Si Bruno no puede se encarga su mujer Ana. Cuando ninguno de los dos está disponible, la tarea pasa a sus hijos José y Enrique. Sea como sea, desde hace más o menos tres lustros, todas las mañanas los 365 días al año, la familia López Salamero tiene una cita con la subestación meteorológica de Puente la Reina/Gares. Son los guardianes del tiempo de la localidad y atrapan con minuciosidad las temperaturas máximas y mínimas, así como el nivel de lluvias o cualquier incidencia destacada, que apuntan en una libreta. Envían después los datos a la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), que en abril reconoció su trabajo en una subestación con 100 años de historia, desde el 1 de enero de 1925.
La colaboración de Bruno como hombre del tiempo empezó “casi de chiripa”, al cubrir unas vacaciones de Jesús Javier Ugarte, que ejerció esa labor durante 25 años. “Es el conserje de las escuelas. Antes la subestación estaba dentro del recinto de las escuelas municipales, y se cambió hace unos diez años porque andaban mucho los chiquillos, se metían dentro, rompían la red y tocaban los instrumentos... Se movió 50 metros, a una parcela municipal que le llaman la Grana. Ahí tienen ahora la subestación”. Un año o dos después de aquellas vacaciones, José Javier lo dejó. “Me ofrecieron a mí encargarme de la subestación y desde entonces sigo aquí”. Un registro del tiempo que “antes lo solían llevar los religiosos, o bien monjas o curas. Incluso algún militar. Aunque no sé quién lo llevaba antes en Puente la Reina”.
Ubicada a 347 metros de altitud, la de Gares es una subestación manual. “Hay que ir todos los días a mirar. Voy entre las 8 y las 10 de la mañana. Coges las temperatura máxima y mínima, que se quedan registradas en los termómetros de mercurio, y los reseteas para el día siguiente. Si ves que anda mucho aire apuntas en la libreta de dónde ha venido, si es de norte, sur... y para las precipitaciones hay un pluviómetro”. Una vez recogidos los datos, “se los mando con el móvil a la AEMET, que los cuelga casi automáticamente en la web”.
La curiosidad
En Navarra, explica Bruno, hay unas 80 subestaciones. De ellas 27 están automatizadas al 100%, “que te mandan los datos en tiempo real”. En cuanto al resto, “más o menos al 50%” se dividen entre las manuales y automáticas. “Las automáticas creo que entre 10 y 60 segundos van renovando datos”. La de los López Salamero es manual. Y Bruno le ha pillado el gusto a la tarea. “Lo he cogido como una rutina. Seguiré por lo menos hasta que me jubile, y si luego puedo, también. Porque no me quita mucho tiempo. Son cinco minutillos andando desde mi casa hasta la subestación, y medir y pasar los datos en un par de minutos más está hecho”.
Reconoce que “lo peor es que es todos los días. Igual llega Nochevieja, sales por ahí, se te alarga la noche y a la mañana andas un poco torpe para ir... pero también lo haces”, se ríe. Y su afición va más allá de la subestación: “Ya no es solo que vayas todas las mañanas a medir, es que estás pendiente del tiempo. De si hoy a la tarde si llueve; si a la noche sales un rato a bajar a la perrica y ves que hay un poco de aguazón o rocío, si ves que cae algo de granizo... a la mañana siguiente lo apuntas en el cuaderno. Tienes un poco de curiosidad y vas poniendo los datos que te llaman la atención. A mí me llama la atención, me gusta el tema y sigo. Si tienes un poco de intriga, lo vas llevando”, finaliza.