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Hasta siempre, Jon Fuentes

Hasta siempre, Jon FuentesCedida

Todavía me cuesta asimilar que el pasado 29 de abril te marchaste, dejándonos un vacío tan profundo como esas cuevas que tanto te gustaba explorar. Te escribo estas líneas porque necesito decirte adiós, aunque sé que, en realidad, nunca te irás del todo mientras sigamos recordando tu mirada, siempre atenta a través del visor de tu cámara.

Fuiste un fotógrafo excepcional, capaz de detener el tiempo y de enseñarnos la belleza en los detalles que los demás pasábamos por alto. Pero, por encima de todo, fuiste un espeleólogo del alma: alguien que no temía a la oscuridad, que buscaba siempre la verdad en las profundidades y que nos demostró que, incluso en los lugares más recónditos, siempre hay una veta de luz si se sabe buscar.

Sin embargo, tu mejor obra no fue una fotografía, ni tu mayor logro fue alcanzar la sima más profunda. Tu mayor legado es la familia que construiste. Sé cuánto amabas a Cristina; fuiste para ella el mejor compañero de vida, ese apoyo incondicional que caminó a su lado en cada paso. Y qué decir de Nerea e Idoia... eras un padre extraordinario. En ellas vive tu curiosidad, tu nobleza y esa fuerza que te caracterizaba.

Nos dejas un archivo lleno de imágenes, pero también el corazón lleno de momentos. Gracias por tu generosidad, por tu calma y por enseñarnos a mirar el mundo con otros ojos.

Descansa en paz, amigo. Que allá donde estés, la luz sea perfecta para tu próxima toma y el camino sea siempre fascinante.

Te echaremos de menos.

Con todo mi cariño, tu amigo.