Hoy en día el antiguo palacio de cabo de armería de Elío es un enorme caserón cuadrangular, habitualmente deshabitado, compuesto por cuatro alas que limitan un patio central, y con una vetusta torre rectangular, núcleo originario y medieval del palacio, que preside el conjunto desde uno de sus ángulos. Es posible que Joaquín Elío naciera en él, aunque la mayoría de los autores sitúan tal evento en la capital, Pamplona, el 17 de agosto de 1806. Nació del matrimonio formado por los pamploneses Joaquín Elío Olóndriz y Mª Concepción Ezpeleta Añoa que, además del propio Joaquín, tuvieron tres hijos más, llamados Luis, Salvador y Maravillas. Fueron abuelos paternos Andrés Elío Jaureguízar y Bernarda Olóndriz Echaide, y los maternos Miguel Ezpeleta y Luisa Añoa. Joaquín Elío se casaría con una prima carnal suya, nacida en Montevideo (Uruguay), llamada María Dolores Elío Leizaur, con la que tuvo un hijo llamado Juan Elío Elío (1840-1898).

Las familias Elío y Ezpeleta pertenecieron a la más antigua nobleza medieval del reino, teniendo ambos apellidos su asiento en la nómina de palacios de cabo de armería de Navarra, con los números 76 y 21, respectivamente. Los antepasados de Joaquín ostentaron además títulos como marqués de Góngora y marqués de Besolla, y entre sus apellidos se mezcla la sangre de linajes originariamente beaumonteses como el propio Elío, Ayanz, Donamaría, Echaide y Beaumont, con clanes agramonteses como los Ezpeleta, Jaureguízar o Vélaz de Medrano. Entre sus parientes y antepasados, además, aparecen numerosos destacados personajes del reino, como por ejemplo Luis Elío Goñi, militar muerto en la batalla de Pavía (Italia) en 1525, José Elío Ayanz, nombrado primer marqués de Besolla por su intervención al frente de los tercios navarros en 1684, o José Elío Jaureguízar, oidor del Consejo Real de Navarra y alcalde de Pamplona en 1688. Su tío (y futuro suegro) Francisco Javier Elío Olóndriz, por último, fue gobernador de Montevideo y virrey de Río de la Plata, antes de ser nombrado capitán general de Valencia.

En Valencia

Desconocemos los pormenores de los primeros años de vida de Joaquín Elío, aunque es lícito pensar que los pasaría entre la mansión de la familia paterna, actual palacio de Besolla, a la entrada de la calle Nueva desde la Taconera, y el palacio de los Ezpeleta en la calle Mayor (antiguo colegio de Teresianas), que su familia materna había comprado a la familia Echeberz en el año 1800. Sin olvidar estancias en el viejo solar originario de los Elío junto a Etxauri, o en cualquiera de los muchos señoríos que su familia contaba a lo largo y ancho de Navarra. Lo que sí sabemos es que a los 12 años había iniciado ya su formación militar como cadete de infantería. A tal efecto marchó a vivir con su tío Francisco Javier, que por aquel entonces había vuelto de su destino en América, y ostentaba el cargo de Capitán General de Valencia. Su tío lo envió a estudiar al Real Colegio de Gandía, y allí se encontraba cuando estalló la guerra civil de 1820-1823, entre realistas y constitucionales, que acabaría con la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis y la restauración absolutista de Fernando VII. En el transcurso de la guerra su tío Francisco Javier, que era considerado uno de los elementos más destacados del bando realista, fue detenido y condenado a garrote vil, una ejecución que se consideraba ignominiosa, y que se llevó a cabo además en público, para mayor escarnio. Ello motivó que el joven Joaquín se alistara en el bando realista, combatiendo en la guerra y alcanzando el grado de capitán. De regreso a casa, el recién repuesto rey Fernando VII recompensaría al joven militar nombrándolo miembro de la Guardia Real, siendo muy posible que, para ese momento, Joaquín hubiera iniciado su relación con la hija del fallecido general, su prima María Dolores Elío Leizaur.

