Los 22 hórreos de Navarra, uno a uno
El reciente reconocimiento como Patrimonio Cultural Inmaterial refuerza, más allá de su función agrícola, el valor cultural e identitario de estos 22 graneros del noreste de Navarra
No son una seña de identidad para Navarra ni destacan por su abundancia, como sí lo hacen en otras regiones como Asturias. Quizá por eso ha pasado desapercibido que los 22 hórreos navarros han sido considerados recientemente como Patrimonio Cultural Inmaterial de España. Si bien estas construcciones ya estaban protegidas hace décadas como Bienes de Interés Cultural (BIC), el Consejo de Ministros del Estado aprobó en abril un Real Decreto por el que reconocen los hórreos del norte de la Península como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial. “En Navarra, desde 1993 estaban declarados como patrimonio material al máximo nivel de protección. Ahora lo inmaterial viene a completar esa declaración que ya existía”, explica Susana Irigaray, directora del Servicio de Museos del Gobierno de Navarra.
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Forma de vida
Los hórreos, presentes en Galicia, Asturias, León, Cantabria, Navarra y Euskadi, son unas construcciones de madera y piedra levantadas sobre pilares que servían para almacenar el grano, aislándolo de la humedad y de los roedores. En Navarra, también llamados en euskara garaiak, gareiak o gareak, 15 de los 22 ejemplares se concentran en el valle pirenaico de Aezkoa, mientras que los otros 7 se reparten entre los valles de Arce/Artzibar, Zaraitzu, Lóngida, Urraúl Alto y la Valdorba.
Ahora, con esta nueva declaración, estos hórreos navarros vuelven a obtener una protección que ya no se limita a la arquitectura en sí misma, sino a una forma de vida, una organización familiar y una relación con la tierra que ha cambiado, pero que no se ha olvidado del todo. “Además de la materialidad de estas estructuras arquitectónicas tan singulares, lo que se ha protegido ha sido la cultura en torno al hórreo”, apostilla Irigaray.
De hecho, durante siglos, estos hórreos elevados sirvieron para guardar y proteger las cosechas, una función agrícola que hoy ha desaparecido con la transformación del mundo rural. “Evidentemente, la funcionalidad estricta de estos graneros ya no se conserva, pero sí se han mantenido como elementos identitarios del paisaje agrícola y urbano”, continúa.
En la mayoría de los casos, estos hórreos están vinculados a una casa y han funcionado como estructuras auxiliares de la vivienda familiar. “Son arquitecturas subsidiarias de la casa central, como un almacén”, explica Irigaray. Esa relación directa entre vivienda y hórreo refuerza su carácter íntimo, ligado a la vida cotidiana de generaciones que antaño dependían de la agricultura de subsistencia y que, hoy, apenas los emplean como espacios de almacenaje, en algún caso, y, en otros, como museo u hotel.
Aezkoa, patrimonio vivo
Este vínculo estrecho entre hórreo y vida doméstica ayuda a entender su fuerte pervivencia, especialmente en el valle de Aezkoa, donde se conservan 15 de los 22 hórreos de Navarra y donde, a nivel turístico, existe la Ruta de los Hórreos. Según explica el historiador local de Garralda, José Etxegoien, tras el incendio en varios pueblos de Aezkoa a raíz de la Guerra de la Convención de 1794, los registros de pérdidas documentaban 87 hórreos, y tras la primera guerra carlista, un informe de 1840 recogía la quema de otros 20 hórreos. “Estos datos nos hablan que hasta mediados del XIX habría en Aezkoa casi un hórreo cada 2-3 casas. Parece que su decadencia empieza a mediados del siglo XIX y en pueblos como en Aria, en 1968 quedaban 9 hórreos, cuando hoy sólo quedan 4”, relata.
Al menos en este valle, el hórreo se utilizaba principalmente para almacenar grano como cebada, centeno, ordio (un cereal más pobre), además de habas, maíz e incluso patata antes de su expansión en los años 50. Con el tiempo, la economía local se orientó hacia la ganadería y el pastoreo, y el cereal perdió protagonismo, provocando la desaparición de la función original del hórreo, que quedó relegada a meros almacenes auxiliares. Fue a partir de 1968, a raíz de un estudio del maestro etnógrafo ya fallecido Fermín Leizaola sobre los hórreos de Aria, cuando comenzaron a revalorizarse estas edificaciones, y luego ya en 1993, con la declaración como BIC.
