Una fiesta para celebrar los 60 años del bar Sevilla
Carlos Sarriguren y Susana Garrido, dueños del local de Mendigorria, festejarán las seis décadas de su negocio este sábado 21 de marzo con rancheras y un DJ
El bar Sevilla cumple 60 años y sus dueños, Carlos Sarriguren y Susana Garrido, están tramando una celebración a la altura de toda una vida detrás de la barra. El sábado 21 de marzo -tres días y seis décadas después de que los padres de Carlos lo adquirieran, el 19 de marzo de 1996- la música ranchera se hará con el local durante toda la tarde y, una vez el sol se esconda, llegará el turno de los más jóvenes. “Por la noche vendrá un DJ a poner música para que disfruten los chavales”, explica el dueño del mítico bar de Mendigorria.
El negocio era de sus padres, así que Carlos ha conocido la hostelería desde que nació. “Cuando era pequeño, esto ya era parte de mi vida, no he hecho otra cosa que estar aquí. Yo nací y esto ya estaba funcionando”, cuenta. Se quedó de forma definitiva en el local al volver de la mili y pasó a estar gestionado únicamente por Susana y él cuando se casaron. “Ahora se cumplen 31 años desde que nos encargamos los dos solos de esto”, explica. Estas tres décadas de trabajo codo con codo con su mujer no han hecho mella en su relación. “Estamos todo el día juntos, así que a veces reñimos, pero la verdad es que lo llevamos muy bien”, revela.
A lo largo de sus 60 años de actividad, el bar Sevilla -nombre cuya procedencia se desconoce ya que el padre de Carlos jamás terminó de explicar- ha visto cómo varios negocios cercanos bajaban la persiana. “Antes éramos cuatro o cinco, pero ahora ya solo quedamos dos”, cuenta el hostelero. Es decir, los casi 1.100 habitantes del municipio de Mendigorria solo tienen dos bares entre los que elegir. Por eso, los sábados y domingos, entre las cenas que Susana tiene que preparar y los vecinos que se acercan a disfrutar del fin de semana, “estamos a tope”, dice Carlos.
“La hostelería es lo más esclavo que hay”
El resto de días de la semana son más tranquilos. De hecho, “muchas veces, estamos por estar”, admite. “Algunas tardes estamos viendo la tele. En realidad, casi diría que uno de los dos sobra, pero tienes que estar para los clientes de siempre”, explica. De esta manera, el matrimonio termina dedicando la mayor parte de su tiempo al bar. “La hostelería es lo más esclavo que hay”, critica, “y además, ves cómo todo el mundo disfruta mientras tú trabajas”.
Sin embargo, Carlos reconoce que no sabría con qué quedarse de entre todo lo bueno que ha vivido detrás de la barra de su bar. “Nos perdemos cosas, pero también vemos a la gente disfrutar y el trato es muy cercano con los clientes porque todos somos del mismo pueblo”, cuenta. Aunque todavía calcula que le quedan unos siete años para jubilarse, a la clientela habitual no le gusta pensar en ese momento. “Me dicen que no saben qué harán cuando nos vayamos”, revela.
Sus dos hijos, Imanol y Marina, “ya tienen sus trabajos y, aunque nos ayudan mucho, no quieren seguir con el negocio”. Tampoco considera muy probable que aparezca alguien con interés de comprarlo ya que incluso contratar personal es una tarea difícil. “Ponemos un cartel en busca de algún camarero para los findes, pero no llama nadie. Veo complicado dar continuidad al negocio”, lamenta. De todas formas, ya que todavía queda mucho para eso, lo mejor es centrar la vista en la fiesta del 21 de marzo y celebrar las seis décadas de vida de este bar familiar.