente, la insurrección se sofocó el 14 de diciembre, y al día siguiente la propia CNT puso fin a la huelga y a la insurrección. El balance se acercó al centenar de muertos (la mayoría militantes anarquistas) y miles de heridos en ambas partes.

Teodoro Goñi fue detenido el 18 de diciembre y se le abrió proceso por un delito contra “la forma de Gobierno” junto con Buenaventura Durruti (muerto en 1936), Miguel Abós (exiliado en Francia), Santiago Baranda (fusilado en 1936), Joaquín Ascaso (exiliado en Venezuela), y los hermanos Augusto y Miguel Alcrudo (fusilados en 1936), algunas de las personas más importantes del anarquismo español y aragonés.

Periódico 'La voz de aragón' del 22 de diciembre de 1933 con la noticia sobre Teodoro Goñi. Archivo

En su detención como “dirigente extremista”, se le intervinieron a Teodoro Goñi 2.000 pesetas (más de lo que ganaría un jornalero en un año) cuyo origen no explicó y un documento interno de la CNT en la que se detallaba cómo debía realizarse el levantamiento anarquista y que fue difundido íntegramente por los periódicos. En ese documento, que finaliza destacando el objetivo final de la insurrección: “a cada uno según sus necesidades y a cada uno según sus fuerzas”, se explicaba que se quería “emanciparnos de las instituciones que nos aplastan” para que las empresas “no produzcan para ganar más dinero, sino con miras a la utilidad y a las necesidades colectivas”.

Organizados en grupos de 5 ó 6 individuos, los militantes más conocidos debían “esconderse para no ser detenidos, hasta que la insurrección comience a dibujarse” y pasaba por impedir el transporte público para lo cual había que “volar viaductos y puentes, hacer saltar los hilos eléctricos y teléfonos”. Como forma de actuación, la dirección de la CNT aconsejaba que “en las ciudades con grandes avenidas sería estúpido hacer barricadas, pero las calles tortuosas pueden ser de utilidad para luchar contra la caballería y los autos. En las calles no adoquinadas talar los árboles, en las empedradas, levantar los adoquines”.

Eso sí, era fundamental que el pueblo desde el primer día de la Revolución notara una mejora en su vida. “Se debe obrar en lugar de discutir. Prediquemos con el ejemplo, que es la única propaganda comprendida en período revolucionario. Los primeros edificios que deben arder son los que representan vestigios del pasado: iglesias, conventos, cuarteles, cárceles, juzgados, jefaturas, alcaldías y tugurios. Quemad todos los expedientes administrativos, los títulos de propiedad, acciones y obligaciones, actas notariales e hipotecas. Al fuego, especialmente, los archivos oficiales, títulos de esclavitud de la Humanidad impuesta por soldados, policías y magistrados”.

Mitin de la CNT celebrado en el teatro Cervantes de Tudela en 1936. Archivo de Tudela

El juez le condenó al pago de 20.000 pesetas y dado que era imposible que la pagara le mandó a prisión, de donde salió el 29 de abril de 1934. Sin embargo, la mancha de la detención le acompañó y al volver a su empleo el 11 de mayo su jefe no lo admitió por lo que acudió al Jurado Mixto que falló en su favor y el 2 de junio volvió a la imprenta. El 17 de junio se repitió la situación, y también el 31 de junio, cuando fue despedido “por falta de trabajo”. Finalmente, el 4 de julio cuando se presentó en la imprenta, Eugenio González, su jefe, se volvió a negar a contratarlo por lo que, según los periódicos, Teodoro sacó una pequeña pistola Demón de 7,65 mm., al verla, el hijo del impresor saltó a por él y le desarmó, persiguiéndole por la calle y disparándole, con la fortuna de que la bala le atravesó el pantalón sin herirle. Ambos fueron detenidos y a Teodoro Goñí se le condenó a seis meses y un día por posesión de armas sin licencia. El anarquista declaró que la mujer del impresor, Pilar Fando, al verlo le espetó que “si tuviera una pistola te pegaría un tiro”, a lo que él contestó “yo la llevo, pero no pienso hacer uso de ella”, momento en el que el hijo saltó a por él. Teodoro Goñi salió de la prisión en febrero de 1935 y la situación hacía evidente que no podía quedarse a trabajar en Zaragoza, donde estaba señalado.

Todo apunta a que a mediados de 1935 llegó a Tudela con su familia, donde se instaló en la calle Pasaje número 11, 1º Izda y siguió trabajando en imprenta y vendiendo periódicos, aunque el padrón indica que en 1936 ya llevaba tres años viviendo en la capital ribera. Dada la cercanía de Zaragoza, es seguro que en Tudela se conocían sus antecedentes, su paso por la cárcel y que estaba señalado, pero él no cambió de ideales.

A mediados de 1935 llegó a Tudela con su familia, donde se instaló en la calle Pasaje número 11, 1º Izda y siguió trabajando en imprenta y vendiendo periódicos, aunque el padrón indica que en 1936 ya llevaba tres años viviendo en la capital ribera.

