Si la supervivencia del mundo conllevase la instauración de una estructura rígida y controlada que decidiera el destino de cada individuo desde su infancia, ¿merecería la pena? Y ¿qué sucedería con aquellos que quieran salirse del molde? Esta es la cuestión que plantea Irina Parés Ferré, una escritora de 35 años, procedente de Barcelona, pero vecina de Senosiáin, que acaba de publicar su primera novela, Beltzarita, Oxígeno. Se trata de la hija mayor de la que espera que sea una trilogía, cuando complete sus siguientes entregas: Hidrógeno y Combustión.

Esta “novela distópica”, como la describe su autora, sitúa al lector en un futuro donde la humanidad se ha salvado de varias crisis encadenadas –energéticas, sociales y ambientales–”. Sin embargo, como consecuencia, el mundo conocido ha sido sustituido por “una estructura rígida y controlada que decide el destino de cada individuo desde su infancia”. En este contexto, explica, la historia sigue a varios jóvenes cuyas vidas transcurren “en realidades muy distintas, pero conectadas por un mismo sistema” y a través de ello se exploran las consecuencias de que aparezcan grietas en un orden perfecto donde viven personas “que parecen no encajar del todo en él”.

Su primera novela

Escribe desde que tiene uso de razón. “Durante años, he mantenido la escritura como un espacio personal, un hobby que he compaginado con mi desarrollo profesional como terapeuta”, cuenta. Su trayectoria está estrechamente ligada al ámbito de la salud y el conocimiento del cuerpo y de la mente. Su formación en Fisioterapia, Psiconeuroinmunología y otras corrientes de la psicoterapia ha influido en su manera de observar el mundo y construir historias, aunque aún no se había armado de valor para sacarlas a la luz. Por eso, publicar este libro “ha sido una forma de superar ese bloqueo y darle voz a una parte de mí que siempre había permanecido en segundo plano”, dice.

Irina Parés muestra la portada de su primera novela. Iñaki Porto

La novela nace de una necesidad emocional, puesto que para la autora “escribir es una forma de ordenar el caos, de encontrar calma cuando fuera no la hay”. Hace cinco años, comenzó a idear el mundo en el que se desarrolla la historia “a modo de refugio, para tener un lugar donde poder tomar el control cuando la realidad no lo permite”. Permaneció escondida en el silencio hasta que, impulsada por quienes ya la habían leído y conectaban con ella, Irina decidió compartirla.

Ciencia ficción y amor

Este relato juvenil se construye a través de la manera en la que cada uno de los personajes habita ese mundo distópico. A lo largo de la novela de amor y ciencia ficción, se introducen misterios progresivos y pequeñas anomalías que generan tensión y empujan a seguir leyendo. En concreto, la historia gira en torno a dos personajes: Rue, una joven “inteligente, observadora y reservada” que ha aprendido a adaptarse al sistema ocultando partes de sí misma para encajar, y Tiana, fuerte, directa y marcada por una realidad mucho más dura. Ella, además, “vive fuera de los privilegios, lucha por sobrevivir día a día y tiene un carácter combativo y un instinto que la convierten en una de las voces más crudas y lúcidas de la historia”.

Junto a ellos, participan otros personajes que amplían el universo narrativo y aportan nuevas capas de conflicto. Así, describe la autora, “Mike representa la lealtad al orden establecido, y Sam simboliza una forma más pragmática de adaptarse al sistema”. Por otro lado, el príncipe Axel es una figura “destacada dentro de la élite” y que encarna el poder desde una posición “cercana y carismática”. Finalmente, Jazz es un personaje que aporta un componente más disruptivo e imprevisible. 

En lo que se refiere a las ventas, Irina reconoce que no tiene grandes expectativas. “No me considero tanto una escritora, sino una persona que necesita escribir”, dice. Su principal deseo es que la historia conecte, entretenga, emocione y permita al lector desconectar de su realidad para sumergirse en otra, porque a ella, más que las cifras, lo que le ilusiona es saber con qué personajes empatiza la gente, cuáles les remueven o les acompañan. “Esa es, para mí, la verdadera recompensa”, admite. Aun así, las opiniones que ha recibido hasta ahora revelan que se lee con facilidad, de forma ágil y dinámica, sin hacerse pesada. Además, cuenta, “varios se han quedado con ganas de seguir leyendo y preguntan por la continuación”.