Cuando se cumple un año de los altercados registrados en torno al COA Marcilla, uno de los episodios de mayor tensión en la localidad, la asociación Miscelánea Pro, una entidad impulsada recientemente por Mikel Basarte y Jon Martínez, organizó una mesa de diálogo y convivencia con el objetivo de analizar lo ocurrido, escuchar testimonios diversos y abrir un espacio de reflexión sobre cómo avanzar hacia una mejor convivencia en el municipio.

El encuentro arrancó con una introducción en la que recordaron que el COA abrió sus puertas en 2019 con unas 40 plazas para menores migrantes no acompañados, despertando desde el principio opiniones contrapuestas. La situación, recordaron, cambió a comienzos de 2025, cuando el incremento de la presión migratoria llevó al centro a albergar durante meses más del doble de su capacidad prevista. Aquella sobreocupación afectó tanto al funcionamiento interno del recurso como a la convivencia con el vecindario y desembocó en graves incidentes, especialmente los del 12 de junio, que dieron lugar a una de las mayores movilizaciones vecinales que se recuerdan en el municipio.

Lejos de pretender reabrir el conflicto, la organización planteó el acto como un ejercicio de memoria y escucha. El propósito era “ofrecer una mirada más amplia sobre unos hechos complejos, dando voz a personas que los vivieron desde posiciones muy diferentes”.

La mesa de diálogo

El primero en tomar la palabra fue Raouad, residente del COA en el año 2022. El joven relató el camino que le llevó desde Tetuán hasta Europa con la intención de mejorar las condiciones de vida de su familia, de la que es el mayor de seis hermanos. Aunque no vivió los sucesos del pasado año, explicó que durante su estancia nunca tuvo problemas de convivencia en Marcilla y defendió que el comportamiento depende de la educación y los valores de cada persona, recordando que el colectivo de menores migrantes es muy diverso y que la mayoría únicamente busca construir un futuro.

A continuación intervino Sandra Catalán, una de las personas que participó en la organización del movimiento vecinal. Habló de los primeros pasos y defendió las reivindicaciones, así como de los esfuerzos realizados para que las movilizaciones se desarrollaran de manera pacífica. Su papel fue fundamental en el desarrollo de los hechos y se lo reconocieron con un agradecimiento.

Después fue el turno de Miguel Morillas, vecino próximo al centro, que relató las consecuencias que la situación tuvo en el día a día del entorno del COA. Reconoció que sufrió directamente algunos episodios, como pequeños robos, y expresó su opinión de que los menores donde mejor están es junto a sus familias. No obstante, centró buena parte de su reflexión en la gestión del centro, señalando que, a su juicio, determinadas dinámicas educativas y organizativas dificultan mantener un clima adecuado de convivencia y de trabajo con los menores.

La visión desde el interior del recurso llegó de la mano de Azucena Zabaleta, exmonitora del COA, que mostró el miedo con el que vivió aquellos días. Subrayó la complejidad del fenómeno migratorio y consideró que tanto las instituciones como la sociedad todavía están aprendiendo a afrontar una realidad de gran magnitud. Además explicó las dificultades para encontrar profesionales dispuestos a trabajar en este tipo de espacios.

También habló Javier Menéndez, testigo de los hechos del 12 de junio, que explicó su vivencia; en una plaza repleta de gente hubo un altercado inicial tras el que, de inmediato, se llamó a la policía. Seguidamente, hubo un ataque organizado que varias personas intentaron repeler como pudieron en actitud de autodefensa. Su testimonio sirvió para denunciar que se utilizase a seis personas como “cabezas de turco” por unos hechos en los que estuvo implicada muchísima más gente.

Cerró Virginia Merino, trabajadora del servicio de restauración del COA y vecina de Marcilla, quien describió la dificultad de vivir el conflicto desde ambos lados del muro. Explicó que comprendía plenamente el malestar existente en la localidad y afirmó sentirse siempre al lado Marcilla. De igual modo recordó que muchos de los menores no participaron en los altercados y vivieron aquellos días con terror. Su intervención incidió en la necesidad de mantener una mirada humana hacia todas las personas implicadas sin dejar de reconocer los problemas que se produjeron.

Valoraciones finales

El coloquio se completó con numerosas intervenciones del público, en las que se abordaron cuestiones como la gestión del centro, la relación con el vecindario, la integración, la responsabilidad individual de los menores o el fenómeno migratorio en un sentido más amplio. También se reflexionó sobre la importancia de evitar generalizaciones y sobre la necesidad de distinguir entre conductas individuales y colectivos enteros. Uno de los aspectos más destacados del encuentro fue el tono con el que transcurrió el debate. Varias personas reconocieron que durante los momentos de mayor tensión se pronunciaron afirmaciones fruto del impacto emocional de aquellos días y hubo incluso espacio para pedir disculpas por determinadas actitudes o palabras.

Para Miscelánea Pro, la iniciativa fue “positiva” y consideran que, sin ofrecer respuestas definitivas a un problema complejo en el que aún queda mucho por hacer, el encuentro permitió abrir un espacio de reflexión compartida sobre uno de los episodios más delicados vividos recientemente en Marcilla para, desde el diálogo, contribuir a que una situación similar no vuelva a repetirse.