El interés de los investigadores, desde Frankowski hasta estudios posteriores de Caro Baroja, Fermín Leizaola y pequeñas publicaciones de Francisco Javier Zubiaur, José Etxegoien o de Eusko Ikaskuntza, unido a la sensibilidad institucional del Gobierno de Navarra en impulsar esta candidatura, han contribuido a que, lejos de ser graneros agrícolas del pasado, se entiendan hoy en día como símbolo identitario de la memoria colectiva y del patrimonio inmaterial y material del noreste rural de Navarra, cuyo legado no debe caer en el olvido, sino mantenerlo bien presente.
Xamar l Aria. De planta irregular y aspecto deteriorado por las reformas sufridas, en la parte superior se guarda el grano y trastos, y en la inferior, herramientas y útiles.
Portalena l Hiriberri. Conserva una inscripción de 1652 en el dintel y el hórreo está parcialmente oculto por dos pequeños cobertizos adosados a sus lados.
Larrañeta l Orbaizeta. Unido a una borda adosada construida posteriormente, este hórreo tiene un acceso actual por la parte trasera tras la desaparición de la escalera original.
De juan l Ekai Lóngida. Situado en el patio cerrado de la casa Juan de Ecay, podría estar vinculado a los hórreos de diezmo relacionados con la antigua Clavería de Orreaga-Roncesvalles.
De Santa Fe l Santa Fé Éparoz. Del siglo XV, con 12 postes de piedra, guardaba las pechas del monasterio de Santa Fe y es uno de los mejor conservados y más destacados.
Apat l Aria. De aspecto casi intacto, conserva 8 postes y parte de su fachada de sillería enlucida con cal, con la puerta en arco de medio punto fechada en 1566 .
Etxeberri l Aria. Conserva sus 8 postes sobre un muro que salva el desnivel y mantiene su uso tradicional, con el grano arriba, utensilios en el sobrepiso y estiércol abajo.
Jauki zaharra l Hiriberri. Habiendo sido reedificado en el año 1822 por Joaquín Domench, es el único hórreo de los 4 de la localidad que tiene una portada enmarcada en piedra.
Primorena l Orbaizeta. Separado de la casa y situado entre 2 estrechas calles, presenta un corte en un lateral para ampliar el paso y está vinculado a una vivienda reedificada en 1869.
De Erdozáin l Erdozáin. Construido sobre arcos de mampostería, fue rehabilitado hace pocos años dentro del patio del Palacio de Cabo de Armería, hoy en ruinas.
Elizondo l Hiriberri. De piedra, planta rectangular, a dos aguas y con escaleras exteriores, se ubica junto a la iglesia y hay documentada una fotografía del año 1974 del archivo de Príncipe de Viana.
Jabat l Orbara. Este hórreo se apoyaba tradicionalmente en ocho postes, pero hoy en día conserva únicamente seis. Se conoce que tenía un balconcillo en la fachada de acceso.
Gardorena l Lusarreta. Único ejemplar conservado en el valle de Arce y uno de los más singulares, con estructura sobre arcos de piedra de origen medieval.
Xauri l Aria. Muy transformado y ampliado como almacén, es el mayor de Aria y el 2º del valle en su forma original y conserva intacto el piso del balcón frontal.
Reka l Hiriberri. Restaurado en 1995, tiene la cubierta más empinada y su planta inferior es usada como trastero, aunque la cámara mantiene su función de granero.
Etxegarai l Orbaizeta. Restaurado por Príncipe de Viana en el año 1991, se apoya sobre ocho pilares y conserva en su parte delantera restos de un antiguo balconcillo de madera.
Domentx l Aribe. Situado junto al río, en el centro del pueblo, es el hórreo más grande del valle y, aunque ha sido muy transformado, conserva elementos que recuerdan su función original.
Estoki l Zabalza. Reconvertido en un museo familiar etnográfico, se sitúa en el patio de una casa familiar y es uno de los 2 conservados del valle de Urraúl Alto.
De Iratxeta l Iratxeta. El más antiguo de Navarra, de origen medieval y de piedra, con alto valor histórico, protegido desde 1966 y vinculado al Monasterio de Irache.
Ballaz l Izal. Único conservado en el Valle de Salazar, en un patio separado por un muro de mampostería, con tejado de menor pendiente y muros revocados.
Masamigel l Garralda. Conserva los compartimentos en el lateral izquierdo de la cámara. Antes tenía adosado un horno de pan en la pared derecha. Ahora se usa como desván y gallinero.
Maisterra l Garaioa. Bien conservado, es el único del valle que apoya las vigas transversales del bastidor sobre las longitudinales. Conserva el balcón original de entrada y un arcón de tabla dentro.