Primera Guerra Carlista (1833-1839)

La trayectoria vital del joven y prometedor militar cambió por completo con la muerte de Fernando VII, puesto que, al igual que haría la mayoría social de Euskal Herria, hizo suyas las tesis que apoyaban a la sucesión al hermano del rey fallecido, el infante Carlos María Isidro. A tal efecto, Joaquín Elío pidió la licencia voluntaria en el ejército, para integrarse en el bando que, a partir de entonces, sería conocido como “carlista”. El general Tomás Zumalacárregui le nombró coronel del 8º Batallón de Navarra, en marzo de 1835, y aquel mismo año participó en los combates de Donamaria, Larrainzar, Etxarri-Aranatz, Arróniz, Bera, Belate, Mendigorría, Guevara (Álava) y Estella. A fines de mayo resultó herido en la segunda batalla de Arlabán, motivo por el que recibiría la Cruz de San Fernando de 1ª Clase. Al año siguiente venció al liberal Sarsfield en Irurtzun, y colaboró en la célebre batalla de Oriamendi, donde los carlistas masacraron a la Legión Británica de Lord Lacy Evans. Fue ascendido a brigadier (el equivalente a general) en abril de 1836, y comandó la expedición sobre Castilla junto al general Zaratiegui, logrando tomar ciudades como Segovia y Valladolid, siendo ascendido a mariscal de campo en septiembre de 1837. Tras el fracaso de dicha expedición fue exonerado de cualquier culpa, y en abril de 1839 fue nombrado comandante general de Navarra, casi ya cuando terminaba la guerra.

Elío no aceptó el denominado Convenio de Bergara, que consideró una traición, pues daba por finalizada la guerra sin conseguir los objetivos carlistas, y decidió seguir luchando en solitario en Navarra. Es en esta época cuando, según el británico George Mitchell, Elío consideró la posibilidad de proclamar la independencia de Navarra. Mitchell era corresponsal del periódico londinense The Morning Herald, y como tal fue testigo presencial de la guerra, conoció a los protagonistas, y escribió en 1840 un libro sobre su experiencia como corresponsal de guerra en el bando carlista. Según el testimonio de Mitchell, al que luego seguirían historiadores como Justo Gárate y otros, para conseguir sus fines Elío decía contar con “doce batallones navarros y la caballería del mismo reino”. A mayor abundamiento, y para disipar cualquier duda al respecto, según el mismo escritor, Elío habría trasladado su intención a otros oficiales navarros, de entre los cuales uno, el capitán Lanz, tuvo que replicarle que él no perseguía la independencia, sino seguir apoyando los derechos de don Carlos al trono español. Tras el Abrazo de Bergara y el final oficial de la guerra, el general pamplonés aún sostuvo la lucha durante un mes, en solitario, pero finalmente tuvo que aceptar la derrota y marchar al exilio.

La guerra de 1872-1876

El periodo de entreguerras fue para Elío un tiempo de militancia y conspiración. Desempeñó misiones diplomáticas en Nápoles, Londres, Suiza y San Petersburgo, y participó en la intentona carlista de San Carlos de la Rápita, donde cayó preso. Fue encarcelado y condenado a muerte, aunque finalmente sería indultado por la reina. De nuevo en la brecha, cuando la guerra finalmente estalló fue ascendido a teniente general por don Carlos, y el veterano militar aún obtuvo importantes victorias en Azpeitia, Lekunberri, Ibero, Allo y Dicastillo. Su mayor triunfo, sin embargo, sería la victoria en la importante y simbólica batalla de Montejurra, donde venció al también navarro general Moriones. Tras esta batalla Elío fue ascendido al grado de capitán general, pero abandonaría la actividad militar poco después, tras el fracaso del sitio de Bilbao. El militar pamplonés continuó aún durante algún tiempo en la élite del poder carlista, desempeñando durante un breve periodo labores de ministro de la Guerra, pero se encontraba ya fatigado, anciano y achacoso. En el mes de marzo fue nombrado I Duque de Elío por don Carlos, y a mediados de 1875, cuando tiene 69 años, sufrió un ataque de parálisis que lo dejó definitivamente imposibilitado. Se retiró en primera instancia a Bergara, pero luego emprendió el camino del exilio, falleciendo en enero de 1876 en la ciudad de Pau, una localidad históricamente muy vinculada al legitimismo y la monarquía navarra.