Marcha a Tudela

Tras más de dos años en que la CNT fue prohibida y sus locales cerrados como consecuencia de la Revolución de 1933, el 25 de enero volvieron a poner en marcha su actividad política en Tudela y la llegada del de Bidaurre reactivo al sindicato. Fue Teodoro Goñi quien pidió permiso a las autoridades para celebrar el 25 de enero un mitin de la CNT a las 9 de la noche en el Teatro Cervantes. “Tras más de dos años de silencio forzoso va a dejar oír su voz en Tudela y a reafirmar sus postulados” decía el panfleto impreso por Imprenta Castilla. No sería extraño, que Goñi encontrara trabajo de esta imprenta de Maro Castilla, fusilado por ser propietario de uno de los periódicos más izquierdistas de Tudela, El Eco del Distrito. En el mitin tomaron la palabra Luis Montulio (del comité nacional de la CNT que llegó a ser Ministro del Gobierno de la República en el exilio) y Feliciano Subero (uno de los ideólogos de la CNT).

De esa manera el 11 de abril nació en Tudela el Sindicato Único de Trabajadores (órgano de la CNT), una de las decisiones que se adoptaron en la reunión del Teatro Cervantes. La asamblea para su creación se realizó en el salón de actos del Ayuntamiento de Tudela donde votaron y aprobaron los estatutos, aunque en un principio se iba a celebrar en el bar Los Bohemios en la calle Muro, 8 (actual Restaurante Iruña), local de la Sociedad de Agricultores. Goñi realizó de nuevo la petición por escrito del salón al Consistorio.

Pocos días después, el 27 de abril, el Teatro Cervantes acogió de nuevo un gran mitin de la CNT que contó con la presencia de grandes líderes anarquistas nacionales Cristóbal Caballero y Juan Aldave, de Pamplona (el segundo murió asesinado) y Adolfo Arnal y Ángel Chueca, de Zaragoza (el segundo murió también fusilado). El alcalde Epifanio Cruchaga (escondido en 1936 y exiliado a México) envió al mitin al alguacil Antonio Castro (fusilado en los primeros días tras el 18 de julio) para que vigilara el orden en el mitin y éste un día después envió un informe en el que señalaba “no ocurrió ninguna novedad habiendo asistido unas 500 personas”. Como curiosidad, las peticiones firmadas por Teodoro Goñi señala que tenía 38 años, pese a que había nacido el 11 de septiembre de 1898.

Creación y asamblea del Sindicato Único de Trabajadores en Tudela. Archivo de Tudela

Ante la presencia de tanto documento, la confirmación de su actividad pública y su pasado carcelario, resulta evidente que Teodoro Goñi estaba en alguna de las listas que circularon y ni siquiera hizo falta que lo detuvieran, ya que no pasó por la cárcel de Sementales.

El asesinato

Según cuenta Jimeno Jurío, una de las primeras noches después del 19 de julio de 1936, el falangista Antonio Uguet de Resayre ordenó a El Chilpi y a Sola El Chato, que asesinaran a Teodoro José Goñi Ayerbe, de 37 años, y así lo hicieron. Se fueron hasta el final del paseo del Prado y “en un punto indeterminado del Ebro, más abajo de la Peñica, le pegaron varios tiros, algunos de ellos en la cara para impedir su reconocimiento” y abandonaron su cuerpo. Al comunicar que habían cumplido la orden pero que habían dejado el cuerpo en la orilla, Uguet de Resayre “les ordenó que volvieran, lo enrollaran en una manta y lo arrojaran al Ebro”, como así hicieron. El cuerpo fue encontrado el 27 de julio en el paraje conocido como Congosto, entre Fustiñana y Buñuel. Sus restos se enterraron en el cementerio de Buñuel.

El hijo mayor, Antonio, viajó con tres sobrinos a Buñuel para tratar de recuperar los restos de su padre Teodoro. El hijo reconoció enseguida el esqueleto de su padre por la llave de casa que aún llevaba en el cinturón del pantalón.

Emilia, viuda y con tres hijos aún muy pequeños, decidió abandonar Tudela, donde estaban señalados y se encontraban sin apoyos en una ciudad sin apoyos y rodeados de enemigos. Les iba a ser difícil sobrevivir. Un sobrino nieto de Emilia, el sacerdote Félix Ibargutxi, cuenta en un libro sobre los caseríos de Legazpi cómo volvieron al caserío de sus padres, si bien como no cabían todos en Frailenea, algunos se quedaron en Legazpi. Años después el hijo mayor, Antonio Goñi, se fue a Caracas a finales de la década de los 40, donde ganó dinero montando una tienda de alimentación. Al regresar en 1961, abrió el café Caribe en Legazpi y el bar Gurrutxaga. En la década de 1960, Antonio, y tres sobrinos (el sacerdote Félix Ibargutxi y Juan y Antonio Bereziartu) viajaron hasta Buñuel para tratar de recuperar los restos de su padre Teodoro. El hijo reconoció enseguida el esqueleto de su padre por la llave de casa que aún llevaba en el cinturón del pantalón.

Antonio se fue a vivir a Madrid, junto con su madre Emilia y sus dos hermanos, Ángel e Ignacio, y falleció en 1995.