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"Caso Urbiola": responsabilidades por depurar

A expensas de la confirmación definitiva de que el cadáver hallado es el de María Ángeles Germán y de que murió en un accidente de tráfico, la desafortunada investigación de la Policía Foral no debe quedarse en vacuas justificaciones dialécticas

a falta de los resultados que arroje el cotejo de ADN y de huellas en el cadáver que en la tarde del martes se encontró en el interior del vehículo de la desaparecida María Ángeles Germán, la más que probable resolución de este caso como un siniestro de tráfico supone en cierto sentido un alivio para los allegados de la finada y los habitantes de la zona, pues aunque el dolor por el fallecimiento no entienda de graduaciones no es lo mismo una muerte por accidente que por asesinato. Más allá de esta constatación, y de que el hallazgo del cuerpo va a permitir al fin pasar página a los más concernidos por esta desaparición, que la investigación concluya seis meses después de esta manera cuestiona las pesquisas y en consecuencia a quien las asumió, la Policía Foral con el consejero Caballero como lógico destinatario de todas las críticas. No sólo porque a la postre fueran cuatro operarios de una empresa privada los que dieron el aviso cuando las averiguaciones agonizaban ante la palmaria falta de avances, sino porque el coche se encontraba junto a la carretera que une Urbiola con Los Arcos -trayecto que ya reveló el veterinario al que la mujer llevaba su perro-, tratándose además de un punto negro de accidentabilidad vial. Un hecho que evidentemente soslayaron los investigadores al priorizar otros indicios de forma tan errónea que se llegó a detener a un matrimonio de Barbarin. Por lo demás, las explicaciones de ayer del departamento de Interior no son de recibo, puesto que no cabe justificarse asegurando que ya se rastreó la zona apuntando al jefe del Área de Investigación Criminal, como tampoco escudarse en que por allí también buscaron los vecinos y la familia en un vano intento de repartir culpas. En suma, que, además de que la versión de Interior para defender una investigación a todas luces funesta resulta claramente insuficiente, los contribuyentes navarros merecerían la asunción de alguna responsabilidad política ante el menoscabo de la imagen de la Policía Foral, muy severo en estas últimas horas por el enorme eco mediático de este caso. Un quebranto que también cabe atribuir al diseño policial del propio Gobierno de UPN, que ha antepuesto los criterios partidistas tanto en la categorización de los operativos como en el desarrollo funcional y territorial de un Cuerpo que ya sobrepasa los mil efectivos.