Jesús Goñi recibe el primer Laia Saria por mantener viva la cultura vasca en Estados Unidos
El bertsolari de Ornoz-Mugairi fue homenajeado en Altsasu durante la clausura de un simposio internacional sobre la diáspora vasca organizado por Laia Ikerketa Taldea
Jesús Goñi Telletxea (Oronoz-Mugairi, 1947) recibió el sábado en Altsasu el primer Laia Saria, el premio con el que se clausuró el simposio internacional Voces de la diáspora / Diaspoaren ahotsak sobre la emigración vasco-navarra a las Américas entre los siglos XIX y XX que se ha llevado este fin de semana en el Centro Cultural Iortia. Laia Ikerketa Taldea quiso reconocer a este bertsolari por su contribución a mantener viva y difundir la cultura vasca y el euskera a miles de kilómetros.
Aunque su afición por el bertsolarismo le venía de niño, fue en Estados Unidos donde la desarrolló, sobre todo junto con Jesús Arriada, Martín Goikoetxea y Johnny Curutchet, un grupo que durante cuatro décadas llevó la cultura vasca a momentos festivos y también a despedidas. Esta faceta les llevó a recibir en 2003 la distinción National Heritage Fellowship, el máximo reconocimiento de Estados Unidos a las artes tradicionales, otorgado por la National Endowment for the Arts. También cantaron bertsos en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York.
El sueño americano hecho realidad
“Para mí América ha sido grande”, afirmaba Goñi después de recibir el galardón. Salió de Barbeneko borda, el caserío familiar con 17 años. “Era una vida muy dura y no había dinero. Todo el mundo iba para América y me animé. Tenía un primo que estaba allá”, recordó Jesús Goñi. En un principio estuvo en Arizona, donde trabajo seis años como pastor de ovejas y otros cinco de mayordomo, es decir, de encargado de la compañía. Más tarde se trasladó a Idaho, donde pasó a dedicarse a ganado bovino, con su caballo y su lazo para prender a las reses, un vaquero como en las películas. En la década de los 80 se instaló en Reno, Nevada, para trabajar en la construcción. “Se ganaba buena plata como se dice allá”, apuntó. Permaneció allí durante 27 años, hasta jubilarse a los 57.
Lejos de acomodarse, inició una nueva etapa. “Compré una caravana y anduve por todo Estados Unidos pescando durante 10 años”, recuerda. Después emprendió otro viaje, también sin prisa, en esta ocasión con su mejor amigo. “A los dos años se murió. Mi hermana me decía que porque no volvía y decidió vender la casa y todo lo que tenía”.
Regresó el año pasado pero la vuelta no está siendo fácil. “Veo que las cosas aquí no han cambiado tanto. Los salarios están muy bajos. Son una miseria para los precios que tiene todo. También echo en falta a muchos amigos. Voy por el pueblo y no conozco a nadie”, lamentaba. De su etapa en América guarda buenos recuerdos. “Escucho por ahí muchas historias pero la gente exagera. Algunos dicen que estaban un mes sin ver a nadie. Yo siempre estuve en pareja. Bajábamos en octubre al pueblo a la alfalfa y allí nos juntábamos en el rancho 30 personas. Así hasta abril”.
Un foro para rescatar la memoria migratoria
A lo largo del viernes y el sábado, el encuentro reunió en Altsasu a investigadores, agentes culturales, descendientes de emigrantes y personas interesadas en la memoria migratoria de Euskal Herria. Y es que miles de hombres y mujeres partieron desde valles y pueblos de Navarra hacia Estados Unidos, principalmente a Idaho, Nevada o California, durante la segunda mitad del siglo XX, un fenómeno social de gran relevancia que, sin embargo, sigue siendo poco conocido por buena parte de la sociedad..
El simposio abordó cuestiones relacionadas con la emigración, la identidad, la memoria oral, la lengua, la vida comunitaria y la transmisión cultural en contextos de diáspora. El programa incluía conferencias a cargo de investigadores y especialistas de referencia en la materia, una mesa redonda, presentaciones de investigaciones desarrolladas por miembros de Laia. Asimismo, hubo un concierto de Enrike Zelaia.
Asier Barandiaran, presidente de Laia, destacó la calidad de las ponencias y que el foro había sido productivo, con vocación de continuidad. “Nos hemos puesto en contacto personas que investigamos lo mismo desde diferentes ámbitos. Hemos aprendido todos y todas. La valoración es positiva. Vemos que hay cosas que tenemos que mejorar y nos gustaría llegar a más público. Pero somos conscientes que es una apuesta a medio y largo plazo”. Cómo no podía ser de otra manera, el simposio finalizó con una bertso bazkaria animada por los bertsolaris Sustrai Colina y Joanes Illarregi.