Estimado señor López: sirvan estas líneas para hacer acuse de recibo de la amable invitación que me ha cursado con fecha veintiuno de los corrientes para participar en la Recepción a los representantes de la Sociedad Vasca (las mayúsculas son suyas) que ofrecerá el próximo miércoles en la sede de Lehendakaritza en la ciudad de Vitoria-Gasteiz. Lamento comunicarle que me asaltan muchas dudas sobre la asistencia a la citada recepción por los motivos que paso a exponerle a continuación.
Sorpresa
Permítame, señor López, que manifieste en primer lugar mi sorpresa por haber sido seleccionado para tan distinguido acto. No sé exactamente con qué criterio ha considerado usted que yo pueda ser representante de la sociedad que merezca tan alto honor, habida cuenta de que se trata de una invitación nominal y personalizada.
Si se trata de que no han sido actualizados aún los listados heredados del anterior inquilino de Ajuria Enea, le pido que lea de forma benevolente las líneas que siguen. De lo contrario, aventuro que la invitación tiene que ver con mi tarea profesional al frente del programa Euskadi Hoy en Onda Vasca.
Como bien sabrá, periódicamente nos ponemos en contacto con su servicio de prensa para solicitar una entrevista. Lo hicimos también, con el mismo tesón, cuando usted eligió la Cadena SER para dar su primera entrevista desde que accedió al poder. Entonces, perdón por este ejercicio de nostalgia, conducía el espacio Boulevard de Radio Euskadi, que además de emitirse en la radio pública era el programa más escuchado de la radiodifusión vasca. Haciendo un ejercicio de benevolencia, pensé que se trató de una casualidad que mi forzada salida de Radio Euskadi coincidió con la primera entrevista que usted concedió a este medio.
Ya ve, señor López, que por una cosa u otra ha sido imposible que usted haya atendido a nuestros persistentes requerimientos profesionales desde que llegó a Ajuria Enea. Ni antes en Radio Euskadi, ni ahora en Onda Vasca. Por eso, no reconozco en este lehendakari a aquel candidato que solícito acudía con regularidad a los estudios, se ponía delante de un micrófono y jamás eludió las preguntas de este periodista que hoy le escribe.
Fiesta
Me consta, porque así me lo han manifestado quienes regularmente aceptan sus invitaciones, que estas recepciones son muy animadas, los corrillos sirven para establecer interesantes contactos con vistas a réditos futuros y que tanto en los canapés como en las bebidas va pareja la calidad y la cantidad.
Pero entenderá, señor López, que me lo piense ante tan atractiva oferta porque advierto cierta contradicción entre que usted me considere un representante de la sociedad vasca pero no conceda una entrevista al medio, ni al grupo, en el que trabajo.
Coincidirá conmigo en que si buscamos el loable objetivo de que la ciudadanía tenga cierto respeto por la clase política, deberíamos desterrar comportamientos hipócritas como el que resultaría de lo siguiente: usted no deja que le preguntemos pero nos invita a jamón y cava.
Ya sé que tiene usted un numeroso grupo de asesores que buscan mejorar su imagen y lo hacen con dedicada profesionalidad. No obstante, a la vista de los resultados de los últimos sondeos conocidos esta semana, Sociómetro y Euskobarómetro, tendrá que admitir que lo hacen con más voluntad que acierto. Por eso me permito recomendarle un pequeño gesto. Pequeño para usted, pero grande para los 88.000 oyentes de Onda Vasca que se ven privados de que pueda explicarles su acción de Gobierno en una entrevista. Señor López, créame, lo que menos importa es quién entrevista. Lo importante es que usted tenga algo interesante que decir.
No sé si habrá caído en la cuenta de que cuanto más tiempo pasa sin que usted atienda a nuestras peticiones, más complicado se le está volviendo aceptarlas. Se trata de una espiral que bien conocen los asesores de imagen, que deprisa y corriendo tratan de corregir una inercia que lleva a enquistar las relaciones.
Le pondré un ejemplo que quizás le suene. José María Aznar estuvo varios años en La Moncloa y se negó a ser entrevistado por Iñaki Gabilondo. No me compararé yo, ni mucho menos, con el maestro donostiarra por el que profeso algo más que admiración profesional, pero piense usted si no se está comportando como lo hizo el señor Aznar con el veto a periodistas o medios que no le eran afectos.
Reciba un cordial saludo, con mi reiteración para que acceda a una entrevista y con el deseo de que 2011 le traiga lo mejor a usted y a los suyos.