Navarra tiene un plan contra la despoblación: los pueblos con mayor riesgo
Mientras la Comarca de Pamplona y la Ribera de Navarra ganan población, otros muchos valles siguen vaciándose: estos son los datos municipio por municipio durante el siglo XXI y en los últimos cuatro años
Navarra vive una profunda paradoja demográfica. Mientras la Comunidad Foral en su conjunto no ha dejado de ganar habitantes a lo largo del siglo XXI —con un aumento poblacional superior al 27 % en las últimas tres décadas—, el medio rural navarro se desangra lenta pero inexorablemente. Hoy, la crisis demográfica no es una amenaza lejana, sino una realidad palpable: 174 de los 272 municipios navarros se encuentran en riesgo de despoblación. Casi dos tercios del territorio foral libran una batalla diaria por su supervivencia, en claro contraste con la fuerza de atracción de Pamplona y su Comarca, convertida en un imán metropolitano que ha sumado más de 80.000 nuevos vecinos en los últimos veinte años.
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Este fenómeno, sin embargo, no es nuevo, sino la herencia de un éxodo rural que hundió sus raíces de forma drástica en las décadas de los 50 y 60 del siglo pasado. En aquel entonces, la rápida industrialización del tejido productivo y la búsqueda de nuevas oportunidades laborales y servicios básicos impulsaron a miles de navarros a abandonar el campo para instalarse en las urbes. El régimen agropecuario y forestal pirenaico, que había sostenido la frágil economía tradicional de la Montaña durante siglos, comenzó a desmoronarse al verse obligado a competir en las lógicas del mercado moderno. Desde entonces, el goteo de salidas de las zonas rurales ha sido una constante histórica.
Sin embargo, si ponemos el foco en las dos últimas décadas, los datos oficiales revelan la crudeza del estancamiento y la insuficiencia de las políticas de cohesión territorial aplicadas hasta la fecha. Durante los últimos 20 años, más de la mitad de los ayuntamientos navarros ha seguido perdiendo población. El balance territorial es sobrecogedor: 55 localidades han perdido al menos una cuarta parte de su vecindario y más de un centenar han visto mermado su padrón en más de un 10 %.
De hecho, Navarra cuenta en la actualidad con 76 municipios en riesgo "extremo" de despoblación; es decir, uno de cada cuatro pueblos de la geografía foral. Los criterios fijados por los Fondos Europeos (FEDER) son implacables en su diagnóstico: se considera zona despoblada aquella con una densidad inferior a 12,5 habitantes por kilómetro cuadrado, una barrera bajo la cual ya han caído amplias áreas de nuestra comunidad.
El mapa de la vulnerabilidad navarra tiene nombres y fronteras muy definidas, situando la "zona cero" del declive demográfico en el Pirineo, el Prepirineo, la comarca de Sangüesa y extensas zonas de Tierra Estella. El caso de los valles orientales es, sin duda, el más crítico. En los últimos 20 años, el Pirineo ha perdido un 23,1 % de su población, mientras que la comarca de Sangüesa ha visto caer sus habitantes en un 6,3 %, unas tendencias negativas que se han mantenido a la baja durante el último lustro.
En el Prepirineo, la densidad apenas supera los 8 habitantes por kilómetro cuadrado, situándose en umbrales que Europa califica de extrema gravedad. El Indicador Multidimensional de Despoblación, elaborado por el Gobierno de Navarra, señala a las 15 localidades más vulnerables del territorio en este momento: Leache, Azuelo, Petilla de Aragón, Orbara, Goñi, Castillonuevo, Aguilar de Codés, Desojo, Navascués, Marañón, Genevilla, Sorlada, Lerga, Etayo y Armañanzas.
Invierno demográfico
A la pérdida neta de vecinos hay que sumarle otro factor determinante que agrava el riesgo de desaparición a corto y medio plazo: el crudo invierno demográfico. La pirámide de población de estas comarcas está completamente invertida. El territorio pierde a gran velocidad lo que los sociólogos denominan "población soporte", aquella en edad de trabajar que resulta vital para sostener la estructura socioeconómica local.
En zonas territoriales como la Sierra de Codés o en determinados puntos de la Zona Media, una de cada cuatro personas supera ya la barrera de los 65 años. El escenario es todavía más extremo en el noreste de la comunidad, donde uno de cada tres vecinos jubilados tiene ya más de 80 años. En el Pirineo, residen muchas más personas por encima de los 70 años que jóvenes menores de 30, lo que está provocando problemas estructurales graves como la falta de relevo generacional en sectores productivos clave como la ganadería y el sector agroalimentario primario.